De huerta histórica a urbanización masiva: la transformación de la zona cero de la dana

La situación actual de la ‘zona cero’ de la dana en Valencia refleja una trágica contradicción: una región que históricamente era un emblema de la huerta mediterránea se ha transformado en un espacio donde el 90 por ciento de su suelo está «artificializado». Este cambio notorio se manifiesta a través de viviendas, polígonos industriales y áreas comerciales que han invadido lo que alguna vez fue un fértil terreno agrícola.

Impacto del urbanismo en la gestión del agua

El pasado 29 de octubre, un caudal de agua equivalente a cinco veces lo que vierte el río Ebro al mar inundó esta área, afectando a unas 75,000 viviendas. En un entorno donde las principales carreteras registran una intensidad de más de 125,000 vehículos al día, la falta de permeabilidad del suelo se ha convertido en un factor crítico. La catedrática de Geografía Humana de la Universitat de València, María Dolores Pitarch, enfatiza que esta altísima tasa de urbanización impide que «el agua drene, e incluso, coja una velocidad mayor de lo normal».

A esto se suma que muchos de los edificios presentes se construyeron entre las décadas de 1970 y 1980, lo que significa que solo uno de cada diez se levantó tras la aprobación del Plan de Acción Territorial para la Prevención del Riesgo de Inundación (Patricova) en 2003. Este aumento en la urbanización no solo ha afectado la calidad del agua, sino también la calidad de vida de los habitantes.

El abandono de la agricultura y su impacto en el uso del suelo

Tradicionalmente, esta zona entre el río Turia y la Albufera albergaba tierras de cultivo, como se evidencia en la arquitectura típica de la región, con alquerías dispersas. Sin embargo, la falta de rentabilidad estimula el abandono de la agricultura, sumado a la carencia de relevo generacional. Esta transición hacia una economía industrial y de servicios ha reconfigurado por completo el uso del suelo en el área.

A partir de 1979 y en especial desde 1990, se ha observado una alarmante pérdida de superficie agrícola en favor de nuevos polígonos industriales. La planificación de estas áreas ha sido a menudo «inconexa» y sin una perspectiva comarcal, dado que cada municipio actúa de forma aislada. Esto provoca una duplicación innecesaria de infraestructuras y un mal aprovechamiento del territorio.

Cambio en la demografía y la situación laboral

Una realidad notable es el perfil educacional de la población en la ‘zona cero’. Aproximadamente uno de cada cuatro habitantes posee estudios universitarios y más de la mitad tiene formación media o profesional. Esto refleja una población activa, predominantemente dedicada a la industria y los servicios. Sin embargo, las tasas de desempleo en algunos municipios superan el 15%, aumentando la vulnerabilidad de la población ante desastres naturales, como la reciente inundación.

El fenómeno de la desigualdad también se deja notar, ya que el 10% de los residentes en l’Horta Sud son inmigrantes, tres de cada cuatro de ellos extracomunitarios. Esto a menudo fomenta una economía diversa, pero también señala que los sectores más afectados son aquellos que tradicionalmente mantienen una relación estrecha con la agricultura.

La necesidad de una planificación territorial efectiva

Desde el último tercio del siglo XX, se ha observado un marcado crecimiento en zonas inundables, donde se han levantado barreras arquitectónicas «muy localistas». Esto pone de manifiesto un enfoque que prioriza el beneficio inmediato a corto plazo, descuidando el medio ambiente y la sostenibilidad. La falta de una planificación territorial coherente ha sido la norma en esta región, lo que obstaculiza no solo el drenaje adecuado de agua sino también la movilidad de sus habitantes.

La interconexión entre los municipios de l’Horta Sud y la ciudad de Valencia es intensa, donde es habitual vivir en un lugar y trabajar en otro. Esto hace que los problemas de infraestructura afecten a un «número elevadísimo de personas», exacerbando las dificultades de quienes han perdido sus vehículos. La reciente inundación debería servir como un llamado a la reflexión sobre la urgente necesidad de implementar una ordenación adecuada del territorio, en especial en áreas vulnerables a fenómenos naturales.

Con sentimientos encontrados, se observa cómo la superposición de intereses y planeamientos a corto plazo puede poner en peligro no solo el legado histórico agrícola de la región, sino también la vida diaria de sus habitantes. Es imperativo repensar el futuro de la ‘zona cero’ y encontrar un equilibrio entre desarrollo urbano y preservación del entorno agrícola. Esto no solo beneficiaria a la comunidad actual, sino que también respetaría la rica herencia que estos terrenos representan.

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