La inversión en agtech se desploma en H1 2026: el rebote este año parece improbable

A veces lo que más habla de un sector no es el dinero que entra, sino el que deja de moverse. Y en agtech, la fotografía del segundo trimestre de 2026 apunta justo a eso: menos operaciones, más cautela y un mercado que sigue frenando con el freno de mano echado.

La esperanza de ver un rebote claro en la inversión de capital riesgo para este año se ha enfriado todavía más después de que PitchBook haya publicado sus datos de la segunda parte del trimestre. Entre abril y junio se cerraron 107 operaciones en agtech, una cifra que marca un nuevo suelo en la serie visible, mientras que en el primer semestre del año se acumularon 263 deals y 2.400 millones de dólares invertidos. Mucho dinero, sí, pero repartido en menos apuestas y con un apetito bastante más selectivo.

Si uno mira hacia atrás, el contraste llama la atención. En todo 2025 se firmaron 875 operaciones en el sector, así que, con el ritmo actual, 2026 podría acabar reflejando una caída cercana al 40% en la actividad de la primera mitad del año. Y ojo, porque el golpe no es solo de volumen: el mercado está diciendo alto y claro que ya no compra cualquier historia.

La paciencia del inversor se ha vuelto exigente

Lo que está premiando el dinero ahora mismo no son las promesas grandilocuentes, sino las soluciones que enseñan resultados medibles. La agricultura de precisión ha sido la gran favorita del trimestre, tanto por valor como por número de operaciones, dentro de una tendencia que ya venía repitiéndose en los últimos meses.

De hecho, las diez mayores rondas del trimestre fueron todas de compañías en fases avanzadas. Entre ellas hubo tres de agricultura de precisión, tres vinculadas a ganadería y acuicultura, dos centradas en insumos y mejoras para cultivos, y una de cultivo vertical y otra de automatización y maquinaria agrícola. El mensaje que deja esa foto es bastante claro: el capital quiere empresas más maduras, menos humo y más tracción real.

La mayor ronda del trimestre fue para Tomorrow.io, especializada en agricultura de precisión, con 210 millones de dólares en una serie F. Le siguió Oishii, dedicada al cultivo vertical, con 151,6 millones en una serie C, y después Asto CT, con 83,2 millones. Completan el quinteto InnovaFeed, la firma de proteína de insectos, con 59,5 millones, y Laxey, con 54,4 millones.

La explicación, según el análisis del propio sector, tiene bastante lógica. La agricultura de precisión está ganando porque ataca de frente los dos grandes costes que más duelen ahora mismo al agricultor: la mano de obra y los insumos. Hace años esto sonaba a promesa lejana; hoy ya es una herramienta que busca ahorrar agua, reducir horas de trabajo y recortar gastos en productos y tratamientos. Y eso cambia todo.

La tecnología ya no vende solo ideas. Vende ahorro

Lo que más me llama la atención es el giro desde el simple análisis hacia la acción. El sector empieza a hablar de sistemas capaces de detectar, decidir y actuar en el campo, en vez de limitarse a enviar otra recomendación más para que alguien la ejecute después. Esa transición, que algunos ya describen como agricultura “agéntica”, está seduciendo al capital porque promete algo mucho más tangible que un panel de control bonito.

El dinero está siguiendo el retorno medible: agua ahorrada, horas de trabajo reducidas e insumos recortados. No está persiguiendo otro cuadro de mando, sino herramientas que se metan de lleno en la explotación agrícola y hagan parte del trabajo por sí mismas. De momento, la mayoría de estas soluciones sigue resolviendo una tarea o un cultivo concreto, no toda la finca, pero la dirección es esa.

Y ese detalle importa. Porque en un escenario de costes apretados, especialmente en cultivos intensivos y de regadío, cualquier tecnología que rebaje consumos sin exigir un cambio imposible de operativa tiene más papeletas para convencer. El capital, por lo que se ve, ha decidido que esa es la línea a seguir.

2026 no pinta como el año del rebote

Tras dos años seguidos de caída en la inversión agtech, había quien esperaba que 2026 marcara el suelo del ciclo y abriera la puerta a una recuperación. Pero ese escenario se ha movido hacia delante. La lectura ahora es que el verdadero rebote llegaría en 2027, cuando el mercado de salidas vuelva a funcionar y el capital de los socios limitados —los LP, los inversores que aportan dinero a los fondos— afloje un poco.

Por ahora, los exits, es decir, las salidas de las participadas, han sido discretos. En la primera mitad de 2026 hubo 30 operaciones por un valor de 623,2 millones de dólares, incluida la compra de Cannatrek, compañía de cultivo interior, por Little Green Pharma por 100 millones de dólares. Son movimientos que aportan algo de oxígeno, pero no lo suficiente como para hablar de despegue.

La previsión es bastante sobria: la segunda mitad del año podría estabilizar la actividad, pero no se espera un rebote claro en el número de operaciones. Si llega algo de impulso, probablemente se note más en el tamaño total del dinero invertido que en la cantidad de rondas, y vendrá empujado por unas pocas operaciones grandes y tardías. El volumen, de momento, sigue cuesta abajo. Y no hay ningún viento estacional que vaya a cambiar eso por arte de magia.

Así que el sector agtech sigue en esa rara etapa en la que la tecnología avanza, pero la euforia no vuelve. Habrá que ver si 2027 cumple la promesa de deshielo o si el mercado tarda todavía un poco más en recuperar el pulso. Nosotros, desde luego, estaremos atentos.

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