Resurrect Bio y Bejo atacan el mildiu de la espinaca con una nueva apuesta por inmunidad duradera

A veces lo más interesante en agricultura no es inventar una resistencia nueva, sino despertar la que ya estaba ahí. Eso es, precisamente, lo que persiguen Bejo y Resurrect Bio con una alianza centrada en la espinaca y en uno de sus viejos enemigos: el mildiu velloso, una enfermedad que no entiende de campañas ni de fronteras y que complica a los productores en medio mundo.

La colaboración une dos piezas que encajan bastante bien: por un lado, la experiencia de Bejo en mejora vegetal; por otro, la plataforma de Resurrect Bio para buscar rasgos de resistencia mediante edición génica e inteligencia artificial. El objetivo es encontrar mecanismos de defensa frente al patógeno que puedan ayudar a desarrollar variedades de espinaca más resistentes, más estables y, en teoría, más duraderas en el campo. Y sí, esa última parte es la clave: que la resistencia no se rompa a la primera de cambio.

La IA entra donde antes solo había ensayo y error

Resurrect Bio ha convertido su tecnología en una especie de radar para rastrear defensas dormidas dentro del genoma de los cultivos. La idea no pasa por meter rasgos totalmente nuevos, sino por localizar puntos donde la planta perdió o debilitó su capacidad de respuesta frente a los patógenos y reactivar esas rutas naturales de protección. Suena a ciencia ficción de laboratorio, pero la empresa lo presenta como un atajo frente al mejoramiento convencional.

Ese planteamiento le ha dado visibilidad comercial a la compañía, que hace unos meses cerró una ronda Serie A de 10,3 millones de dólares. Ahora ese interés se traduce en un acuerdo con una casa semillera de peso, lo que para la startup supone una nueva validación de que su plataforma no se queda solo en la pizarra ni en el discurso técnico. Ojo, porque en este sector pasar de promesa a herramienta real es donde se caen muchas historias.

La propia empresa sostiene que su proceso de descubrimiento de rasgos puede identificar resistencias aprovechables más rápido que los métodos tradicionales. Eso permitiría a las casas de semillas integrar esos hallazgos en sus programas de mejora sin empezar de cero, algo que en cultivos con presión constante de enfermedades puede marcar la diferencia entre una variedad útil durante años o una que envejece antes de tiempo.

La espinaca, esa víctima ideal para un patógeno con mala costumbre

La espinaca puede parecer un cultivo discreto, pero detrás hay una realidad bastante exigente. Se produce durante todo el año en distintas regiones y se consume en todo el mundo por su valor nutricional. El problema es que, al ser un cultivo de crecimiento rápido y con varios ciclos de producción, la resistencia a enfermedades puede venirse abajo con relativa facilidad a medida que el patógeno evoluciona.

Ahí entra el mildiu velloso, que sigue siendo una amenaza persistente y cambiante. Para los mejoradores y para quienes cultivan espinaca, no basta con conseguir una variedad resistente una vez; hace falta que esa resistencia aguante, que no se desgaste y que no deje tirado al productor en la siguiente campaña. Por eso la durabilidad del rasgo pesa tanto como el rendimiento o la calidad de la hoja.

Bejo insiste en que reforzar esa resistencia es crucial para mantener una producción fiable y alargar la vida útil de las variedades. Y, dicho sin rodeos, tiene lógica: cuando una enfermedad se instala en un cultivo tan extendido, cada mejora que aguante el pulso un poco más vale oro. Más aún si ayuda a reducir la dependencia de otras soluciones y a sostener la regularidad de la oferta.

Una colaboración que llevaba años cocinándose

Lo curioso es que esta alianza no ha surgido de la nada. Las dos compañías ya trabajaban de manera informal desde hace varios años, desde las fases tempranas del desarrollo tecnológico de Resurrect Bio. Lo que ahora han hecho es ponerle marco y convertir una relación de trabajo en un acuerdo formal. Un paso pequeño en papel, pero bastante más serio en la práctica.

Para Resurrect Bio, el movimiento tiene una lectura clara: deja de ser solo una startup de I+D para acercarse a un papel más comercial dentro de la tecnología agrícola. Para Bejo, en cambio, el interés pasa por seguir metiendo innovación en su programa de mejora de hortalizas con herramientas capaces de ofrecer resistencias más fuertes y, sobre todo, más duraderas. Dos estrategias distintas, una misma urgencia.

“Spinach is a strong candidate”, dijo el consejero delegado y cofundador de Resurrect Bio, Cian Duggan, al explicar por qué este cultivo encaja tan bien en su enfoque. Añadió que unir el conocimiento de la empresa sobre la interacción entre planta y patógeno con la experiencia de Bejo puede abrir nuevas vías para la resistencia a enfermedades. Traducido al terreno: entender mejor al enemigo para devolverle a la planta parte de su defensa perdida.

En la misma línea, Laurens Kroon, responsable de investigación de Bejo, subrayó que la colaboración refleja el compromiso de la compañía con la innovación en mejora vegetal y con el desarrollo de variedades de espinaca de alta calidad y resistencia duradera. Su objetivo, dijo, es aportar más estabilidad a la producción y extender la vida de las variedades, garantizando un suministro fiable de una hortaliza que se consume en todo el mundo.

Lo que viene ahora es comprobar si esta mezcla de IA, edición génica y mejora clásica logra dar el salto que promete. La idea suena sólida, la necesidad existe y el mercado ya ha levantado la mano. Habrá que ver cuánto tarda en traducirse en variedades reales y si esa resistencia “resucitada” aguanta de verdad cuando salga del laboratorio y se enfrente al campo.

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