OneSoil quiere acabar con el exceso de datos en el campo con su AI Agronomist

A veces lo más interesante no es añadir más pantallas, sino quitar ruido. Y justo ahí es donde OneSoil ha movido ficha: la agtech suiza ha lanzado AI Agronomist, un asistente dentro de su plataforma que promete traducir el aluvión de datos agrícolas en una sola respuesta útil para el agricultor. La idea es simple, casi desarmante: menos dashboards, más decisiones. Y sí, en un campo cada vez más digitalizado, eso puede cambiar bastante el juego.

La compañía llega a este lanzamiento después de una ronda de 1 millón de euros con apoyo de sus inversores actuales, entre ellos Almaz Capital, PortfoLion, Bulba Ventures y el emprendedor tecnológico Yuriy Melnichek. Con ese respaldo, OneSoil quiere atacar uno de los grandes atascos de la agricultura de precisión: hay datos de sobra, pero entenderlos sigue siendo otra historia.

Menos pantallas, más sentido común

La queja de fondo es bastante reconocible para cualquiera que gestione una explotación agrícola medianamente compleja. Entre imágenes de satélite, apps del tiempo, sistemas de gestión, datos de maquinaria y registros agronómicos, el panorama acaba pareciendo un cajón lleno de papeles, pero en versión digital. Mucha información. Poco alivio.

OneSoil sostiene que en una explotación de 1.000 hectáreas con varias parcelas, el agricultor puede verse obligado a saltar entre varias herramientas al mismo tiempo y, aun así, seguir necesitando interpretación experta para sacar conclusiones útiles. La empresa cree que ese esfuerzo diario consume tiempo justo cuando los márgenes están ajustados y la presión operativa aprieta.

Su respuesta es AI Agronomist, un asistente que se coloca por encima de esa maraña de datos y los convierte en una conversación. El usuario puede preguntar cosas tan simples como “¿Qué ha cambiado en las últimas 48 horas?” y recibir una síntesis en lenguaje natural. La promesa es pasar de navegar por paneles a hablar con el sistema, como si el software dejara de exhibir datos para empezar a explicarlos.

Además, la herramienta no espera siempre a que el agricultor pregunte. También detecta señales de posibles encharcamientos, riesgos de plagas o zonas que rinden por debajo de lo esperado, y sugiere siguientes pasos. La empresa insiste en que el objetivo no es sustituir al criterio humano, sino ayudar a llegar antes a una decisión razonada.

La IA no llega sola: viene cargada de satélites

Lo que OneSoil quiere vender no es solo una capa de chat, sino la base que hay debajo. El sistema combina modelos de lenguaje con inteligencia artificial visual entrenada con el conjunto de datos satelitales que la empresa ha ido acumulando desde su fundación en 2017. A eso suma modelos propios para detectar límites de parcelas, identificar cultivos y analizar zonas de productividad.

Katya Kheistver, directora de producto y de operaciones, explica que durante años la compañía ha ido aprendiendo a procesar datos de satélite y a extraer información agrícola relevante. Ahora, dice, ese conocimiento se ha trasladado al agente. La clave, según la propia empresa, es que los mensajes y flujos de trabajo han sido afinados por agrónomos internos para que las recomendaciones no suenen a IA genérica disfrazada de asesoría.

Ese detalle cambia bastante el tono del producto: no se presenta como un robot que “sabe de todo”, sino como una capa que intenta aterrizar señales técnicas en lenguaje de campo. Y eso, en agricultura, importa más de lo que parece. Porque una alerta sin interpretación sirve de poco si no termina en una acción concreta.

La empresa también deja claro que AI Agronomist no quiere comerse a los sistemas de gestión agrícola ya existentes, sino convivir con ellos. Plataformas como Climate FieldView o xarvio ayudan a planificar y registrar tareas, pero OneSoil sostiene que todavía obligan al usuario a hacer el trabajo mental duro. Su propuesta es actuar como una capa de asesoramiento: leer, cruzar e interpretar los datos por el agricultor.

Un copiloto para el campo que mira a varios frentes

OneSoil ve recorrido tanto en mercados emergentes como en economías más maduras. En países como Kenia, Tanzania o India, donde el acceso a asesoramiento agronómico puede ser limitado o caro, la empresa cree que este asistente podría acercar un apoyo que hasta ahora no estaba al alcance de todos. En paralelo, en mercados más avanzados, el problema ya no es solo la falta de información, sino la falta de manos, tiempo y margen para procesarla.

Ahí entra una realidad que muchos agricultores conocen bien: menos personal, más costes y decisiones que no admiten demora. Con los precios de los insumos bajo presión y la mano de obra más escasa, automatizar parte del soporte a la decisión puede ayudar a mantener rendimientos sin disparar el gasto. O, al menos, esa es la apuesta de la empresa.

El usuario al que apunta OneSoil es, sobre todo, un agricultor pequeño o mediano que no cuenta con un agrónomo propio. Para ese perfil, la plataforma quiere ofrecer acceso inmediato a orientación específica para cada parcela, a partir de los datos disponibles y de la información que aporte el propio usuario. La idea es que la herramienta se acerque al campo, no al revés.

Y la plataforma no parte de cero. OneSoil afirma contar con 1,16 millones de usuarios en todo el mundo, incluidos unos 140.000 agricultores activos que gestionan más de 70 millones de hectáreas, alrededor del 4 % de la tierra cultivable del planeta. Además, trabaja con clientes corporativos como Corteva, BASF, Cargill y Bayer, una señal de que el interés por traducir datos complejos en decisiones útiles ya no es un capricho, sino una necesidad de mercado.

Según informes de usuarios, sus herramientas han ayudado a ahorrar entre 10 y 85 dólares por hectárea, en función del cultivo. Ahora la empresa espera que la nueva capa de asesoramiento con IA refuerce todavía más ese argumento económico. Habrá que ver cuándo aterriza de verdad en el día a día y si consigue lo más difícil: ser útil sin añadir otra pantalla más. Nosotros, desde luego, estaremos atentos.

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