La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) publica dos guías con base científica para diagnosticar y recuperar la salud del suelo. El material sintetiza tres años de muestreo en explotaciones de cereal y ofrece recomendaciones de manejo para aumentar fertilidad, resiliencia hídrica y estabilidad de rendimientos.
Soilbio es un proyecto coordinado por UPA con participación de la Universidad de Córdoba, Universitat de València, Universidad de Cádiz y dos centros del CSIC (IRNAS y CEBAS). Ha caracterizado propiedades físico-químicas, actividad microbiana y biodiversidad edáfica en 300 parcelas de 55 agricultores de cereal, comparando manejo convencional, siembra directa y ecológico. Las guías, editadas en julio de 2025, recogen resultados y pautas aplicables en parcela. El proyecto cuenta con financiación de la Fundación Biodiversidad (MITECO) en el marco del PRTR–NextGenerationEU y apoyo de Syngenta.
Base empírica y alcance
El equipo de Soilbio midió desde la granulometría (arcilla, limo, arena) y el pH hasta indicadores biológicos sensibles como biomasa y actividad microbiana, micorrizas y meso/macrofauna. La caracterización abarcó también la capacidad de intercambio catiónico, el carbono orgánico del suelo (COS) y nutrientes clave (nitrógeno, fósforo, potasio), ensamblando un cuadro completo de la salud del suelo entendida como capacidad para sostener funciones productivas y ambientales.
La guía de Soilbio se apoya en datos de 300 parcelas y 55 explotaciones. El objetivo no es solo comparar sistemas, sino señalar qué prácticas de manejo refuerzan la fertilidad, la estructura y la biodiversidad del suelo en explotaciones de cereal extensivo, con implicaciones directas en costes de insumos y riesgo agronómico.
Tres manejos, tres dinámicas
El análisis distingue tres sistemas: laboreo convencional, siembra directa (agricultura de conservación) y ecológico. En promedio, siembra directa y ecológico mostraron mayores contenidos de carbono orgánico y nitrógeno total que el convencional, coherentes con una mayor incorporación de restos vegetales y enmiendas orgánicas y con menor perturbación del perfil. Ese extra de carbono se traduce en agregación más estable, mejor retención de agua y mayor CIC en las capas superficiales.
En potasio, los niveles medianos y el rango fueron más altos en ecológico y siembra directa que en convencional, sugiriendo mejores condiciones para retener el nutriente y una liberación gradual asociada a materia orgánica. El fósforo disponible es mayor en sistemas convencionales, previsiblemente por el uso regular de fertilizantes minerales y la homogeneización que causa el laboreo.
La estructura también cambia: la ausencia de laboreo preserva agregados y porosidad, reduce susceptibilidad a la erosión y favorece la infiltración. El ecológico, con mayor proporción de limo y arcilla en las parcelas muestreadas, presenta buen potencial de formación de agregados estables, aunque depende del manejo concreto (rotaciones, cubiertas, enmiendas).
Biología del suelo: micorrizas y fauna
La actividad enzimática ligada a los ciclos de carbono (β-glucosidasa, celobiosidasa, β-xilosidasa), nitrógeno (N-acetil-β-glucosaminidasa, leucina aminopeptidasa) y fósforo (fosfatasa) fue mayor en siembra directa y ecológico que en convencional. Son señales tempranas de un suelo activo, con mayor descomposición de residuos y reciclado de nutrientes.
Las micorrizas arbusculares —clave para la captación de agua y nutrientes y la estabilidad de agregados— fueron más abundantes en siembra directa, al mantenerse la continuidad de las redes de hifas en ausencia de remoción. El ecológico puede mostrar menor abundancia relativa de micorrizas en ciertos contextos, posiblemente por competencia microbiana y tipo de enmiendas, aunque mantiene alta actividad biológica global.
En fauna edáfica, el recuento de ácaros del suelo (mesofauna) fue sensible al uso de fitosanitarios: ecológico mostró los niveles más altos, siembra directa valores intermedios y convencional los más bajos. En macrofauna, destaca un indicador clásico: lombrices. Se detectaron en parcelas con altos niveles de materia orgánica y siembra directa, y estuvieron ausentes en campos labrados, fuesen ecológicos o convencionales.
Beneficios medibles y límites del cambio
Desde la perspectiva productiva y ambiental, el aumento de carbono orgánico y la actividad enzimática en manejos de conservación se asocian a mayor fertilidad, mejor estructura y más resiliencia frente a sequías y lluvias intensas, factores críticos en cereal extensivo de secano. La siembra directa y el manejo ecológico acumulan más carbono orgánico, favorecen la retención hídrica y pueden reducir pérdidas por erosión.
Hay, sin embargo, equilibrios a gestionar. La siembra directa en herbáceos suele apoyarse en herbicidas totales antes de la siembra para el control de adventicias, lo que puede afectar ciertas comunidades del suelo; aun así, el balance observado en Soilbio sugiere que el posible efecto negativo es menor que el daño causado por la remoción mecánica sobre estructura y micorrizas. En ecológico, la actividad deshidrogenasa fue especialmente alta en el conjunto muestreado, reflejando gran dinamismo microbiano, si bien la disponibilidad de fósforo tiende a ser menor sin reposición mineral.
Buenas prácticas aplicables en parcela
Las guías recogen recomendaciones generales de manejo que los titulares de explotaciones pueden adaptar a su finca y cultivo:
• Adoptar prácticas de conservación del suelo (siembra directa en herbáceos, cobertura vegetal en leñosos) para mejorar estructura y retención de carbono.
• Monitorear el suelo con regularidad: análisis de nutrientes, conductividad eléctrica (riesgo de salinidad), carbono orgánico, actividad enzimática e indicadores biológicos.
• Usar enmiendas orgánicas bien compostadas y ajustar la fertilización (incluida la fertirrigación donde proceda) a resultados analíticos; evitar materia orgánica fresca o inestable.
• Favorecer la biodiversidad del suelo con rotación de cultivos, cubiertas vegetales e intersiembra en función del marco del cultivo.
• Evitar suelos desnudos y reducir el tráfico pesado para limitar compactación.
• Impulsar control biológico y manejo integrado de plagas (MIP) para reducir presión de fitosanitarios.
El proyecto recomienda rotaciones, cubiertas y enmiendas orgánicas como columna vertebral para mejorar la salud del suelo, complementadas con monitorización periódica y decisiones basadas en datos del registro de campo.
La evidencia de Soilbio sitúa al suelo como activo estratégico de la explotación agrícola: proteger su estructura y alimentar su biología mejora la fertilidad y la resiliencia y sostiene la productividad en el tiempo. La salud del suelo sostiene la productividad y puede contener la dependencia de insumos. Próximos pasos razonables pasan por ampliar el seguimiento multianual en explotaciones comerciales, afinar indicadores operativos y fomentar el intercambio de resultados entre agricultores.
Las dos guías del proyecto Soilbio
Una práctica orientada a agricultores y otra completa con el detalle de los resultados, están disponibles para descarga gratuita en formato digital. Su consulta permite trasladar a la parcela recomendaciones contrastadas sobre rotaciones, cubiertas y enmiendas, así como pautas de seguimiento del suelo. Se recomienda conservarlas en el registro de campo y compartirlas con la persona técnica de la explotación para planificar el manejo de la próxima campaña.
Descarga aquí la GUÍA DE BUENAS PRÁCTICAS EN EL MANEJO DEL SUELO RESPECTO A LA BIODIVERSIDAD
Descarga aquí la GUÍA PRÁCTICA SOBRE LA GESTIÓN DEL SUELO Y SU SALUD
