La profesión veterinaria ha decidido unirse en Madrid para expresar sus demandas. Este colectivo, poco dado a la protesta, ha asumido un papel activo al organizar una serie de manifestaciones que comenzaron este miércoles. Se sienten abrumados por una lista de quejas y problemas que los ha llevado a iniciar una revolución de batas verdes. La situación actual de la regulación que les afecta es considerada insostenible.
Revolución de batas verdes
Centenares de veterinarios y auxiliares de veterinaria, junto con otros colectivos asociados, se concentraron a las puertas del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Su demanda principal es un «ómnibus» normativo que revise y mejore las regulaciones vigentes. En su benévola misión, buscan ser considerados como un servicio sanitario más, alineándose con la filosofía de «One Health» (Una Salud), argumentan que esto es crucial para la salud de los animales y de los humanos.
Motivaciones detrás de la protesta
El detonante de estas movilizaciones fue la nueva normativa que, desde principios de este año, obliga a los veterinarios a registrar oficialmente mediante la herramienta PresVet todos los antibióticos que prescriben. Este cambio se ha percibido como un punto de inflexión, ya que ha incrementado la burocracia y ha limitado el criterio médico, afectando directamente la calidad de atención a las mascotas.
Las demandas son amplias: desde derogar el decreto sobre la prescripción y dispensación de medicamentos (666/2023) hasta reformar el Real Decreto 1/2015 que regula el uso racional de fármacos. También solicitan la posibilidad de dispensar tratamientos completos sin necesidad de depender de las farmacias, y, en un tono aún más crítico, proponen la reducción del IVA al 10%.
Voces de los veterinarios
Ana Isabel Benetó, una veterinaria proveniente de Valencia, relató sentirse «atenazada» al momento de diagnosticar y prescribir antibióticos. Su principal preocupación recae en las posibles sanciones excesivas que podrían derivarse de un error. En el pasado, la dispensación era más accesible porque podían proporcionar la medicación directamente a sus pacientes, algo que es común en otros países europeos.
Elena Ramírez, auxiliar veterinaria en Sevilla, agregó que el nuevo decreto es «un retraso» tanto para los profesionales como para la salud de los animales. Criticó que los veterinarios ahora deben hacer que sus pacientes recorran múltiples farmacias para obtener medicamentos necesarios, lo que incrementa el riesgo para los animales. «Tenemos fármacos a nuestra disposición y no los podemos dispensar. Eso es inaceptable», enfatizó.
Desde Cáceres, Luis Díez también hizo eco de este descontento, expresando que la normativa actual «limita nuestro criterio profesional». Este sentimiento de intervención en su labor ha llevado a muchos a cuestionar si deberían ser considerados parte del sistema de salud pública, bajo el ámbito del Ministerio de Sanidad.
Una protesta reivindicativa
La concentración ha llamado la atención de turistas y viandantes que paseaban por el centro. Entre cánticos como «Esta pastilla no nos la tragamos» y «Si no puedo prescribir, tu mascota va a morir», los veterinarios han mostrado su descontento. Además, varios de ellos han acudido disfrazados de animales para enfatizar su mensaje y aumentar la visibilidad de su causa.
Este ambiente de protesta ha dado voz a un colectivo que, tradicionalmente, había permanecido en la sombra, pero que ahora busca hacer escuchar su mensaje y recibir el apoyo que consideran necesario para el ejercicio de su profesionalidad y la salud animal.
En esta era de cambios rápidos y complejos en la normativa, es vital que se escuchen todas las voces, especialmente aquellas que se dedican al cuidado de los seres vivos. Profundizar en estas conversaciones y continuar la búsqueda de mejores regulaciones puede llevar a un futuro más saludable y eficaz tanto para los prácticos como para sus pacientes.
