Las dietas poco saludables generan unos «costes ocultos» que ascienden a **8,1 billones de dólares anuales**. Esta cifra alarmante revela que casi la mitad de esos costes se deben a la falta de consumo de productos tan esenciales como **frutos secos, semillas y frutas**. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ha hecho un llamado a la acción urgentemente sobre esta problemática.
Costes ocultos de los sistemas agroalimentarios
Un informe reciente, titulado **»El estado de la agricultura y la alimentación (SOFA)»** en 2024, señala que los costes ocultos en términos globales de los sistemas agroalimentarios alcanzan los **11,6 billones de dólares**. De esta suma, un **70%** corresponde a patrones de consumo que incluyen **alimentos ultraprocesados, azúcares y un alto contenido en sodio**. Esta situación no solo afecta la salud de las personas, sino que también impone una enorme presión sobre los recursos naturales del planeta.
El documento destaca que, a pesar de ser una aproximación conservadora, los costes podrían ser incluso mayores. Efectivamente, intentar **valorar lo invisible** es una tarea compleja, lo que implica que la cifra puede no reflejar la real dimensión del problema. La FAO enfatiza que «poner un precio a algo invisible es complicado», lo que sugiere que debemos actuar antes de que la situación empeore.
Urgencia de una acción colectiva
Los hallazgos de este informe no son meras cifras; indican «la urgencia de la acción» ante un desafío que afecta a **todos los rincones del planeta**. Desde la FAO, se menciona que, aunque todos los países consumen cereales, la mayoría lo hace de manera inadecuada, especialmente al usar **demasiada sal** en sus alimentos. David Laborde, director de la División de Economía Agroalimentaria de la FAO, señala que este es un problema global que requiere atención inmediata.
Además, el informe analiza los patrones dietarios en **seis países**, entre los que se encuentran **Brasil y Colombia**. En estos países, se debe priorizar el aumento del consumo de productos vegetales y disminuir el uso de comidas procesadas que contienen aditivos y conservantes. Esto no solo beneficiará la salud pública, sino que también contribuye a una **mejor sostenibilidad ambiental**.
El cambio en las dietas y su impacto ambiental
En Brasil, se argumenta que cambiar la dieta es la estrategia más eficaz para mitigar los costes ocultos. Por otra parte, en Colombia es crucial **mejorar los sistemas agroalimentarios** para que sean más eficientes y alineados con los objetivos de sostenibilidad. Laborde destaca que es fundamental **incrementar la productividad** para proteger el territorio, una medida que no solo beneficia el medio ambiente, sino que también optimiza los recursos.
Argentina enfrenta una realidad diferente, con el alto consumo de **carne roja**, especialmente de productos procesados que presentan un **alto nivel de sodio**. Esta situación subraya la necesidad de adoptar hábitos alimenticios más saludables que respeten las recomendaciones nutricionales, partiendo de un enfoque más equilibrado en la dieta.
Compromisos necesarios para el futuro
El estudio concluye señalando que es imprescindible alcanzar **compromisos nacionales más ambiciosos** para abordar y reducir los costes ocultos generados por los sistemas agroalimentarios. Sin estos compromisos, la presión seguirá recayendo sobre los agricultores, quienes se ven atrapados en un sistema que muchas veces los deja desprotegidos.
Se requiere la participación activa de «buenos gobiernos, tanto públicos como privados», puesto que resolver estos costes ocultos puede implicar asumir ciertos **costes reales**. Sin embargo, el camino hacia una alimentación más sostenible y saludable requiere un esfuerzo colaborativo que incluya a todos los sectores de la sociedad.
El escenario actual nos invita a reflexionar sobre la forma en que nos alimentamos. La transición hacia dietas más saludables y sostenibles es un desafío que requiere compromiso y liderazgo. En este contexto, la responsabilidad no recae solo en los productores o en las políticas alimentarias, sino en cada uno de nosotros como consumidores en la búsqueda de un futuro más sostenible y saludable. Cada decisión que tomamos en nuestra alimentación puede tener repercusiones significativas a nivel global.
