El último lustro ha sido testigo de un repentino salto en el precio de la patata en origen. Una escalada del 111,6% que los productores atribuyen principalmente a una caída de la producción nacional y a una disminución de la mercancía proveída por Francia, nuestro mayor competidor en este sector. Con tasas de crecimiento alcanzando la cifra del 1,2% en comparación con la semana previa, nos encontramos con precios a 0,58 euros por kilogramo, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Estos precios son, sin duda, acogidos favorablemente por los productores que ven con buenos ojos el crecimiento para compensar los crecientes costes de producción.
En un análisis más detallado, podemos recordar que, en este periodo del año anterior, el precio de la patata seguía una tendencia decreciente. Por ejemplo, su coste en origen rondaba los 0,32 euros por kilogramo. Sin embargo, desde mediados de junio de este año, la patata ha cambiado su trayectoria hacia una curva ascendente. Esta situación contrasta con la media de los últimos cinco años de precio en origen de la patata.
El cambio de escenario ha sido reflejado por organizaciones como la Agraria COAG el pasado julio. Según ella, existía una diferencia porcentual del 267% entre el precio en origen y el costo en destino de las patatas durante ese periodo. Mientras que el precio en origen se estableció en 0,48 euros por kilogramo, el precio en destino alcanzó los 1,76 euros por kilogramo. Esto deja una brecha de hasta 3,67 euros por kilogramo, según datos que la organización publica mensualmente.
Además, factores como las condiciones climáticas extremas y una mala calidad de las semillas han sido citados como las causas principales de una reducción proyectada de entre un 20% y 30% en la producción en la mayoría de las parcelas respecto a una campaña ordinaria. Pero para Alberto Duque, responsable de la sectorial de la patata de COAG, la situación no es del todo sombría. Afirmaba, refiriéndose a la situación, que con «poca producción y unos precios históricos», si los precios se mantienen, el impacto no sería tan devastador.
Por último, en áreas como Murcia y Andalucía, se ha observado una disminución del precio que no se ha visto reflejada en los consumidores. Sin embargo, con los costes de producción crecientes, cabe esperar que la cesta de la compra tenga que encarecerse en el futuro próximo.
