Café costarricense: la innovadora apuesta femenina que conquista Japón

En el corazón de Cartago, Costa Rica, Tatiana Vargas, de 36 años, ha logrado llevar su café a destinos tan lejanos como Japón, Estados Unidos y Corea. La historia de Tatiana es inspiradora y refleja un recorrido de resiliencia y pasión, que le ha valido ser reconocida como líder en la ruralidad de las Américas. Su experiencia no es lineal; se trata de un viaje de regreso a sus raíces, donde la tradición y la innovación se entrelazan en sus cafetales familiares.

Retorno a las raíces

Desde pequeña, Tatiana ha estado ligada al mundo del café. «Creo que aprendí a cosechar antes que a caminar», comenta con nostalgia, señalando que el café siempre ha sido sinónimo de «estar en familia». Sin embargo, su camino se tornó diferente tras estudiar agronomía y trabajar en el sector privado, alejándose de las plantaciones de sus padres. Todo cambió en 2016, con la muerte de su padre, cuando tuvo que decidir entre seguir su carrera profesional o retomar el legado familiar.

La opción de continuar con su vida laboral habría sido «la decisión más lógica en términos financieros». Sin embargo, el llamado de sus cafetales siempre estuvo presente en su corazón, llevándola a volver a sus raíces y enfrentar nuevos retos.

Innovación en el cultivo del café

En su finca de cinco hectáreas y media, Tatiana Vargas y su madre han implementado diversas estrategias para hacer frente a los desafíos del café en el siglo XXI. Han incorporado a sus cultivos variedades resistentes a enfermedades e híbridas, buscando no solo aumentar la producción, sino también adaptarse al cambio climático que tan fuertemente afecta la agricultura hoy en día.

Además, han apostado por la agricultura regenerativa, introduciendo diferentes especies en la finca para enriquecer el ecosistema. También han establecido un «microbeneficio», donde realizan todo el proceso de producción de café, buscando la excelencia y un valor añadido para sus productos. Su marca, «Legados café artesanal», se comercializa a nivel local, y un 20% de su café especialidad se destina a la exportación, principalmente al mercado japonés, además de llegar a Estados Unidos y Corea.

Desafíos enfrentados como mujer agricultora

Ante el desarrollo de su emprendimiento, Tatiana señala que uno de sus mayores retos ha sido lidiar con los prejuicios asociados a su género. «Cualquier emprendimiento agrícola va a tener el reto del clima que no podemos controlar», explica. Sin embargo, también enfatiza que «el hecho de ser mujer» las ha llevado a esforzarse el «doble» para demostrar su conocimiento y habilidades en el campo.

Un ejemplo de esto es el trato con el personal en las tareas de recolección, donde ha enfrentado la duda sobre su autoridad. «Les explicaba cómo deberían hacer el trabajo, y muchos asumían que lo que decía no era válido, sugiriendo que era mejor consultar a un hombre», comenta Tatiana, reflejando las dinámicas de género que aún persisten en la agricultura.

El esfuerzo diario y la búsqueda de igualdad

El trabajo en el campo no es fácil y Tatiana y su madre suelen trabajar hasta 14 horas diarias durante la temporada de cosecha. Con la ayuda de su esposo, logra equilibrar el cuidado de su bebé y las demandas de la finca. A pesar de las dificultades, mantiene la firme convicción de que «como mujeres, siempre debemos dar esa milla extra». Este valor adicional se fortalece con la capacitación continuada y el apoyo de su familia y las instituciones.

La próxima celebración del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo invita a reflexionar sobre la igualdad de género no solo en este día, sino durante todo el año. En este sentido, Tata y su madre son un claro ejemplo de cómo la tenacidad y la innovación pueden transformar la vida rural y agrícola, y de cómo millones de mujeres comparten su lucha diaria, cultivando no solo café, sino también esperanza y futuro.

Así, su historia va más allá del café; es un testimonio de que el trabajo duro, el ingenio y el deseo de mejorar las condiciones pueden marcar la diferencia en la vida de las comunidades agrícolas. La agricultura, en sus diversas formas, tiene el poder de empoderar a las mujeres y, a su vez, contribuir al desarrollo sostenible. Este es solo un capítulo en la historia de Tatiana, pero abre un diálogo sobre el futuro que no solo compete al café, sino a todos los aspectos de la agricultura y la equidad en el sector.

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