La filial agropecuaria impulsada por James Dyson ha desarrollado en Carrington (Reino Unido) un sistema de cultivo vertical dentro de invernadero que rota las plantas para maximizar la luz natural, automatiza la recolección y se alimenta con biogás producido en la propia finca. Según sus cifras, el conjunto alcanza 2,5 veces el rendimiento de un invernadero convencional —1.250 toneladas anuales de fresa— mientras reduce la dependencia de insumos externos.
Dyson Farming opera de forma separada al negocio de electrodomésticos Dyson Ltd. y lleva más de una década ampliando su base agraria en Inglaterra. El proyecto combina cultivos tradicionales con innovación tecnológica y energías propias, y presenta su granja de fresas de Carrington como un paso intermedio entre el almacén sin ventanas de la “vertical farming” clásica y el invernadero tradicional.
Un híbrido que usa el sol para abaratar la vertical
El núcleo de la instalación es un sistema de plataformas de aluminio —24 metros de largo y 5,5 de alto, con 500 kilos de masa— que gira de manera continua para que cada planta reciba luz solar directa a intervalos regulares. La rotación reduce la necesidad de iluminación artificial, principal coste de las granjas verticales cerradas, y homogeneiza el crecimiento. En paralelo, la operación está casi totalmente automatizada: robots recolectores, emisión de luz ultravioleta para controlar hongos y liberación dirigida de insectos beneficiosos forman parte del día a día.
El invernadero capta agua de lluvia a través de su cubierta acristalada —unos 760 metros de longitud— y la almacena en una laguna para riego. La compañía afirma que esta integración de procesos permite sostener producción a lo largo del año sin los picos energéticos y laborales que han lastrado a otras iniciativas del sector.
Energía circular: del digestor al invernadero
Junto al invernadero opera un digestor anaerobio que transforma cultivos energéticos y residuos en biogás. Con él se genera electricidad suficiente para alimentar la instalación y abastecer a unas 10.000 viviendas cercanas; además, el calor residual y el dióxido de carbono se capturan y se inyectan de vuelta al invernadero para optimizar la fotosíntesis y el control térmico. El digestato resultante se utiliza como fertilizante en el resto de la finca, cerrando el ciclo de nutrientes.
Este enfoque responde al contexto de una industria que, tras el auge de principios de los 2010 y la euforia de la pandemia, ha sufrido quiebras sonadas por costes eléctricos elevados, capital intensivo y escalado prematuro. Al apoyarse en luz solar gratuita y energía propia, Dyson Farming pretende reducir la exposición a la electricidad de red y a su volatilidad.
Rendimiento, calidad y precio en lineal
La empresa asegura que el sistema entrega 2,5 veces el rendimiento de un invernadero convencional, con una meta de 1.250 toneladas de fresas al año. En calidad, declara grados Brix por encima del 9% de forma consistente, un umbral asociado al pico del verano británico. El producto ya está en lineales de M&S y Ocado a £3,50 por 250 gramos; la prima sobre alternativas de supermercado se estrecha en verano y tiende a ampliarse en invierno, cuando el control climático exige más energía.
Iterar antes de escalar
Carrington es la segunda iteración de un proceso iniciado en 2021 con un invernadero de 15 acres y niveles simples, sin robótica. La instalación actual —a pesar de sus cifras— se plantea como prueba de concepto industrial: poner a prueba el modelo híbrido, validar costes y calidad en los meses fríos y, solo después, decidir su despliegue a mayor escala. La apuesta es explícitamente gradual: iterar con datos antes que expandir con promesas.
Más allá de las fresas: precisión y regeneración
La innovación se extiende al campo abierto. Con visión por cámara y maquinaria de precisión, Dyson Farming afirma haber reducido más de un 90% el uso de herbicidas, y aplica con mayor exactitud los fertilizantes procedentes del biogás. Sensores de humedad y datos satelitales guían riegos y seguimiento del suelo, mientras drones ayudan a proteger la fauna nidificante. En gestión ambiental, el grupo impulsa prácticas de agricultura regenerativa: cubiertas vegetales, agroforestería, pastoreo dirigido y restauración de hábitats. Cifran su cuidado en unos 390 kilómetros de setos, más de 10 kilómetros de muros de piedra seca rehabilitados, unos 12.000 árboles gestionados y 250 kilómetros de cauces.
Integrar flujos para ganar margen
La propuesta de Dyson Farming no intenta “ganarle al sol” con más vatios, sino encajarlo en un diseño que combine rotación mecánica, automatización útil y energía circular. Si el rendimiento y los costes se sostienen en invierno, el híbrido de Carrington puede marcar un punto de maduración para la agricultura vertical: luz natural cuando está disponible, biogás cuando no, y tecnología allí donde aporta margen. Para un sector que ha aprendido a base de tropiezos, la clave podría no ser más complejidad, sino mejor integración.








