Trump levanta temporalmente los aranceles al fertilizante marroquí y abre una tregua para el campo estadounidense

A veces, para aliviar al campo no hace falta inventar nada nuevo: basta con aflojar un poco el corsé. Y eso es justo lo que ha hecho la Administración Trump con los fertilizantes fosfatados de Marruecos, a los que ha abierto la puerta de forma temporal y sin aranceles, en plena subida de costes para los agricultores y con la cadena de suministro todavía cojeando por las tensiones en Oriente Medio.

El movimiento no es menor. El 29 de junio, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que suspende durante hasta ocho meses los derechos compensatorios, conocidos como CVD por sus siglas en inglés, sobre esos fertilizantes procedentes de Marruecos. Traducido a lenguaje llano: menos peaje para importar un insumo que pesa muchísimo en la cuenta de resultados de una explotación agrícola. Y eso, en un momento de márgenes apretados, cambia el tablero.

Un respiro rápido para un mercado que venía tenso

La Casa Blanca justifica la medida con una idea muy clara: mantener estable la producción alimentaria mientras el Gobierno intenta ampliar la fabricación doméstica de fertilizantes. No hay mucha más poesía en el texto, pero la jugada sí tiene fondo. Si el suministro falla y el precio aprieta, el agricultor acaba pagando la factura dos veces: una en el almacén y otra en la planificación de la campaña.

La orden habla de interrupciones en el mercado del fosfato por “conflictos en regiones productoras de fertilizantes” y por “medidas comerciales adoptadas por grandes países productores”. También reconoce que la mayor fuente extranjera de fósforo para Estados Unidos ha sufrido disrupciones en su cadena de suministro. No menciona por su nombre la guerra con Irán ni las preocupaciones en torno al estrecho de Ormuz, pero el contexto queda dibujado con bastante nitidez.

Lo que hemos visto aquí es una especie de válvula de escape. Temporal, sí. Pero útil. Y ojo, porque el tiempo también cuenta: la suspensión llega justo antes de la planificación de otoño, cuando muchos productores empiezan a cerrar compras y a hacer números de verdad.

Los aranceles que vuelven al escaparate

Conviene recordar que los departamentos de Comercio e Comisión de Comercio Internacional ya habían impuesto en 2021 estos derechos compensatorios sobre el fosfato llegado desde Marruecos y Rusia. En su origen, el gran productor estadounidense Mosaic empujó para que se activaran esas barreras al amparo de la legislación comercial de 1930, en un momento de fuerte volatilidad del mercado ligada a la guerra en Irán.

Ahora, sin embargo, la historia gira. La administración no ha derogado esos derechos, sino que los ha dejado en pausa. La diferencia es importante: la puerta se abre, pero no se desmonta el marco por completo. El mensaje parece ser doble. Por un lado, alivio inmediato. Por otro, una apuesta por reforzar la producción nacional para no depender tanto de lo que ocurra fuera.

La suspensión se limita a ocho meses, así que no estamos ante una liberación permanente ni mucho menos. Estamos ante una tregua, una de esas decisiones que compran tiempo mientras se intenta resolver un problema más grande. Y ya se sabe: en agricultura, el tiempo vale casi tanto como el producto.

Los agricultores celebran la tregua, pero la factura sigue ahí

Las grandes organizaciones agrarias han recibido la noticia con aplausos. La Federación Americana de Oficinas Agrícolas y la Asociación Nacional de Productores de Maíz han respaldado la decisión porque llega justo cuando se acerca una nueva ronda de planificación y compras. En ese calendario, cualquier alivio en insumos puede marcar la diferencia entre apretar los dientes o echar cuentas con un poco más de aire.

La Oficina Agrícola ha advertido, además, de una realidad poco cómoda: el 70 % de los productores de trigo, el 68 % de los de soja y el 66 % de los de maíz no podían permitirse comprar todo el fertilizante que necesitaban. Son porcentajes que no suenan a tecnicismo, sino a una advertencia en mayúsculas. Si falta fertilizante o se retrasa, la productividad se resiente. Y cuando eso pasa, no solo tiembla la rentabilidad: también se complica la planificación de toda la campaña.

Zippy Duvall, presidente de la Oficina Agrícola, celebró la suspensión de los aranceles sobre insumos críticos y la vinculó con otra petición reciente de ayuda económica de emergencia para los agricultores. Jed Bower, presidente de la Asociación de Productores de Maíz y agricultor en Ohio, fue en la misma línea y subrayó que el fertilizante sigue siendo uno de los mayores gastos anuales para cualquier explotación agrícola. También apuntó a la presión añadida de unas empresas que, según él, buscan concentrar aún más el mercado. Los costes de entrada llevan demasiado tiempo en lo alto, y eso se nota en cada decisión de compra.

Al final, la medida no arregla el problema de fondo, pero sí puede dar un pequeño respiro en el momento más delicado. Habrá que ver si ese alivio se traduce de verdad en precios más bajos y en más disponibilidad, o si solo actúa como un parche temporal mientras el mercado sigue haciendo de las suyas. Nosotros, desde luego, estaremos atentos.

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