La situación del aceite de oliva ha atravesado un notable cambio en los últimos años. Todo indica que los históricos precios elevados del aceite de oliva no se reproducirán en el corto y medio plazo. Actualmente, las cotizaciones en origen siguen a la baja, acercándose a los niveles de 2022. Además, se prevé que tras la campaña 2024/25, que parece tener una producción normal-alta gracias a las recientes lluvias, se detone una nueva mejora.
Un pasado marcado por el aumento de precios
Entre julio de 2022 y abril de 2024, el aceite de oliva experimentó un asombroso aumento en sus precios. Durante este período, los datos del IPC reflejan un encarecimiento del 112,69 %, lo que llevó a los consumidores a pagar hasta 15 euros por un litro de virgen extra. Este contexto no sólo afectó a los consumidores; los agricultores también sintieron el impacto de esos precios elevados, observando un incremento del 158,20 % en las cotizaciones de origen, que subieron de 3,35 euros/litro en julio de 2022 a 8,65 euros/litro en marzo de 2024.
Una caída de precios significativa
Sin embargo, la situación ha cambiado notablemente. En comparación con el año anterior, el índice de precios del aceite de oliva para el consumidor ha disminuido un 37,9 % entre marzo de 2024 y marzo de 2025. A su vez, Infaoliva reporta un retroceso del 123,28 % en las cotizaciones en origen, pasando de 7,48 euros/litro el 8 de mayo de 2024 a 3,35 euros/litro en 2025.
Causas y efectos agrícolas
El contexto actual puede entenderse en función de varios factores, siendo España el primer productor mundial de aceite de oliva. Con una producción que supera el millón de toneladas por campaña, el país no solo lidera en producción, sino que también es un importante exportador y consumidor, con un consumo medio de 550.000 toneladas. Sin embargo, el sector se vio afectado por una cereal caída en la producción debido a sequías extremas en las campañas anteriores, que redujeron la producción a cifras tan bajas como 665.000 toneladas en 2021/22 y 852.300 toneladas en 2022/23.
Impacto de la guerra en Ucrania
El repunte de los costes energéticos y de transporte, así como el aumento en el precio de materiales como cartón y plástico, han contribuido a la situación precaria del sector. Estos incrementos suelen atribuirse a la guerra en Ucrania y a los problemas logísticos globales que afectaron la cadena de suministro.
El marco regulatorio actual
Conscientes de la importancia del aceite de oliva como un alimento básico, las autoridades han tomado medidas. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación eliminó el IVA del aceite de oliva entre julio y septiembre de 2024, estableciendo un tipo superreducido del 4 % desde enero de 2025.
Mirando hacia el futuro
Recientemente, el ministro Luis Planas destacó que a medida que se aproxima la nueva campaña aceitera que comienza el 1 de octubre de 2024, la expectativa es que los precios continúen a la baja debido a la dinámica entre oferta y demanda. La producción para la campaña 2024/25 se estima en 1,407 millones de toneladas, lo que augura un mercado más equilibrado.
Como afirman muchos expertos del sector, aunque las expectativas sobre precios no se discuten abiertamente, concuerdan en que el negocio del aceite de oliva está alcanzando una “normalidad” que no se veía desde antes de la sequía. Un reciente seminario de la Fundación Cajamar ha revelado que, en efecto, el aceite de oliva está experimentando una fuerte recuperación productiva, con precios que disminuyen y un consumo que no ha caído en la misma proporción que los precios subieron, poniendo de manifiesto la lealtad del consumidor a este producto esencial.
A medida que se sigue avanzando en este sector vital, la combinación entre producción sostenible y políticas efectivas podría redefinir el futuro del aceite de oliva y sus precios en el mercado global. Sin duda, el camino hacia la recuperación es prometedor, ofreciendo nuevas oportunidades para productores y consumidores por igual.
