Asaja Alicante ha alertado sobre un problema crítico en el espigón de Guardamar del Segura que podría agravar el riesgo de inundaciones en la Vega Baja. Este espigón está creando un «efecto tapón» con los sedimentos del río Segura, complicando la salida natural hacia el mar en caso de lluvias intensas. Ante esta situación, la organización agraria exige al Gobierno de España que ajuste la curvatura del espigón para favorecer la evacuación de agua en situaciones de temporal.
La entidad ha advertido que, si se produce el citado «efecto tapón», el riesgo de inundaciones en el cauce del río Segura aumentará, lo que podría ocasionar serios daños a las poblaciones de San Fulgencio, Dolores, Almoradí, Rojales y Guardamar del Segura. En un comunicado, Asaja destaca que la situación se volvería crítica, similar a lo sucedido con las fuertes lluvias de la dana de 2019.
Posibles consecuencias de la falta de acción
El presidente de Asaja Alicante, José Vicente Andreu, ha subrayado que los agricultores de la Vega Baja viven en un estado de «incertidumbre constante» tras la catástrofe de 2019, donde muchos perdieron sus cultivos y propiedades. «La inacción política es alarmante, especialmente tras lo ocurrido en Valencia, donde se evidenció la necesidad de mejorar las infraestructuras hídricas», ha señalado.
La asociación también ha indicado que el dragado del tramo final del cauce viejo del río Segura comenzará este octubre, una medida que implica la retirada de grandes cantidades de lodos. Sin embargo, Asaja sostiene que la actual orientación del espigón no resolverá el problema, ya que depositarán sedimentos en la desembocadura, aumentando la posibilidad de desbordamientos.
Demandas para una solución estructural
Andreu ha hecho hincapié en la urgencia de una «solución definitiva y estructural» que garantice la seguridad de la Vega Baja. La entidad ha puesto de manifiesto que el estado del cauce viejo es alarmante, con una invasión de lodos y cañas que han reducido su capacidad de evacuación. Esto se volvió evidente durante la dana de 2019, cuando el cauce obstruido por la falta de mantenimiento presentó un crecimiento considerable en su nivel.
Históricamente, ya en 1987, el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (Cedex) advirtió sobre el impacto que tendría la construcción de diques en la desembocadura, indicando que obstaculizarían el flujo de sedimentos naturales. A pesar de esto, el espigón se construyó entre 1990 y 1994, replicando una orientación contraria a la dinámica del Mediterráneo, lo que, según Asaja, ha contribuido a agravar la situación actual.
