La desertificación avanza en España, impulsada por la sobreexplotación de los recursos hídricos y los efectos adversos del cambio climático. Este fenómeno no solo afecta a las tierras áridas, sino que también abarca un vasto territorio que golpea la biodiversidad y la economía agrícola.
Impacto de la desertificación en el territorio español
Se estima que aproximadamente un 20 % del territorio español y mundial está desertificado, según los estudios sobre la degradación del suelo. Sin embargo, esta cifra podría ser aún más preocupante, dado que numerosos humedales y aguas subterráneas en España están degradados, contribuyendo al lento pero constante proceso de desertificación. Curiosamente, estas zonas de riesgo abarcan el 74 % del país, y el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO) ha señalado un aumento en su tamaño en las últimas décadas debido al cambio climático.
Este escenario plantea una clara pregunta: ¿qué se está haciendo para revertir esta alarmante tendencia? Las condiciones meteorológicas, como el aumento de la temperatura y la evapotranspiración, están generando sequías que agravan el problema. Además, el 80,5 % de la demanda de agua en España se destina a la agricultura, en su mayoría al regadío. Durante el periodo de 2010 a 2019, la superficie dedicada a esta actividad creció un 14 %, intensificando la presión sobre cuencas como las del Segura, Júcar o Guadalquivir.
Causas profundas y desafíos a enfrentar
Una de las principales causas de la desertificación radica en la sobreexplotación de recursos hídricos, donde el uso excesivo del agua supera la capacidad de regeneración natural de los ecosistemas. Jaime Martínez Valderrama, experto en el tema, indica que esta situación está íntimamente ligada al auge de la agricultura de regadío en el país. Por su parte, Greenpeace también resalta que el 70 % de las demarcaciones hidrográficas en España presenta un alto o severo estrés hídrico, y se estima que existen más de un millón de pozos ilegales que complican aún más el panorama.
Por tanto, el reto se vuelve doble: no solo se trata de gestionar el agua de manera eficiente, sino también de detener acciones que llevan a la degradación de nuestras tierras. ¿Estamos siendo lo suficientemente conscientes del daño que causamos al medio ambiente?
Una nueva estrategia en acción
En respuesta a esta crisis, el MITECO ha elaborado la Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación (ENLD), que se presenta en un contexto que busca revitalizar los esfuerzos nacionales. Este plan abarca el periodo 2025-2027 y tiene como objetivos fundamentales la gestión sostenible de los recursos de la tierra, así como la restauración de áreas degradadas. Esta estrategia sustituye al Programa de Acción Nacional de 2008 y busca coordinar esfuerzos para alcanzar un desarrollo más equilibrado.
Uno de los aspectos más destacados de la ENLD es su alineación con la Agenda 2030 de la ONU y la meta de alcanzar la Neutralidad en la Degradación de Tierras. ¿Podrían estas iniciativas marcar un cambio significativo en la forma en que gestionamos nuestros recursos?
Hacia prácticas agrícolas sostenibles
La solución a este problema complejo no radica solo en medidas tecnológicas, sino que también debemos enfocarnos en la conservación de los recursos existentes. Martínez sugiere que la comunidad debe replantearse el impacto humano en la naturaleza y actuar en consecuencia. "Los seres humanos degradamos la naturaleza para vivir", afirma, pero la escala de nuestra intervención plantea serios riesgos para la capacidad regenerativa de los ecosistemas.
En este sentido, se suman voces que abogan por la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, la mejora en el uso del agua y la promoción de prácticas sostenibles en la agricultura extensiva. A pesar de ello, Martínez advierte que, en algunos casos, como la salinización de acuíferos, el daño puede ser irreparable a una escala temporal humana.
Por tanto, la pregunta final que deberíamos plantearnos es: ¿estamos dispuestos a cambiar nuestras prácticas y hábitos antes de que el problema sea irreversible? Continuar explorando las múltiples facetas de la desertificación es esencial para construir un futuro sostenible en España y en el resto del mundo.
