Pueblos en clave digital arrasa en el rural gallego: 19 nuevas formaciones y un septiembre decisivo

La digitalización ya no es una promesa lejana, es una maleta que llega a la plaza del pueblo.
El programa “Pueblos en clave digital”, impulsado conjuntamente por FADEMUR y UPA dentro de la iniciativa
Reto Rural Digital del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y financiado por la
Unión Europea a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, ha dado un golpe de efecto:
tras un verano de actividad en Galicia, septiembre se convierte en el mes que lo cambia todo. 5 de septiembre de 2025,
y el mensaje es claro: el rural no se queda atrás, el rural acelera, el rural se conecta.

Un verano de aprendizaje en Galicia que rompe inercias

Este verano no fue uno más en la agenda de los pueblos gallegos. Fueron cuatro formaciones celebradas y cuatro empujones
que necesitaban muchas personas para atreverse con lo digital: Val do Dubra (A Coruña), Ribeira de Piquín (Lugo),
A Laxe (Lugo) y As Nogais (Lugo) marcaron el camino. No fueron charlas al uso, no fueron sesiones para la foto:
fueron talleres prácticos, con versión online y presencial, pensados para tocar teclado, para preguntar sin miedo,
para repetir lo necesario hasta que la pantalla deje de imponer y empiece a invitar.

La clave es la mezcla: presencial para quienes necesitan acompañamiento cercano y online para quienes ya tienen un primer
manejo o viven más dispersos. La clave es la constancia: volver al mismo pueblo, al mismo local social, a la misma aula,
hasta que la brecha deje de ser excusa y pase a ser historia.

El dato que desmonta el mito: 70% de mayores de 65

Durante años nos contaron que lo digital era “cosa de jóvenes”. Este programa lo desmiente con un dato contundente: el
70% de las personas asistentes tenía más de 65 años. Siete de cada diez. Siete de cada diez dispuestos a aprender, a dar el paso,
a pedir una cita médica por internet, a enviar una foto del huerto a la familia, a pagar un recibo sin coger el coche.

La imagen que queda tras cada taller es poderosa: manos que han trabajado la tierra durante décadas ahora deslizan con seguridad
por una pantalla; miradas que desconfiaban del “clic” ahora lo buscan; voces que no se atrevían a preguntar ahora explican a otras
personas cómo hacerlo. Reducir la brecha digital es esto: convertir la duda en hábito, la distancia en rutina, el miedo en autonomía.

Ellas abren camino: 77% de participación femenina

Otro dato que lo cambia todo: el 77% de quienes asistieron fueron mujeres. Ellas, una vez más, tiran del carro. Ellas organizan,
convocan, apuntan en la libreta, preguntan por su vecina que no pudo venir, comparten apuntes, regresan a la siguiente sesión con más
dudas —y con más ganas—. La implicación femenina no es anecdótica, es motor. Es el termómetro que marca que el cambio ya está en marcha
y que las oportunidades digitales —formación, trámites, emprendimiento, comercialización— pueden y deben llevar nombre de mujer rural.

Septiembre lo acelera todo: 19 formaciones, 13 municipios, cinco nuevas CC.AA.

Tras la primera fase, llega el sprint. En septiembre se han planificado 19 nuevas formaciones en 13 municipios distribuidos por
A Coruña, Badajoz, Córdoba, Cuenca, Granada, Lugo, Murcia, Palencia, Sevilla y Toledo. Traducido: además de seguir en Galicia
(A Coruña y Lugo), el programa aterriza en otras cinco comunidades autónomas clave para el reequilibrio territorial —Extremadura,
Andalucía, Castilla-La Mancha, Región de Murcia y Castilla y León—. Es un mapa que se despliega y que dice mucho con muy poco:
no se trata solo de “dar cursos”, se trata de tejer una red de puntos de apoyo donde más falta hace.

No hablamos de grandes capitales; hablamos de municipios que, muchas veces, quedaron fuera del radar de la digitalización real.
Hablamos de pedanías, parroquias, aldeas y barrios rurales donde una sesión bien orientada ahorra viajes, rompe dependencias y abre
oportunidades. Hablamos de 19 pasos concretos que, uno detrás de otro, dibujan una tendencia: el rural decide entrar en la habitación
digital por la puerta grande.

