En medio de una creciente preocupación por la resistencia a los antibióticos en el ámbito veterinario, una nueva normativa ha exigido a los veterinarios un registro oficial de los antibióticos prescritos a las mascotas desde hace diez días. Aunque esta medida busca un mayor control en el uso de estos medicamentos, los profesionales del sector han expresado sus inquietudes.
Resistencia y adaptación en el sector veterinario
La profesión veterinaria comprende y apoya el objetivo de la norma, que es el uso responsable de antibióticos en un contexto donde el uso excesivo puede llevar a la resistencia. Sin embargo, muchos veterinarios sienten que no han tenido suficiente tiempo para adaptarse de forma efectiva a esta nueva regulación. Esta falta de preparación ha generado sentimientos de «incertidumbre y desconfianza» en un sector que, a menudo, tiene que lidiar con la presión de ofrecer atención de calidad a sus pacientes.
Manuel Lázaro, vocal de Comunicación del Colegio de Veterinarios de Madrid (Colvema), ha declarado a Efeagro que la normativa podría facilitar un uso responsable, pero también ha enfatizado que las herramientas como «PresVet» no solo son poco útiles, sino que pueden entorpecer el ejercicio de la responsabilidad clínica que los veterinarios han mantenido durante años.
Carga burocrática y costos ocultos
Desde la implementación de la nueva normativa, los veterinarios han enfrentado una carga burocrática que en algunos casos sobrepasa su capacidad de gestión. El tiempo que toma completar cada receta se ha multiplicado, llevando de un minuto a aproximadamente diez minutos, lo que ha generado un sentimiento de agobio y «histeria colectiva» entre los profesionales. Esto no solo afecta la eficiencia en la atención, sino que podría repercutir en la relación con los clientes.
A pesar de que, a día de hoy, la nueva carga de trabajo no ha incrementado los costos del servicio veterinario, Lázaro advierte que esto podría cambiar en un futuro, dependiendo de cómo evolucionen las circunstancias y las dificultades inherentes a la regulación.
Sanciones desproporcionadas
Otro aspecto que ha llevado a los veterinarios a manifestar su descontento es el régimen sancionador establecido por la normativa. Muchos lo consideran «absolutamente inasumible» y con cuantías «completamente desproporcionadas», lo que ha generado una lógica indignación en el sector. Sin embargo, colabora con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que ha mostrado disposición a revisar y reducir estas sanciones.
Además, se ha acordado que las administraciones consideren este primer año como un año de transición, orientado a facilitar el cumplimiento de la normativa. Esta medida ha sido recibida con alivio, aunque muchos veterinarios siguen demandando un «plazo razonable» para adaptarse a estos nuevos exigencias.
En primera persona: la experiencia de los veterinarios
Susana García, veterinaria en un hospital de Madrid, ha compartido su perspectiva sobre los desafíos que enfrenta. Ella señala que muchos colegas todavía no están dados de alta en el sistema de PresVet y están en un proceso de aprendizaje en el manejo de los nuevos programas de gestión. Para ella, el cambio ha sido abrupto y ha dejado poco espacio para practicar adecuadamente.
Les preocupa el aumento en la cantidad de datos requeridos en las recetas, lo que ha transformado una tarea rutinaria en un proceso burocrático extenso. García también hace hincapié en la necesidad de simplificar la carga administrative, para que los veterinarios puedan centrarse en lo que realmente importa: ofrecer atención médica de calidad a sus pacientes.
La situación en la producción animal
Mientras se observa cómo se desarrollará la prescripción de antibióticos en mascotas, es relevante destacar que en el ámbito de los animales de producción, este tipo de notificaciones es una obligación que data de años atrás. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, se ha registrado una reducción del 53 % en el uso de antibióticos entre 2020 y 2023, lo que indica un progreso significativo en la reducción del uso de estos medicamentos.
Además, el uso de antibióticos considerados críticos para la salud humana en veterinaria se sitúa en torno al 2 %, un porcentaje que se considera bajo y que refleja la importancia de un manejo responsable en la salud animal.
En el contexto del estrés y la incertidumbre que sienten los veterinarios por las nuevas normativas, es esencial continuar en la búsqueda de un equilibrio entre el control de antibióticos y la atención de calidad. Este balance no solo es crucial para la salud de las mascotas, sino también para la salud pública global. Queda claro que la gestión de esta transición requerirá flexibilidad y constantes adaptaciones, y puede que aún estemos en las primeras etapas de un proceso que requiera tiempo y diálogo para consolidarse.
