Fieles a los productos de temporada, los españoles se decantan por la sandía y el melón en junio, las fresas en febrero y los limones en octubre. Además, productos como el kiwi, el aguacate y el mango han pasado de ser considerados exóticos hasta convertirse en habituales en el menú semanal de los consumidores. Así lo ha defendido el gerente de Fru&Ver, Iván Carrasco, desde el Mercado Central de Frutas de Mercamadrid, en los puestos de la empresa. Se trata de una nueva entrega de la serie "Que no te cuenten cuentos", una campaña en colaboración con la Asociación de Empresarios Mayoristas del Mercado Central de Frutas de Madrid, Asomafrut.
La fruta siempre de temporada
A juicio del gerente, los gustos y las preferencias de los españoles varían dependiendo del momento del año. Los consumidores tienden a hacer un consumo estacional y siempre optan por el producto en su mejor momento. "En verano nos suele apetecer más un melón o una sandía, algo fresco", ha ejemplificado Carrasco, quien también señala que el consumidor español prefiere frutas y hortalizas frescas y de proximidad.
Este patrón estacional no solo es reflejo del clima, sino también de la cultura alimentaria del país. Por ejemplo, en septiembre, las uvas y las manzanas comienzan a destacar en las compras, mientras que en invierno, las naranjas y los cítricos ganan protagonismo. Este enfoque permite una alimentación más saludable y sostenible, apoyando la producción local.
Las exóticas pasan a ser habituales
Hasta hace unos años, muchas frutas exóticas tenían una presencia limitada en los hogares y supermercados españoles. Sin embargo, Iván Carrasco ha enfatizado que la situación está cambiando drásticamente. “Estos productos son ya parte de la cesta de la compra”, comenta el gerente. La pitaya, el caqui y el mango se pueden encontrar fácilmente en las fruterías, lo que resalta un cambio notable en las preferencias de los consumidores.
Según el informe del Consumo Alimentario en los Hogares Españoles en 2023, las frutas exóticas, como el plátano, el kiwi, el aguacate, la chirimoya y la piña, son los tipos de fruta fresca que más se compran, representando casi un cuarto del volumen del mercado (23,9 %) y generando más de 1 de cada 4 euros en la categoría (26,5 %). Este creciente interés evidencia que, mientras que el consumo de frutas y hortalizas en general ha mostrado un descenso, las frutas exóticas han visto un considerable aumento, registrando incrementos tanto en volumen como en valor del 8,8 % y del 4,3 %, respectivamente.
Las fruterías no solo han visto un aumento en las ventas, sino también en la superficie dedicada a cultivos de estas variedades. Carrasco explica que esto ha llevado a una mejora de las propias frutas, que ahora presentan "mejor sabor". La popularidad del aguacate, a menudo etiquetado como "superalimento," es un claro ejemplo de esta aceptación que ha logrado consolidarse en la dieta española.
El auge de la fruta en la dieta española
La tendencia de los consumidores por incluir frutas exóticas en su alimentación diaria es notable y provoca un cuestionamiento sobre el futuro del mercado alimentario en España. Este cambio facilita la introducción de nuevos sabores y texturas en la cocina tradicional, enriqueciendo las posibilidades culinarias.
El hecho de que estos nuevos productos sean accesibles no solo en tiendas especializadas, sino también en supermercados y mercados locales, impulsa a los españoles a probar y experimentar con estos alimentos. Además, la presencia constante de expertos como Carrasco refleja un compromiso constante por educar a los consumidores sobre el valor nutricional de cada tipo de fruta.
El panorama de la agricultura también está evolucionando junto con esta demanda del mercado. Esta adaptación a los gustos modernos y las exigencias de calidad promete un futuro brillante para productores y consumidores por igual, al fomentar productos frescos y de temporada. Mientras tanto, el consumidor español sigue disfrutando de una amplia variedad de frutas, que van desde los clásicos hasta los recién llegados, todo un testimonio de la diversidad y riqueza gastronómica del país.
Todo esto nos invita a preguntarnos cómo seguir fomentando esta evolución hacia una dieta más diversa y saludable, apoyando al mismo tiempo la sostenibilidad en la agricultura.