¿A quién va dirigido? A quien más lo necesita, en el lugar donde vive

La vocación del programa es meridiana: está diseñado para personas que residen en municipios de hasta 5.000 habitantes; para
entidades locales menores —pedanías, parroquias, barrios rurales o aldeas— incluso si pertenecen a municipios mayores; y para
núcleos de población dispersos en términos municipales de más de 20.000 habitantes. Es decir, allí donde la baja densidad complica
el acceso y donde la logística suele jugar en contra, “Pueblos en clave digital” pone el foco.

Esta definición no es casual: asegura que la formación llegue al último kilómetro, al caserío que no sale en el mapa, al vecino que aún
guarda el móvil en un cajón, a la pareja que regresa al pueblo y quiere emprender sin renunciar a vender online. Porque la inclusión digital,
si no es rural, no es inclusión. Y porque la cohesión territorial se construye con decisiones como esta: ir donde cuesta, insistir donde
urge, quedarse hasta que funcione.

Objetivo inmediato: 300 personas más conectadas

Las previsiones son claras: alrededor de 300 personas participarán en estas nuevas sesiones en los próximos meses.
Trescientas historias, trescientas puertas abiertas, trescientas pequeñas victorias. No son números fríos, son nombres y apellidos que,
a partir de ahora, podrán pedir una ayuda, tramitar una receta, consultar una notificación, defender un derecho, vender un producto o
hablar en vídeo con alguien que está lejos. Trescientas personas que pasan de espectadoras a protagonistas en la vida digital cotidiana.

Lo que está en juego: del trámite al servicio, de la soledad a la conexión

Cada formación es mucho más que un temario: es una llave. Es la llave que abre servicios esenciales —salud, administración, banca, consumo—
desde el propio pueblo. Es la llave que reduce la dependencia de terceros y que recorta tiempos, costes y frustraciones. Es también un antídoto
contra la soledad no deseada: chatear, ver a la familia, compartir fotos, unirse a un grupo de aficiones… la conexión digital
también es conexión social.

Y hay una idea que atraviesa el programa de principio a fin: la tecnología no tiene edad. La tecnología no tiene edad, cuando se enseña
bien y paso a paso. La tecnología no tiene edad, cuando se adapta al ritmo de cada persona y a la realidad de cada pueblo. Con cada taller,
con cada ejemplo práctico, con cada duda resuelta, se confirma lo evidente: lo digital puede y debe ser un aliado para quedarse en el pueblo
con todas las garantías de acceso a oportunidades.

Un método que funciona: práctico, cercano y con seguimiento

El enfoque combina sesiones presenciales y online para acompañar de cerca y, a la vez, facilitar continuidad.
Se prioriza lo útil: gestionar una cita previa, reconocer un intento de estafa, instalar una app de comunicación, descargar un documento,
hacer una videollamada, enviar una foto. Lo que importa no es acumular teoría, sino ganar autonomía. Lo que importa no es “saber de ordenadores”,
sino usar la tecnología para vivir mejor.

Por eso muchas personas han participado por primera vez en talleres de este tipo. Y por eso repetirán. Porque la primera barrera es
el miedo, y la primera victoria es la confianza. A partir de ahí, todo fluye: se pregunta más, se practica más, se comparte más. El aprendizaje
se queda en el pueblo, se multiplica en la familia, rebota en el comercio local y refuerza las redes de apoyo.

Septiembre como punto de inflexión

“Pueblos en clave digital” sigue avanzando y, con septiembre, acelera. Galicia ya ha demostrado que la fórmula funciona; ahora,
cinco comunidades autónomas más se suman al impulso con 19 nuevas formaciones en 13 municipios. El objetivo inmediato —300 personas más conectadas
es tangible y transformador. Y el mensaje que queda es potente, repetible, necesario: el rural no es un espectador de la digitalización;
el rural es protagonista. La tecnología no tiene edad, no tiene fronteras, no tiene por qué exigir código postal urbano.
Con cada formación, con cada vecina y vecino que se suma, el país se equilibra, los servicios se acercan y la vida en los pueblos
gana futuro.

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