Corteva mueve ficha con Moa: así diseña su estrategia de innovación tras la escisión

A veces lo más interesante no es la tecnología que ya conocíamos, sino la manera en que una empresa decide salir a buscar la siguiente. Y eso es justo lo que ha hecho Corteva: ha cerrado una colaboración de varios años con la británica Moa Technology para acelerar el descubrimiento de nuevos herbicidas, un movimiento que dice bastante sobre cómo quiere innovar la futura compañía de protección de cultivos una vez se complete su separación en dos negocios.

La jugada importa porque no se queda en una alianza más de laboratorio. El objetivo es encontrar nuevos modos de acción, es decir, mecanismos distintos para combatir malas hierbas cada vez más resistentes, uno de los grandes quebraderos de cabeza del campo. Y cuando las resistencias aprietan, el margen de error se encoge. Mucho.

La alianza va directa al cuello de la resistencia

La empresa con sede en Oxford pondrá sobre la mesa sus plataformas propias de descubrimiento de herbicidas, mientras Corteva aportará su experiencia en protección de cultivos. La mezcla busca detectar moléculas con capacidad real para abrir una nueva vía frente a las malas hierbas que ya no responden bien a los tratamientos habituales.

Virginia Corless, consejera delegada de Moa Technology, ha explicado que la fortaleza de la compañía pasa por descubrir herramientas realmente nuevas para hacer frente a amenazas de malas hierbas que evolucionan rápido y dañan el rendimiento de los cultivos. Y añade una idea que resume bien el espíritu del acuerdo: cuantos más proyectos comerciales de este tipo hagan con grandes compañías, antes podrán llevar soluciones seguras, eficaces y asequibles al campo.

Desde Corteva, Ashish Batra, vicepresidente de investigación y desarrollo de crop health, ha defendido que ambas compañías se complementan bien. La empresa quiere aprovechar los enfoques nuevos de Moa para el descubrimiento de herbicidas y centrarse en el problema de fondo: una resistencia que no deja de cambiar de forma y de apretar a los agricultores.

La pista de lo que viene en la nueva Corteva

Lo que más llama la atención de este acuerdo no es solo la ciencia, sino el momento en que llega. Corteva se prepara para dividirse en dos compañías cotizadas de forma independiente: una centrada en semillas y otra en protección de cultivos. Y esta alianza con Moa ya deja entrever el modelo que puede marcar esa nueva etapa.

Hasta ahora, Corteva ha tirado mucho de su propia capacidad de I+D para sacar adelante nuevos productos de protección de cultivos. Pero el tablero está cambiando: cada vez recurre más a startups y a desarrolladores tecnológicos especializados para sumar innovación desde fuera. Y esa apuesta no ha nacido de la nada; la compañía la ha ido formalizando a través de Corteva Catalyst, su plataforma de inversión y colaboración para tecnologías agrícolas emergentes.

La lectura de fondo es bastante clara: la futura Corteva de protección de cultivos no parece querer encerrarse en su propio laboratorio, sino abrir la puerta a socios que le aporten ideas que ella sola no siempre va a descubrir a tiempo. Hace años esto sonaba a excepción; hoy ya empieza a parecer parte del plan.

Más alianzas, más piezas en el mismo puzzle

El acuerdo con Moa no llega aislado. Forma parte de una estrategia más amplia en la que Corteva lleva tiempo sumando colaboraciones externas en protección de cultivos. Desde 2020 trabaja con la israelí AgPlenus, y en 2024 las dos empresas anunciaron la identificación de una nueva familia de moléculas herbicidas con un modo de acción novedoso, conocida como APCO-12.

Además, Corteva ha colaborado con Micropep en tecnologías de biocontrol y biofungicidas basadas en péptidos, y ha puesto en marcha una empresa conjunta con Hexagon Bio centrada en productos inspirados en la naturaleza a través de Corteva Catalyst. A eso se suma un acuerdo con FMC para ampliar el acceso a la tecnología herbicida rimisoxafen en los mercados de maíz y soja de Norteamérica y Sudamérica, un paso que ensancha la caja de herramientas de ambas compañías.

Visto en conjunto, el patrón es bastante nítido: Corteva está construyendo una red de innovación alrededor de sí misma. No todo saldrá a la primera, porque así funciona la investigación agrícola avanzada, pero la compañía parece tener claro que la batalla contra las malas hierbas resistentes no se gana con una sola bala. Se gana con varias.

Un aviso de cómo se moverá el negocio mañana

Para Moa, el acuerdo tiene un valor evidente: valida su plataforma de descubrimiento y la coloca en una conversación más grande sobre el futuro de los herbicidas. Para Corteva, en cambio, el interés es doble. Por un lado, accede a una vía adicional para encontrar nuevas soluciones. Por otro, deja una pista bastante visible de cómo quiere moverse cuando su negocio de protección de cultivos funcione en solitario.

Ese futuro pasa, al menos por lo que se ve en este movimiento, por combinar experiencia propia con tecnologías de terceros. Una fórmula muy de época, por cierto: menos aislamiento y más alianzas quirúrgicas, sobre todo cuando el problema es tan testarudo como las malas hierbas que sobreviven una campaña tras otra en secano, regadío o en parcelas donde el margen técnico cada vez cuenta más.

La gran pregunta ahora no es si seguirán llegando acuerdos de este tipo. La pregunta es cuáles de ellos acabarán convirtiéndose en productos reales para el agricultor. Y ahí, como siempre, habrá que mirar de cerca el calendario, el coste y si la promesa aterriza de verdad en el campo.

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