Mosaic prefiere canibalizar su propio negocio: apuesta por los biológicos con Elicit Plant

A veces lo más interesante en el campo no es un invento nuevo, sino la decisión de una empresa de pelear contra su propio negocio. Eso es lo que está haciendo Mosaic: la gigante de los fertilizantes está metiendo dinero y músculo en las soluciones biológicas, justo en un momento en que los agricultores piden exprimir mejor cada gota de agua y cada kilo de nutriente.

Anne Runkel, vicepresidenta de innovación de producto de la compañía, ha explicado que Mosaic no quiere quedarse mirando desde la barrera. Quiere estar dentro del cambio. Y eso, viniendo de un actor que ha construido un negocio multimillonario alrededor de los fertilizantes, tiene bastante más miga de la que parece.

La historia viene de atrás. Runkel llegó a Mosaic tras la compra de Plant Response en 2022, una startup biológica que nació en la Universidad Politécnica de Madrid. Un año y medio después de esa operación, la compañía lanzó Mosaic Biosciences para dar más cuerpo a su apuesta por este tipo de productos. Y ojo, porque no hablamos de una excursión táctica, sino de una línea que la empresa quiere hacer crecer de verdad.

La empresa ha decidido molestarse a sí misma

Puede sonar raro que un gran fabricante de fertilizantes invierta en productos que ayudan a usar menos fertilizante, pero ahí está precisamente el giro. Según Runkel, las soluciones de base biológica ofrecen respuestas que hoy no siempre llegan ni desde los fertilizantes tradicionales ni desde la química convencional.

La lógica de Mosaic es bastante clara: si el cliente tiene un problema, la compañía quiere tener la herramienta para resolverlo, aunque eso suponga tocar zonas sensibles de su propio negocio. “Preferimos disruptir nuestro propio espacio y formar parte de esa solución”, viene a decir la directiva, convencida de que la biología ya está cubriendo huecos que otras tecnologías no alcanzan todavía.

Dentro de ese catálogo, Mosaic comercializa bioestimulantes y complementos del fertilizante como BioPath, PowerCoat, RootHoney Plus y Refirma HydraGuard. Son productos pensados para mejorar la eficiencia nutricional o ayudar a la planta a rendir mejor en condiciones difíciles, un terreno que cada vez pesa más en explotaciones de secano y también en zonas de regadío donde el agua no sobra precisamente.

Canola, agua escasa y una alianza con acento francés

El movimiento más reciente de esta estrategia llegó el 22 de julio, cuando Mosaic anunció una alianza con la francesa Elicit Plant. El objetivo es desarrollar productos para canola en el mercado norteamericano usando la plataforma tecnológica EliTerra, con la idea de mantener el potencial de rendimiento cuando el agua aprieta. Y el agua, hoy, aprieta en muchos sitios.

Elicit Plant trabaja a partir de los fitoesteroles, unos lípidos vegetales que cumplen una función parecida a la del colesterol en las células animales y que son importantes para el crecimiento y la respuesta al estrés de las plantas. Con esa base, la compañía ha creado bioestimulantes para maíz, girasol, trigo y cebada de primavera capaces de reducir la demanda de agua hasta en un 20%. Ahora Mosaic quiere llevar ese enfoque a la canola.

La jugada tiene bastante sentido en el oeste de Estados Unidos y en Canadá, donde la disponibilidad de humedad es irregular. La genética ha avanzado mucho para mejorar la productividad y el uso del agua, pero Runkel deja claro que los rasgos de la planta no bastan por sí solos cuando la escasez entra en escena. Hay límites. Y ahí es donde la biología quiere colarse por la puerta grande.

El filtro de la realidad: campo, ensayo y ensayo otra vez

Para que toda esta promesa no se quede en folleto bonito, Mosaic dice dedicar cada año cientos de ensayos de campo en distintos puntos del mundo, apoyándose en una red de instalaciones y alianzas académicas. La empresa comparte tanto los resultados positivos como los negativos a través de su plataforma TruResponse, una forma de enseñar las tripas del proceso y no solo la foto final.

Runkel insiste en que los productos biológicos obligan a afinar mucho la educación técnica y la validación. No basta con lanzar una molécula o un tratamiento y cruzar los dedos. Hay demasiadas piezas interactuando: el clima, el suelo, el cultivo, el manejo y el momento de aplicación. Si algo falla, el agricultor no lo perdona, y con razón.

Ahí está el verdadero reto de esta nueva carrera: demostrar utilidad fuera del laboratorio y hacerlo en escenarios muy distintos entre sí. Porque una cosa es prometer más eficiencia hídrica y otra muy distinta es que esa mejora se sostenga campaña tras campaña. Nosotros seguiremos atentos, porque la pregunta ya no es si este tipo de soluciones van a crecer, sino cuándo lo harán de verdad y con qué velocidad.

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