HiveTracks plantea convertir a las abejas en el biosensor definitivo de la naturaleza: así vigila la salud de ecosistemas enteros

A veces lo más interesante no es una tecnología nueva, sino la idea que rescata del ruido. En el caso de HiveTracks, unas cuantas abejas y bastante datos están sirviendo para mirar un ecosistema con otros ojos: no solo como un lugar que hay que cuidar, sino como un sistema que se puede medir, seguir y, si todo sale como promete, convertir en decisiones útiles para empresas, agricultores y gestores del territorio.

La historia arranca con Max Rünzel, que entró en Naciones Unidas siendo joven economista con la ambición de cambiar el mundo deprisa. Tardó menos de un año en chocar con la realidad. Luego se cruzó con una charla del profesor estadounidense James Wilkes, científico informático y apicultor, que mostraba cómo los datos de las colmenas podían ayudar a cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Ahí se encendió la chispa. Rünzel se acercó, se alió con Laura Dye y acabaron dando forma a HiveTracks. Y sí, la idea tiene algo de inesperado: usar abejas para leer la salud de un paisaje entero.

Las abejas no solo hacen miel. También cuentan historias

HiveTracks se presenta como un grupo de “frikis de la naturaleza y constructores” empeñados en hacer que los datos sobre biodiversidad sirvan de verdad para algo. La empresa ya trabaja en unos 150 países, con 20.000 apicultores y más de 100 organizaciones, y su objetivo declarado es cuantificar aquello que hasta ahora no se había cuantificado.

Lo que más le llamó la atención a Rünzel fue justamente eso: un sistema que casi nadie mira de frente, pero del que todo el mundo depende. Las abejas están ahí, zumbando en segundo plano, mientras el resto del mundo sigue funcionando como si nada. Pero detrás de ese ruido hay información. Mucha.

La compañía ha movido ficha en dos direcciones a la vez. Por un lado, ofrece una herramienta de inspección para apicultores, que les ayuda a entender qué está pasando dentro de la colmena y qué medidas pueden tomar para mantenerla sana. Por otro, tiene otra herramienta para gestionar hábitats, midiendo la diversidad y la abundancia de polinizadores y plantas. Juntas, esas dos piezas permiten a empresas y organizaciones hacerse una idea bastante más seria de si están avanzando o no hacia sus objetivos ambientales.

Una colmena como biosensor. Suena raro, pero tiene lógica

Rünzel resume la idea con una imagen muy potente: la colmena funciona como un biosensor. Las abejas forrajean en unas 10.000 acres, así que el área de observación no se limita a un punto exacto, sino a un territorio bastante amplio. Esa visión sirve tanto para quien cuida una explotación apícola como para quien necesita medir el impacto de una actividad sobre el entorno.

Para un apicultor, el atractivo es bastante directo: si la población de la colmena es baja o las reservas de alimento escasean, quiere saber qué pasa y qué hacer después. Para una constructora o una empresa de la cadena de suministro, el incentivo cambia, pero no pierde fuerza. A veces ya están haciendo cosas —reducir pulverizaciones, plantar vegetación, modificar el manejo de una parcela—, pero no tienen datos suficientes para contarlo con credibilidad.

También hay una razón más pragmática, casi de mercado. Cuando un promotor quiere acceder a nueva tierra o firmar un arrendamiento largo, el propietario puede preguntar lo obvio: si te cedo esta finca durante 75 años, ¿cómo me demuestras que no la vas degradando? Ahí es donde un sistema de seguimiento empieza a valer dinero. Y, ojo, no solo por imagen.

Del dato bonito al dinero de verdad

La otra pata del negocio está en convertir observación en valor económico. HiveTracks quiere ayudar a monetizar los cambios en la naturaleza y, al mismo tiempo, ofrecer herramientas para anticipar riesgos como la sequía o las modificaciones en el uso del suelo. La ambición no se queda en una parcela concreta: la empresa habla también de recomendaciones a escala de política pública o de país, capaces de mover de verdad el equilibrio de los ecosistemas.

La compañía insiste en que no se trata solo de recopilar cifras. Lo que les interesa a las empresas grandes es saber qué prácticas tienen más impacto ambiental en sus explotaciones o en sus fincas y qué pasa cuando cambian el manejo. Ahí es donde el dato deja de ser una foto bonita y pasa a ser una guía de decisiones. Más seco, más útil. Más caro, si se hace bien.

Los primeros clientes, según Rünzel, han llegado precisamente desde la agricultura regenerativa y sostenible. Llevan dos o tres años haciendo cambios, pero no pueden demostrarlo ni contarlo con precisión. HiveTracks entra ahí para poner orden en la historia. Y eso, en un sector donde la trazabilidad cada vez pesa más, no es poca cosa.

En el Reino Unido, donde el sistema de ayudas tras el Brexit recompensa beneficios ambientales, la empresa cree que su modelo puede ayudar a los agricultores a acceder a subvenciones porque, por fin, podrían cuantificar esos efectos. Para eso han montado un proceso de recogida de datos que se pueda auditar de principio a fin.

Las imágenes se capturan con un smartphone, quedan marcadas con hora, ubicación y elevación, y luego la inteligencia artificial identifica la especie. Después entra una persona para comprobar si el sistema ha acertado. Esa combinación de IA y validación humana es la que les da la base para defender que los datos sirven en esquemas de ayudas o en cualquier otro sistema que exija pruebas sólidas.

La apuesta, al final, va de eso: de medir mejor para decidir mejor. De saber si conviene plantar algo, cambiar el calendario de siega o ajustar el manejo para ganar tolerancia a la sequía o mejorar la fijación de nitrógeno. No suena especialmente romántico, pero puede ser muy poderoso.

HiveTracks todavía habla en futuro cuando menciona su marketplace y la posibilidad de convertir los cambios en la naturaleza en una especie de cobertura frente a riesgos ambientales. La pregunta, a estas alturas, no es si el sector irá hacia ahí, sino cuándo y con qué herramientas. Nosotros estaremos atentos.

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