ABARES alerta: los beneficios de las granjas australianas se hunden un 70% por más costes y menos producción

Hay años en los que el campo no solo aprieta: directamente muerde. Y eso es justo lo que asoma en Australia, donde el beneficio medio por explotación agrícola y ganadera se desplomaría de A$216.000 a A$65.000, una caída que no llega sola: se junta con menos producción de cultivos, precios más flojos para el ganado y unos costes de entrada que siguen subiendo como si no hubiera un techo a la vista.

La foto la ha puesto encima de la mesa el último informe de la Oficina Australiana de Economía Agrícola y de Recursos, conocida como ABARES por sus siglas en inglés, publicado el 2 de junio. Y el mensaje que deja no tiene mucho maquillaje: el sector entra en una fase de presión seria, con fertilizantes y combustible todavía caros, el clima jugando a la contra y menos margen para sacar rentabilidad incluso cuando el mercado acompaña un poco.

La cuenta no sale, aunque el mercado intente ayudar

ABARES calcula que el valor de la producción agrícola caerá un 5% en 2026-27, hasta A$98.300 millones, después de un ejercicio récord. Lo que más pesa en esa bajada son los cultivos, que soportarán el golpe más duro: la producción total de cosechas retrocedería un 21% por la combinación de condiciones más secas y unos costes que obligan a pensar dos veces cada hectárea sembrada.

El desplome no se reparte por igual. El trigo bajaría un 26%, la cebada un 15%, la colza un 19% y las legumbres un 16%. Son cifras que, puestas una detrás de otra, dibujan un escenario incómodo para cualquier explotación que dependa del secano o de campañas muy ajustadas a la lluvia. Y sí, aunque los precios globales de algunos cultivos subirían por una oferta mundial más estrecha, eso no bastaría para tapar el agujero.

De hecho, el propio informe reconoce que los precios más altos no compensarán del todo la caída de volúmenes y el encarecimiento de los insumos. La producción baja, el coste sube y el margen se encoge por ambos lados. Esa es la trampa.

El campo sigue pagando la factura del combustible y el fertilizante

El otro gran dolor de cabeza está en lo que se compra antes de sembrar o de sacar el ganado adelante. ABARES prevé que el índice de precios de los fertilizantes aumente un 43% en 2025-26 y otro 2% más en 2026-27. En combustible, el repunte sería del 14% el primer año y del 11% el siguiente. Dicho rápido: el gasoil y los abonos no dan tregua.

David Galeano, director ejecutivo en funciones de ABARES, sostiene que estos costes seguirán altos en 2026-27 y que la facturación de las explotaciones caerá por la menor producción de cultivos y de ganado, además de por unos precios más bajos de lo que se vende como carne y otros productos animales. El conflicto en Oriente Medio aparece, además, como una de las piezas que seguirá empujando al alza el precio de insumos clave y presionando la rentabilidad.

El informe también da por hecho que el sector seguirá teniendo acceso a importaciones esenciales, como combustible y fertilizante, aunque a precios más elevados. O sea: habrá producto, pero no precisamente barato. Y para un agricultor o ganadero eso no es un detalle menor, porque cada subida se cuela después en el coste final de la campaña.

La lluvia manda, y ahora viene con mala cara

Si algo termina de complicar el panorama es el clima. ABARES advierte de precipitaciones por debajo de la media en muchas zonas de cultivo y de la posibilidad de que aparezca un episodio de El Niño, un escenario que suele aumentar el riesgo de sequía y apretar todavía más los rendimientos. En otras palabras: la meteorología no está para echar una mano, sino para meter más ruido.

Galeano explica que las decisiones de los últimos meses se han guiado mucho por las condiciones de la campaña y por los márgenes brutos, y que los productores con lluvia favorable están aprovechando la ventana que se les ha abierto. Pero esa oportunidad no llega a todos por igual. La variabilidad de las lluvias en verano y otoño ha limitado el área sembrada con cultivos de invierno y también el crecimiento del pasto en algunas regiones.

Además, muchas zonas cerealistas encaran un invierno más seco de lo normal, lo que puede seguir apretando la cuenta de resultados. Después de un año de récord, el campo australiano se prepara para otro muy distinto, con menos volumen, más dudas y un tablero que cambia cada semana.

La gran pregunta ahora es cuánto durará este bache y si los precios internacionales bastarán para compensar la pérdida de producción. Por el momento, el sector parece caminar sobre una cuerda floja. Y habrá que seguir de cerca el próximo giro del tiempo y del mercado, porque la próxima campaña todavía puede traer más sorpresas.

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