Álvaro Lario, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), ha señalado una preocupante realidad: la falta de inversiones en las zonas rurales de países en desarrollo podría desencadenar "más conflicto, más inseguridad alimentaria y más migración forzada". En una entrevista reciente, Lario expone que, actualmente, casi 3.000 millones de personas viven en áreas rurales de estos países, donde pequeños agricultores producen un tercio de los alimentos a nivel mundial.
Inversión como factor clave
La necesidad de inversión se hace más apremiante al considerar que hay 300 millones de personas con hambre y en extrema pobreza y más de 700 millones que enfrentan inseguridad alimentaria. Según Lario, la única manera de revertir esta tendencia es “mitigarla en la medida de lo posible creando oportunidades de trabajo y de ingresos”. ¿No merece esta problemática una respuesta más contundente?
El futuro de la agricultura global depende de sentar las bases para un desarrollo inclusivo. Lario, al mismo tiempo que se prepara para la IV Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo en Sevilla, confía en que de este evento surja un "mensaje fuerte" en favor de la inversión en desarrollo. "Esto no solo contribuirá a los objetivos de desarrollo sostenible, sino que también ofrecerá opciones vitales en sanidad, vivienda y empleo a la población", dice.
El papel del sector privado
En este contexto, el papel del sector privado se vuelve crucial. El FIDA, bajo el liderazgo de Lario, se ha convertido en el primer fondo de la ONU en acceder a los mercados de capitales. Esto no solo ha ampliado su capacidad de movilización de recursos, sino que también ha abierto la puerta a la inversión privada, fundamental para abordar los desafíos actuales.
El gran reto, según Lario, es que instituciones como el FIDA y el Banco Mundial desarrollen instrumentos que faciliten la inversión del sector privado. “Se necesitan cientos de billones cada año”, afirma, abogando por incentivos y estructuras que alineen los objetivos del sector privado con la misión de erradicar la pobreza y el hambre. No se trata solo de pedir ayuda, sino de crear un ambiente donde invertir sea atractivo para los capitales privados.
Conectando agricultores y mercados
Lario destaca la importancia de conectar a los pequeños agricultores con las cadenas de valor más grandes, para que puedan generar ingresos que les permitan proporcionar una mejor vida a sus familias, incluso enviando a sus hijos a la escuela y accediendo a servicios básicos de salud. La agricultura y los sistemas alimentarios, según su visión, deben ser vistos como un negocio que necesita apoyo financiero adecuado para prosperar.
Este enfoque no solo aborda la pobreza, sino que también se alinea con las preocupaciones geopolíticas actuales. Durante la pandemia, muchos países descubrieron que su seguridad alimentaria dependía de importaciones lejanas, lo que transformó este tema en una cuestión de seguridad nacional. “Esto ha creado tensiones que pueden llevar a conflictos y a migraciones forzadas”, argumenta Lario.
Abordando la desigualdad
Además, el presidente del FIDA no hesita en señalar que la desigualdad en el mundo ha aumentado, y que este es un efecto colateral directo de la falta de inversión en las zonas rurales. Las presiones migratorias y los conflictos actuales son indicativos de un sistema que no está funcionando. Al final del día, ¿no es hora de que los gobiernos reconsideren sus prioridades y enfoquen recursos hacia un desarrollo que beneficie a las comunidades más vulnerables?
En conclusión, la intersección entre inversión, desarrollo rural y seguridad alimentaria es más relevante que nunca. En medio de una crisis alimentaria global, la necesidad de innovación, colaboración y, sobre todo, compasión, es urgente. Es tiempo de pensar estratégicamente sobre cómo las decisiones de hoy influirán en el futuro de millones de personas que dependen de estas inversiones. Reflexionemos sobre el impacto que podemos tener y consideremos cómo cada uno de nosotros puede contribuir a un futuro más equitativo y sostenible.
