La presidenta del Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA), María José Hernández, enfatiza la necesidad de simplificar la Política Agraria Común (PAC), destacando su compromiso por ayudar a los agricultores a acceder a las ayudas de esta política. Este organismo, que celebra 30 años de historia, se enfrenta a importantes retos como la digitalización e integración de información en el sector agrícola.
Retos y ayudas en la agricultura
Cada año, el FEGA trabaja arduamente para garantizar que los agricultores perciban las ayudas de la PAC, que en España superan los 7.000 millones de euros anuales. Este esfuerzo se complementa con gestiones adicionales, como el apoyo ante situaciones adversas, como la dana de octubre pasado, la sequía y la guerra en Ucrania.
Además de sus responsabilidades financieras, el FEGA también se preocupa por ofrecer apoyos educativos y formativos. Hernández señala: «Hemos puesto una serie de apoyos a disposición de organizaciones agrarias y cooperativas, que están muy cerca de los agricultores, para ayudarles en la formación y el asesoramiento, incluidos incentivos económicos».
Modernización digital en la PAC
La digitalización es un pilar fundamental en la gestión de la PAC desde hace años. Desde 2015, la presentación de solicitudes debe realizarse de forma telemática, lo que muestra un avance en la modernización del sector. La presidenta del FEGA también resalta la importancia del Sistema de Información Geográfica de Parcelas Agrícolas (Sigpac) y del Sistema de Gestión de Ayudas (SGA) como herramientas clave.
El Sistema de Información de Explotaciones Agrarias (SIEX) es otra de las iniciativas que se están implementando para integrar toda la información del sector agrícola en una única plataforma digital. Esta simplificación busca mejorar la toma de decisiones de los productores y está basada en un registro de explotaciones y un cuaderno digital, que se ha convertido en voluntario para que los agricultores lo vean como una herramienta útil y no como una obligación.
Más de 30 años de historia
El FEGA fue creado en 1995, en un momento en el que se transferían competencias de agricultura a las comunidades autónomas y España se adaptaba a las normativas de la Unión Europea. Originalmente, contaba con más de 2.000 empleados y 885 silos y graneros, pero con el tiempo, su personal se ha reducido a 217, compuesto por veterinarios, agrónomos, informáticos, juristas y personal administrativo.
El equipo actual ha sabido adaptarse a los cambios en la PAC y, a lo largo de estos años, ha colaborado estrechamente con el sector agrario, brindando apoyo y acompañamiento en las diferentes transformaciones del sector.
Compromiso con los agricultores
En este momento, el FEGA también juega un papel importante como organismo pagador. Aunque se considera un «organismo pagador pequeño» que ya no gestiona muchas ayudas directamente, desde mayo de 2022 han desembolsado 1.230 millones de euros a más de 550.000 productores, demostrando así su compromiso de estar al lado del sector en tiempos de necesidad.
La colaboración con otras administraciones para garantizar que las ayudas lleguen a los agricultores lo antes posible es una de las prioridades de Hernández. Se agradece el esfuerzo del equipo para cumplir con este objetivo en plazos ajustados.
Futuro del FEGA
En el contexto de su trigésimo aniversario, el FEGA ha programado una serie de actos en su sede principal en Madrid, así como en el Castillo de Arévalo, en Ávila. Estos eventos incluirán reuniones con los directores de organismos pagadores de las comunidades autónomas y encuentros con representantes de la Unión Europea.
Durante el año también se llevarán a cabo actividades para el público en general, incluyendo visitas escolares al Castillo de Arévalo y una exposición en la sede del Ministerio en mayo, en el marco de la celebración de San Isidro, para visibilizar la historia y el trabajo realizado por el FEGA.
La historia del FEGA y su evolución en estos 30 años representan no solo un testimonio del cambio en la agricultura en España, sino también un futuro en el que la digitalización y la sostenibilidad juegan un papel fundamental. ¿Cómo seguirán adaptándose a las necesidades del sector agrícola en un mundo en constante cambio? La respuesta a esa pregunta podría ser crucial para los próximos años en la política agraria y en la vida de los agricultores.
