Corea del Sur ve cerrar granjas lecheras: el peor dato desde la crisis del FMI por fallos políticos y costes al alza

A veces el problema no está en la botella de leche, sino en todo lo que pasa antes de que llegue al supermercado. En Corea del Sur, el campo lechero lleva cinco años encajando golpe tras golpe y el resultado ya se ve negro sobre blanco: han cerrado 834 explotaciones, el 13,7% del total. Y lo que más preocupa no es solo el número, sino la sensación de que la rueda sigue girando en la dirección equivocada.

Un informe de la Asociación de Ganaderos de Leche y Vacuno de Corea, publicado el 16 de junio, pinta un sector al límite. Los costes de producción se han disparado, el precio que reciben los ganaderos por la leche no ha subido al mismo ritmo y, para rematar, los procesadores han recortado compras a la producción local pese a que antes se habían lanzado mensajes de estabilidad. El cóctel, como imaginará cualquiera, no invita precisamente al optimismo.

Una cuenta que no sale ni apretando los dientes

La radiografía económica que ofrece el sector es durísima. Entre 2021 y 2025, el coste medio de producir un litro de leche aumentó en 171 wones, unos 0,11 dólares. Pero el precio en origen solo reflejó el 51,5% de esa subida. Dicho de otra forma: los ganaderos han asumido el resto por su cuenta, y ya no queda mucho margen para seguir tragando.

El golpe ha sido especialmente fuerte en las explotaciones pequeñas, las que tienen menos de 50 vacas. Representan el 41% del total y, según la asociación, muchas han acabado atrapadas en pérdidas sostenidas. En su caso, el coste de producción subió en 280 wones por litro, una cifra que ya supera el precio medio de la leche de consumo. Así es muy difícil no entrar en números rojos.

La deuda tampoco ayuda a respirar. La media por explotación supera los 500 millones de wones, unos 324.872 dólares, mientras que el endeudamiento por vaca creció un 45,6% y los pagos de intereses se dispararon un 68,6%. Cuando una actividad ya va justa, el crédito puede ser un salvavidas; cuando se acumula demasiado, se convierte en una losa. Y aquí la losa pesa de verdad.

El dedo acusador no apunta donde algunos quieren

La asociación también ha cargado contra el relato que culpa a los ganaderos de encarecer la leche para el consumidor. Su análisis sostiene que cerca del 70% de las subidas del precio de la leche en las dos últimas décadas se han producido en el procesamiento y la distribución, no en la fase de producción. Es decir, el problema no estaría en la sala de ordeño, sino en el camino que la leche recorre después.

Y ahí aparece otro dato incómodo: los márgenes de distribución de la leche en Corea del Sur alcanzan el 35,1%, aproximadamente el doble que en Japón y varias veces más que en Estados Unidos. La asociación también rechaza la idea de que el alza de la leche cruda esté empujando la inflación alimentaria en general. Argumenta que los ingredientes lácteos solo representan entre el 1% y el 7% y que, además, suelen ser importados.

Lo que más irrita al sector es que, mientras la producción doméstica se ahoga, las importaciones han ganado terreno. En 2022, las empresas lácteas utilizaron 505.000 toneladas de productos importados, alrededor del 20% del total de importaciones, más del doble que las 250.000 toneladas de leche nacional destinadas al procesamiento. La lectura que hace la asociación es clara: los procesadores han ido hacia lo más barato y eso ha terminado debilitando todavía más a los productores locales.

“Los recientes reportes de los medios, basados en fundamentos incorrectos, no hacen más que repetir las tesis centradas en la industria láctea, que culpan a los ganaderos de los precios minoristas y de los problemas de oferta y demanda”, afirmó Lee Seung-ho, presidente de la asociación. Y añadió que la causa de fondo de los altos precios al consumidor no está en el origen, sino en una estructura de distribución inflada. Mientras tanto, dijo, las explotaciones están al borde del colapso por el aumento de costes y la reducción de volúmenes.

La petición: oxígeno ahora, reformas después

Con el agua al cuello, la asociación pide al Gobierno una respuesta que vaya más allá de los parches. Quiere medidas urgentes para evitar la caída del sector y reclama presupuesto para garantizar 200.000 toneladas de leche cruda local destinadas al procesamiento. En otras palabras: que la producción nacional tenga salida real y no se quede mirando cómo el mercado se la come por los bordes.

También exige alivio financiero para los ganaderos que aguantan como pueden. Entre sus propuestas figuran ampliar al menos tres años los plazos de devolución de los préstamos, reducir la carga de los intereses y ofrecer compensaciones razonables a los productores mayores y a los pequeños que salgan de la actividad. No estamos hablando de una mejora cosmética, sino de intentar evitar una desbandada mayor.

La asociación va más lejos y pide al Parlamento que revise a fondo los márgenes excesivos de distribución y actúe contra las prácticas desleales de los procesadores, especialmente cuando reducen compras de forma arbitraria. A largo plazo, además, plantea un cambio de modelo: un sistema de gestión de la oferta liderado por los propios productores, parecido a los consejos de comercialización de leche que funcionan en países como Japón y Canadá. Suena ambicioso. Y ojo, porque también suena a intento de rehacer el tablero desde cero.

Por ahora, el sector lechero surcoreano sigue en esa cuerda floja en la que cualquier tirón puede hacerle perder el equilibrio. Habrá que ver si la respuesta institucional llega a tiempo, y si llega de verdad con medidas que cambien algo más que el discurso.

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