Cádiz, 10 de septiembre de 2025. La presente campaña de recogida de uva en el Marco de Jerez se encuentra en su fase final, y los datos hasta el momento evidencian un notable descenso en la producción. Se han molturado aproximadamente 34,4 millones de kilos de uva, lo que representa un 45% menos que en el mismo periodo del año anterior, cuando se alcanzaron los 62 millones de kilos.
Impacto de la climatología en la cosecha
Las previsiones iniciales estimaban una baja entre el 30% y el 40%, pero la ola de calor sufrida en agosto ha agravado la situación. Este fenómeno climático, unido a la aparición de mildiu, un hongo que se ha desarrollado debido a las abundantes lluvias entre finales de 2024 y la primavera de 2025, ha mermado aún más una campaña ya complicada.
Todos los lagares del Marco de Jerez experimentan un descenso en la producción. En Jerez de la Frontera, principal zona productora con 19 bodegas, se han recolectado 22,3 millones de kilos, en comparación con los casi 40 millones del año anterior.
Datos comparativos en diferentes localidades
En Sanlúcar de Barrameda, conocida por sus vinos manzanilla, la cosecha ha llegado a los 4,2 millones de kilos, un 54% menos que en 2024, cuando se superaron los 9 millones. Por su parte, en Trebujena, tercera en volumen, han recogido 4,3 millones de kilos, lo que significa una disminución de 3,5 millones respecto al año anterior.
A pesar de que la caída es generalizada, en la localidad de Rota el descenso ha sido más moderado. Allí se han molturado 107.000 kilos, un 32% menos que los 158.000 kilos del año pasado.
Perspectivas para el futuro
Con la campaña de recogida de uva próxima a concluir, la situación plantea incertidumbres para los productores del Marco de Jerez. Los efectos combinados del clima adverso y las enfermedades en el cultivo han dado como resultado una cosecha significativamente inferior a la esperada, lo que podría impactar en la oferta y los precios de los vinos de la región en la próxima temporada.
Los datos presentados resaltan la importancia de la adaptación en las prácticas agrícolas ante cambios climáticos y la necesidad de estrategias para mitigar los daños causados por plagas, garantizando así la sostenibilidad del sector vitivinícola en el futuro.








