El sector vitivinícola español está enfrentando un desafío fundamental en medio de un contexto de cambio climático. La necesidad de lograr un uso más eficiente del agua se torna crucial, especialmente ante la realidad de sequías más prolongadas e intensas. Esta preocupación ha sido uno de los ejes del debate en la reciente edición de la Barcelona Wine Week, un evento que reunió a los actores más influyentes de la industria vitivinícola para discutir sobre prácticas y estrategias innovadoras.
La importancia de la adaptación en el sector vitivinícola
Durante una mesa redonda dedicada al tema, el enólogo del grupo Raventós Codorníu, Diego Pinilla, enfatizó que el impacto de la sequía es «brutal». En su opinión, el sector necesita urgentemente un plan que permita adaptarse a la falta de agua. Ha destacado iniciativas como la de Raimat, que se ha posicionado a la vanguardia al implementar «big data» para optimizar el uso de recursos hídricos. Esta innovación permite que las bodegas puedan gestionar el agua de manera más eficiente.
Pinilla también compartió otros enfoques, como el uso de riego subterráneo en nuevas plantaciones, lo que permite ahorrar «hasta el 20 % de agua». La colaboración con las administraciones públicas y la implementación de nuevas infraestructuras son igualmente necesarias para enfrentar este reto.
Consumo eficiente de recursos hídricos
El director técnico y enólogo de Bodega Peralada, Delfí Sanahuja, resaltó la importancia de investigar e instaurar medidas que faciliten la planificación del riego, adaptándose a las necesidades específicas de cada viñedo y variedad de uva. Sanahuja subrayó la necesidad de un apoyo adicional a la irrigación, especialmente en años donde la sequía se vuelve crítica.
Por su parte, Ángel Anocíbar, enólogo y director de bodega de Abadía Retuerta, señaló un aumento notable de la temperatura media en su región, concretamente de 1,8 grados en los últimos 60 años. Esto ha llevado a un cambio en la recolección de uvas, que ahora tienen grados alcohólicos más altos. En su bodega, se sienten «afortunados» por poder utilizar agua del río Duero y complementan su estrategia con el uso eficiente de agua de lluvia acumulada a través de sensores que monitorean el suelo durante los ciclos de producción.
Aprovechamiento de cepas en tiempos de sequía
La adaptación de cepas viejas al cambio climático también ha sido un tema central en el encuentro. José Ramón Lissarrague, profesor de Viticultura en la Universidad Politécnica de Madrid, comentó que estos viñedos presentan «per se, cierta capacidad de adaptación a condiciones desfavorables». Esto se debe a su mayor proporción de raíces que se adentran más en el suelo, permitiendo así un mejor acceso a los recursos hídricos.
Los viñedos viejos resultan ser una apuesta interesante, ya que, en algunos casos, ofrecen rendimientos superiores a los de viñedos jóvenes. Esta tendencia ha sido adoptada por bodegas como Can Lleó, que han decidido reactivar la producción de viñas inactivas desde 1986, creando caldos ecológicos y accesibles. La enóloga Aina Mariné destacó que esta decisión no solo es atractiva, sino también responsable, alineándose con la necesidad de producción sostenible.
Innovaciones en viticultura
En el evento también se presentó la propuesta de Olga Colet, quien defendió la importancia de las cepas viejas que su familia ha cultivado durante generaciones. Bajo la marca de la DO Penedès, están obteniendo vinos que destacan por su calidad y características únicas. El Aniversari, un vino monovarietal de viña vieja elaborado con uva charelo, fue un ejemplo destacado de este esfuerzo, ofreciendo frescura y elegancia en cada copa.
Mientras el sector vitivinícola español navega por estos retos ecológicos y climáticos, también emerge una oleada de innovación y adaptación. Este enfoque renovado hacia la sostenibilidad y la eficiencia del uso del agua muestra que, aunque las dificultades son reales, hay soluciones creativas y efectivas que están comenzando a gestarse. Así, el futuro del vino en España parece seguir siendo tan vibrante como las propias cepas que lo producen, brindando a los viticultores la oportunidad de replantear sus prácticas en pro de una viticultura más responsable y resiliente. La intersección entre tradición e innovación señala un camino prometedor en la búsqueda de un equilibrio sostenible en la producción vitivinícola.
