Suntory gana confianza en el biochar mientras amplía pruebas en Japón y Tailandia: la apuesta que quiere escalar ya

A veces, lo más interesante no es inventar algo desde cero, sino rescatar lo que parecía residuo y convertirlo en ventaja. Eso es justo lo que ha conseguido mover Suntory junto a TOWING con un ensayo de biochar de alto rendimiento: más producción de té, sin tocar la calidad, y además usando restos de la propia actividad industrial. Y sí, el dato no es pequeño: la cosecha subió alrededor de un 30% en dos recolecciones frente a los fertilizantes orgánicos convencionales.

La jugada tiene miga porque no se queda en el laboratorio ni en el discurso verde de manual. La compañía japonesa quiere que este material hecho a partir de residuos vegetales se convierta en una pieza útil dentro de la agricultura regenerativa, no en un sustituto mágico. Traducido: no pretende borrar lo que ya funciona, sino sumar una capa más para mejorar resultados y, de paso, recortar emisiones de gases de efecto invernadero.

Lo que más llama la atención es el origen del producto. El biochar empleado en los ensayos se fabricó carbonizando residuos de bebida, en concreto hojas de té verde usadas que salieron de las plantas de Suntory. Después se mezcló con grupos microbianos multifuncionales de TOWING para crear un insumo que la empresa presenta como capaz de dar un empujón real al suelo. En agricultura, a veces el truco está ahí: no en echar más, sino en reutilizar mejor.

Del residuo al campo, y el campo responde

Los ensayos arrancaron en mayo de 2025 y compararon este biochar con fertilizantes orgánicos convencionales para medir tanto el rendimiento como el comportamiento del cultivo. El resultado ha dado aire a la compañía: el té producido con esta fórmula rindió aproximadamente un 30% más en dos cosechas, y sin que se apreciara un deterioro de la calidad. Una combinación que, sobre el papel, suena bastante tentadora.

Desde Suntory explican que el piloto les ha servido para confirmar la eficacia del biochar de alto rendimiento, precisamente porque reúne dos beneficios en uno: mejora agronómica y utilidad ambiental. No lo plantean como una panacea, ni como una sustitución absoluta de otras prácticas. Más bien como una herramienta complementaria que puede hacer más efectivos manejos ya conocidos, desde los cultivos de cobertura hasta la agricultura sin laboreo y la fertilización orgánica.

La reacción de los agricultores contratados para las pruebas ha sido, en general, positiva, sobre todo por la mejora observada en los rendimientos. Pero el entusiasmo no tapa un detalle muy terrenal: aplicar biochar exige trabajo. La propia empresa admite que la mano de obra necesaria para extenderlo sobre el terreno se ha convertido en una de las trabas del proceso, y ya está buscando mejoras para reducir ese cuello de botella. Porque una cosa es que el suelo lo agradezca, y otra muy distinta que la operación sea manejable a escala real.

La empresa aprieta el acelerador fuera de Japón

Tras el éxito del ensayo, Suntory y TOWING han decidido ampliar la producción de biochar de alto rendimiento usando residuos procedentes de las plantas de Suntory en la región de Kyushu. Aquí la empresa ha movido ficha con una idea muy concreta: convertir un subproducto industrial en una materia prima con valor agronómico. Ese giro encaja con su apuesta por la reutilización y por un sistema más circular, una palabra muy de moda, sí, pero que aquí viene acompañada de un caso bastante tangible.

La expansión no se quedará en Japón. Suntory también prepara una segunda fase de pruebas en Tailandia, donde el biochar elaborado a partir de cascarilla de arroz se aplicará en campos de caña de azúcar. La empresa quiere comprobar si lo que ha funcionado con el té puede hacerlo también con otro cultivo clave para su cadena de aprovisionamiento. Y ojo, porque el objetivo no es solo agronómico: también buscan reducir el impacto ambiental más allá de lo que ya aportan las prácticas de agricultura regenerativa que manejan hoy.

En ese punto aparece otro frente delicado: el de la quema abierta de residuos agrícolas. Suntory considera que escalar el uso de biochar podría ayudar a frenar una práctica extendida que provoca contaminación ambiental, un problema especialmente sensible en Tailandia y en el sudeste asiático. Si esta vía cuaja, el residuo deja de ser un estorbo y pasa a ser una pieza útil. Suena casi demasiado limpio para ser verdad, pero ahí está la ambición del proyecto.

Lo difícil ya no es probarlo, sino llevarlo a escala

La parte técnica parece encaminada, pero el salto comercial sigue lleno de obstáculos. La empresa admite que para desplegar el sistema a gran escala todavía hay que resolver cuestiones de mercado, operación e infraestructura. Entre ellas, el propio proceso de producción: carbonizar los residuos, cultivar y recopilar microorganismos y montar las instalaciones necesarias no es precisamente un trámite menor.

También falta una pieza básica de cualquier proyecto agrícola que quiera pasar del piloto al negocio: clientes y canales de distribución. Suntory reconoce que necesita asegurarlos para poder definir qué volumen de producción tendría sentido en adelante. Dicho de otro modo, la tecnología ya ha enseñado los dientes; ahora toca demostrar que puede vivir fuera de la parcela de ensayo y encajar en una cadena logística real.

La empresa sigue apostando por combinar varias prácticas de agricultura regenerativa según el cultivo y la zona, en lugar de confiarlo todo a una única solución. Y quizá ahí esté la clave de todo esto: el biochar no entra como el héroe solitario, sino como un aliado más en una estrategia más amplia para reducir emisiones y mejorar resultados. Veremos si el entusiasmo del piloto aguanta cuando llegue la escala. Habrá que seguirle la pista.

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