XAG quiere convertir Tailandia en un hub agtech global en 5 años: así diseña su ofensiva

A veces el gran giro de una empresa no está en sacar un producto nuevo, sino en decidir dónde quiere echar raíces. Y eso es justo lo que ha hecho XAG: la compañía ha movido ficha para convertir Tailandia en su base estratégica en el Sudeste Asiático, con una hoja de ruta que mira a 2029 y que, sobre el papel, suena ambiciosa de verdad.

La apuesta no es pequeña. XAG quiere pasar de vender tecnología agrícola a fabricarla y adaptarla desde Tailandia, primero afinando sus soluciones para el mercado local y después usando el país como trampolín regional. En medio, la compañía insiste en que su negocio va mucho más allá de los drones: también habla de soluciones IoT para la explotación agrícola, de formación y de herramientas pensadas para que el salto tecnológico no se quede en manos de cuatro grandes operadores.

El anuncio se hizo en Bangkok, durante Agritechnica Asia 2026, y encaja con un plan que la empresa lleva cocinando desde 2025. Desde entonces, XAG ha ido abriendo centros de servicio y lo que llama SuperX farms, espacios de demostración que no solo enseñan máquinas, sino que también sirven para transferir conocimiento y crear capacidades locales. Y ojo, porque ahí hay una pista importante: la compañía no quiere limitarse a instalar equipos y marcharse.

La empresa quiere plantar bandera en Tailandia

Según explicó Amro Ni, director de ventas del negocio internacional de XAG, la idea es ir “más profundo” en la agricultura durante los próximos cinco años. Traducido al idioma llano: vender, sí, pero también enseñar, acompañar y ayudar a montar un ecosistema alrededor de la tecnología. Ese es el juego que ha elegido XAG, y no parece precisamente modesto.

La expansión ya se nota en el músculo local. La firma ha reforzado sus equipos en Tailandia con ingenieros y personal de posventa, una pieza que suele marcar la diferencia cuando una tecnología aterriza en el campo y deja de ser un escaparate. Porque una cosa es enseñar un dron brillante en una feria, y otra muy distinta es que funcione cuando hay calor, humedad, parcelas exigentes y necesidades muy concretas en cada cultivo.

Ni fue todavía más lejos y habló de un objetivo muy claro: desarrollar productos altamente localizados para el mercado tailandés en 2027. Eso implica adaptar sistemas a las prácticas agrícolas del país, a su clima y a sus cultivos. Primero arroz, porque Tailandia es un gran exportador. Después, otros cultivos económicos y de alto valor. La empresa quiere meterse de lleno en todos ellos.

Del dron a la finca conectada

XAG no quiere que se la encasille como una simple marca de drones agrícolas. En su discurso, la compañía se presenta como un proveedor de soluciones integrales, con un catálogo que incluye desde consolas de autopiloto hasta sistemas inteligentes de IoT, siglas en inglés de Internet de las cosas, aplicados al campo. Es decir, sensores, control y datos para hacer más fina la gestión de la explotación agrícola.

En la feria de Bangkok, la empresa mostró precisamente esa cara más amplia: no solo aeronaves, sino también herramientas pensadas para riego y otros usos conectados. Algunas de esas soluciones no son nuevas en el sector, y Ni lo reconoció sin rodeos. La diferencia, dijo, está en que XAG busca que sean más accesibles para pequeños productores, sin convertir la tecnología en un juguete caro e inaccesible.

“No estamos intentando hacer una tecnología súper sofisticada, súper alta, que nadie pueda usar”, vino a decir el directivo. La idea, según su relato, es que siga siendo avanzada, pero que también se pueda adoptar y pagar. Y ahí está una de las claves del movimiento: si la tecnología no entra en la cuenta de resultados de una finca pequeña, se queda en póster bonito. Si entra, la conversación cambia.

Los números que maneja la empresa apuntan precisamente a esa tracción. Entre 2024 y 2025, el número de explotaciones agrícolas que adoptaron sus soluciones se multiplicó por cinco. En paralelo, el uso de sus herramientas digitales también creció con fuerza, hasta el punto de que sus válvulas inteligentes pasaron a unas 100.000 explotaciones, un salto de 50 veces. Ni aseguró que este año las cifras serán todavía más llamativas. Habrá que ver.

El gran atasco sigue siendo el talento

Pero no todo es despegar y sumar clientes. XAG se ha topado con un obstáculo bastante terrenal: encontrar gente preparada. Ni señaló que uno de los principales problemas para avanzar es la escasez de perfiles cualificados, algo que en su caso se complica porque los drones están justo en la intersección de tres mundos: aviación, agricultura y electrónica.

Eso obliga a buscar profesionales con competencias muy distintas, y no siempre aparecen debajo de la misma piedra. El directivo lo resumió con una idea bastante reveladora: mucha gente piensa que drones y robótica vienen a quitar empleo, cuando en realidad la empresa necesita colocar a personas en los puestos adecuados para que todo funcione. El cuello de botella no es solo técnico; también es humano.

Por ahora, XAG ha puesto fecha a varias metas: productos localizados para Tailandia en 2027, producción local en 2028 y un papel de hub regional con vocación exportadora global en 2029. La secuencia está clara. Lo difícil será ejecutarla sin perder el pulso del mercado, sin encarecerse por el camino y sin que la falta de talento frene la aceleración. Nosotros, desde luego, estaremos atentos a ese recorrido.

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