El campo español en crisis un año después de las protestas agrícola

Las movilizaciones del campo español, que comenzaron hace un año como un eco de las protestas en otros países de la Unión Europea, han dejado huella en la política agraria del país. Sin embargo, a pesar de algunos avances, el sector agrario sigue sintiéndose vulnerable y no descarta organizar nuevas protestas. Este descontento se ha manifestado en varias ocasiones a través de tractoradas y bloqueos, reflejando la necesidad apremiante de cambios significativos.

Los inicios de la protesta

El 30 de enero de 2024, la situación se intensificó cuando los primeros tractores salieron a las calles en regiones como Extremadura y Zamora. Este movimiento fue coordinado mediante redes sociales y grupos de Whatsapp, lo que resultó en la creación de la plataforma independiente 6F. Aunque esta iniciativa ganó protagonismo en sus inicios, con el tiempo fue perdiendo fuerza.

Días después, las importantes organizaciones agrarias Asaja, COAG y UPA se unieron al clamor popular, cada una aportando su perspectiva y un calendario de protestas que buscaba visibilizar la crítica situación del sector. La Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos también participó, organizando cortes de carreteras y bloqueos en distintas localidades.

El respuesta del Gobierno

La presión ejercida por los agricultores obligó al Gobierno a sentarse a la mesa y negociar un paquete de medidas con el fin de abordar los problemas del campo. Esta negociación culminó con un acuerdo que solo fue firmado por UPA y Unión de Uniones, mientras que en la Unión Europea se tomaron decisiones que flexibilizaban la nueva Política Agraria Común (PAC).

A pesar de estos avances, las organizaciones agrarias han señalado que muchas cuestiones aún necesitan ser resueltas, y han advertido que no descartan futuras movilizaciones de carácter más específico, aunque posiblemente con menor intensidad que las que se vivieron en los primeros meses del año.

La perspectiva de Asaja

Según Juan José Álvarez, secretario de organización de Asaja, se han logrado ciertos avances en la simplificación de la PAC. Sin embargo, todavía persiste una burocracia considerable que afecta negativamente a la actividad agraria. Además, el incremento de los costes de producción sigue generando preocupaciones dentro del sector.

Álvarez destaca que hay problemas latentes relacionados con seguros agrarios y fiscalidad, así como sobre el agua y las cláusulas espejo en las relaciones comerciales con terceros países. También menciona el reciente acuerdo entre la UE y Mercosur, que ha sido perjudicial para algunos sectores.

Desafíos para la UPA y COAG

Desde la UPA, el vicesecretario general Cristóbal Cano considera que, a diferencia de hace un año, la situación ha mejorado gracias a un ambiente más flexible de la PAC. Aún así, subraya que hay asuntos estructurales que requieren atención continua, como la falta de relevo generacional y la rentabilidad de las explotaciones.

Por su parte, el secretario general de COAG, Miguel Padilla, ha calificado el actual paquete de medidas del Gobierno como «incompleto». Reitera la necesidad de seguir luchando contra la falta de jóvenes en el sector y los efectos adversos de los acuerdos comerciales, como los de Mercosur y la entrada de fondos de inversión.

La voz de Unión de Uniones

El coordinador estatal de Unión de Uniones, Luis Cortés, ha observado cómo las manifestaciones en Europa han forzado cambios en la política comunitaria. Según él, la UE ha tomado conciencia del descontento del sector agrario y ha procedido a realizar modificaciones significativas en algunas de sus normativas.

Cortés también ha puesto de manifiesto la importancia de implementar el principio de reciprocidad en el comercio agroalimentario, así como en los acuerdos con países como Mercosur. Aunque considera que las circunstancias actuales no propician una repetición de la intensidad de las protestas anteriores, no descarta que surjan nuevas movilizaciones enfocadas en demandas concretas.

El panorama en el sector agrario español sigue siendo complejo, lleno de retos y beligerancias. La búsqueda de soluciones efectivas a los problemas persistentes no solo es clave para la supervivencia de los agricultores y ganaderos, sino también para el futuro de la agricultura en el país. A medida que se discuten nuevos acuerdos y políticas, la pregunta permanece: ¿cómo responderá el sector a un entorno que cambia constantemente y en el que sus voces han encontrado resonancia en las calles? La reflexión sobre estas acciones y sus consecuencias está lejos de concluir.

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