Los pastos han experimentado una notable mejoría, sobre todo en Galicia y la cornisa cantábrica. Este fenómeno climático supone un alivio para la ganadería extensiva, que había enfrentado un invierno más seco de lo habitual. En este contexto, la lluvia se presenta como una bendición para muchos agricultores, pero, como veremos, no todos han salido beneficiados.
Un primer balance de la situación
La organización agraria COAG ha realizado un primer balance sobre el impacto que han tenido las lluvias ininterrumpidas de marzo, que se han registrado con un 143 % por encima de lo habitual en gran parte del territorio español. En general, las precipitaciones han aliviado la sequía, especialmente en el sur y el este peninsular, donde las reservas hídricas han incrementado un 14 %, según lo informado en un comunicado.
A pesar de que las lluvias han mejorado las reservas en cuencas clave como el Tajo, Duero, Guadalquivir y en Cataluña, donde los embalses superan el 70 % de su capacidad, también han generado serios contratiempos. Las zonas de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón, Galicia y Madrid reflejan una situación más favorable en cultivos de secano, incluyendo cereales, viñedo y olivar, gracias a la mayor humedad del suelo en este periodo crítico de inicio del ciclo vegetativo.
Daños en cultivos de Murcia y Andalucía
Sin embargo, Murcia y Andalucía han sufrido las consecuencias de las inclemencias del tiempo, incluida una fuerte humedad, inundaciones y vientos intensos. Todo esto ha impactado negativamente la producción hortícola tanto al aire libre como en invernadero. Según datos precisos, en Murcia más de 5,000 hectáreas de cultivos de lechuga, brócoli y coliflor se han visto afectadas, con pérdidas estimadas en 10 millones de euros.
En Andalucía, los daños se han centrado en cultivos de hortalizas y cereales en ciertas provincias, así como en caminos rurales de toda la comunidad. En Sevilla, por ejemplo, cultivos de secano como girasol o garbanzo aún no se han podido sembrar. Además, otros cultivos de invierno, como los cereales, están sufriendo enfermedades fúngicas y asfixia radicular debido al exceso de agua acumulada en el suelo.
Impacto en las cosechas y ganadería
La situación en el Bajo Guadalquivir es preocupante, ya que muchos cultivos están en riesgo de perderse, como los guisantes, que enfrentan problemas significativos debido a enfermedades radiculares provocadas por la podredumbre de las raíces. Además, el exceso de lluvias está afectando a los cultivos de brásicas, como coliflor y brócoli, restringiendo el acceso de maquinaria y trabajadores para la recolección, lo que complica aún más la situación.
El cultivo de frutos rojos en Huelva también ha sufrido. La alta humedad ha dañado muchas fresas, y aunque se ha visto un incremento en los precios, esto no compensa las pérdidas sufridas. Por si fuera poco, más de 200 hectáreas de invernaderos han sido afectadas por los fuertes vientos, lo que añade aún más dificultades a los agricultores de esta región.
Repercusiones y necesidades de apoyo
En Almería, las persistentes lluvias de marzo han causado daños en productos hortícolas tanto al aire libre como en invernaderos, incluyendo brócoli, pepino, pimiento, sandía y melón, justo cuando estos dos últimos se encuentran en plena fase de polinización. La situación es crítica y pone en riesgo la producción de alimentos en muchas zonas agrícolas del país.
A pesar de las mejoras en las reservas hídricas, que deberían facilitar el inicio de las campañas de riego sin restricciones significativas en áreas clave como el Valle del Ebro y el Guadalquivir, COAG advierte que el exceso de agua y los retrasos en las labores de campo podrían alteran la planificación de cultivos y cosechas de primavera. Por ello, la organización solicita apoyo urgente para los agricultores afectados por inundaciones y fenómenos meteorológicos adversos.
La agricultura española enfrenta retos nunca antes vistos, y la reciente combinación de abundantes lluvias y sus efectos colaterales subraya la necesidad de adaptabilidad frente al cambio climático, tal como lo demuestra esta situación crítica. Reflexionar sobre cómo gestionar estas condiciones es un paso fundamental hacia el futuro sostenible de la agricultura en nuestro país.








