Un mes después de la controvertida exclusión del lobo del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre), las comunidades autónomas de Cantabria y Asturias se han adelantado con tácticas de control. Ambas regiones han marcado la pauta con la aprobación de cuotas específicas de caza, generando un acalorado debate entre distintos sectores de la sociedad.
Aprobación de la exclusión del lobo del Lespre
El 20 de marzo, se dio un paso monumental en la regulación de la presencia del lobo en España, al aprobarse en el Congreso una enmienda del Partido Popular, respaldada por Vox, Junts y PNV, que excluyó al lobo del Lespre. Este cambio legislativo afecta principalmente a las poblaciones situadas al norte del río Duero, donde el impacto ha comenzado a ser palpable. La Ley entró en vigor el 2 de abril, teniendo una recepción mixta: mientras ganaderos aplaudían la medida, las asociaciones ecologistas denunciaban el revés en la protección del animal.
La ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, se mostró alarmada ante esta decisión, considerándola "precipitada e irresponsable". En palabras de Aagesen, la falta de un censo actualizado del lobo en España despierta inquietudes sobre la sostenibilidad de la especie.
Cuotas de caza en Cantabria y Asturias
En la práctica, las autoridades de Cantabria y Asturias no se han hecho esperar. En Cantabria, se han establecido cuotas que permiten la caza de 41 lobos, y en Asturias se autorizará la extracción de 53 lobos hasta marzo de 2026. La administración cántabra, bajo el liderazgo de María José Sáenz de Buruaga, anunció su intención de "ir a máximos" en este control, aplicando un cupo de extracción del 20%. Días después de la publicación de la Ley en el BOE, el gobierno cántabro emitió un Boletín extraordinario asignando estas cuotas.
En Asturias, el Ejecutivo regional prevé firmar en breve la resolución que permitirá iniciar las capturas, empezando por las áreas más afectadas por los ataques de lobos al ganado. De este modo, ambas regiones proyectan una estrategia clara para hacer frente a la problemática que representa el lobo para el sector ganadero.
Reacciones diversas ante la caza del lobo
El escenario no ha estado exento de tensiones. Grupos ecologistas han alzado la voz en contra de esta nueva legislación. Con iniciativas que abarcan desde recursos legales hasta apelaciones al Defensor del Pueblo y la Comisión Europea, organizaciones como Ecologistas en Acción y WWF han calificado la medida como un "retroceso histórico". Estas protestas encontraron eco en manifestaciones celebradas el pasado 6 de abril en diversas ciudades, donde se escuchó el lema "Matar lobos no es la solución".
A la par, organizaciones agrarias como COAG y Asaja han expresado su satisfacción, citando un incremento del 40% en los ataques de lobos al ganado desde que se incluyó al lobo en el Lespre en 2022. Para estos grupos, la nueva regulación es un paso necesario en la búsqueda de un equilibrio entre la protección de la especie y la preservación de la actividad ganadera.
Iniciativas en otras comunidades autónomas
No solo Cantabria y Asturias han tomado medidas. Galicia ha reanudado el control del lobo, considerando la especie como cinegética en casos "muy concretos de daños recurrentes". Con esta modificación a su orden anual de vedas, se permitirá la caza del lobo en casi todos los meses del año, exceptuando abril, mayo y junio.
En Castilla y León, la respuesta ha sido menos complaciente. La Junta ha manifestado que las actuales medidas no son suficientes, proponiendo la expansión del control a la población del sur del Duero. Los líderes regionales han dejado claro que "no pararemos aquí", prometiendo desarrollar un enfoque más exhaustivo hacia el control del lobo.
Además, las organizaciones de conservación han interpuesto recursos legales. La Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo (Ascel) ha llevado sus denuncias ante el gobierno cántabro, incluso denunciando al director general de biodiversidad de la región por presunta prevaricación.
Las decisiones que están tomando las comunidades autónomas respecto al lobo y la reacción de distintos colectivos nos invitan a reflexionar sobre la complejidad del conflicto entre la conservación de especies y la necesidad de proteger la ganadería. ¿Cuál será el desenlace de esta situación tan polarizada? ¿Se podrá encontrar un camino que equilibre ambas necesidades? Este es un debate que parece recién comenzar.
