Moa se afianza: quiere convertirse en la gran referencia de la innovación en herbicidas

A veces lo más llamativo no es que una empresa levante dinero, sino para qué decide no cambiar de traje. Moa Technology acaba de cerrar una ronda Serie C de 22,2 millones de libras y lo hace con una idea bastante clara: seguir siendo ese motor de descubrimiento que alimenta la industria de protección de cultivos, sin perder independencia por el camino. Y ojo, porque en un sector obsesionado con encontrar nuevas respuestas a las malas hierbas resistentes, eso no es un matiz menor.

La operación ha estado liderada de forma conjunta por Oxford Science Enterprises y Supernova Invest, y suma a nuevos nombres como Agri Investment Fund, GrainInnovate, Infinity Investment Partners y Magdalen College Oxford. También han repetido inversores que ya estaban dentro, entre ellos OSE, Lansdowne Partners, Parkwalk y Oxford University Innovation. Traducido al idioma del campo: hay dinero fresco, pero también continuidad. La apuesta no parece coyuntural.

La empresa quiere socios, no dueños con asiento fijo

Lo más curioso de esta ronda no es quién entra, sino quién no aparece. En el accionariado no figuran grandes compañías de fitosanitarios, y eso no responde a una casualidad. Moa asegura que prefiere tener a esos gigantes como colaboradores antes que como accionistas, para conservar margen de maniobra y poder trabajar con varios actores a la vez en distintos proyectos.

La lógica, vista desde dentro, es sencilla: si una tecnológica quiere convertirse en una fuente de innovación para todo el sector, atarse demasiado a un solo gran corporativo puede salir caro. La compañía lo resume en una idea muy directa: su ambición es convertirse en la principal fuente de innovación en herbicidas. Independencia, en este caso, es casi una herramienta de trabajo.

Ese enfoque le ha permitido ir cerrando acuerdos de investigación y desarrollo con Nufarm, Gowan, Certis Belchim y, más recientemente, Corteva Agriscience. Dos años de movimientos comerciales que dejan ver una estrategia muy concreta: abrir puertas sin quedarse encerrada en una sola alianza. Y sí, eso da juego.

Del laboratorio al campo, sin perder de vista la mala hierba

Moa nació en 2017 como una empresa surgida de la Universidad de Oxford y aterrizó en uno de los problemas más incómodos de la agricultura moderna: la resistencia a herbicidas. Su plataforma de descubrimiento, llamada GALAXY, ha cribado más de 900.000 compuestos e identificado más de 80 nuevos modos de acción, es decir, posibles mecanismos para controlar malas hierbas que ya se han acostumbrado a los productos de siempre.

La compañía dice que sus programas más avanzados ya han dejado atrás la fase de laboratorio y de invernadero, y que ahora están mostrando resultados prometedores en ensayos de campo internacionales. Entre sus líneas principales hay un modo de acción preemergente de amplio espectro para maíz, soja y cereales; otro para desecación previa a la siembra en esos mismos cultivos; y un tercero, postemergente, centrado en vallico y avena loca en cereales europeos. La pelea va directa contra dos enemigos muy conocidos en muchas explotaciones de secano y regadío.

El candidato más avanzado estaría cerca de cerrar su fase de investigación y podría quedar a pocos años de presentar la solicitud de registro, siempre según la propia empresa. No hablamos todavía de una solución en la estantería, pero sí de algo que ya ha pasado el primer gran filtro: salir del terreno de las promesas y empezar a pisar tierra de verdad.

Más dinero para avanzar, pero sin engordar demasiado

La mayor parte del nuevo capital irá a parar a esos tres programas más maduros, que son precisamente los que más inversión exigen conforme se acercan a fases más avanzadas. Moa también quiere seguir alimentando la investigación temprana, para que la tubería de nuevos hallazgos no se seque justo cuando empiecen a salir los primeros productos.

La empresa cuenta ahora con unas 75 personas a tiempo completo y espera crecer solo de forma moderada. La idea, según explican, es mantener un modelo ligero y ágil, muy lejos de esas estructuras pesadas que se comen recursos antes de que llegue la innovación. Capital-light, que dirían los financieros; músculo medido, que entenderá cualquiera que haya visto apretarse un presupuesto de campaña.

Ese mismo espíritu se nota en una de sus líneas más recientes: los Moa Amplifiers. No son herbicidas por sí mismos, sino productos capaces de potenciar la eficacia de herbicidas ya existentes. Descubiertos en 2025, podrían permitir usar dosis más bajas manteniendo el control de las malas hierbas. Y dentro de esa familia, la empresa destaca especialmente bioAmplifiers, basados en productos naturales. Todavía están en una fase temprana, pero la compañía ve ahí una vía comercial con recorrido, sobre todo si de verdad ayudan a reducir el uso de herbicidas sin perder rendimiento.

Para la dirección, la ronda valida dos cosas a la vez: la ciencia y el modelo de negocio. La consejera delegada, Virginia Corless, considera que el avance en el laboratorio y los acuerdos firmados con socios industriales de primer nivel demuestran que la estrategia tiene tracción. No se trata solo de descubrir moléculas nuevas; también de enseñar al mercado que esas ideas pueden moverse.

Moa no quiere convertirse en otra gran química integrada, sino en una especie de surtidor constante de innovación para varios socios a la vez. Esa es la jugada. Y si la empresa consigue mantener el equilibrio entre descubrimiento, comercialización e independencia, habrá que seguirla muy de cerca. Porque en la carrera contra las malas hierbas resistentes, la pregunta no es si harán falta más respuestas, sino cuándo empezarán a llegar de verdad.

Deja un comentario