Pese a la recientemente aprobada reducción de su estatus de protección por parte del Convenio de Berna, el lobo ibérico continuará incluido en principio en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE). Por lo tanto, su situación legal no cambiará en España, a pesar de que la nueva normativa, que entrará en vigor mañana viernes, reducirá su protección oficial en Europa de "estrictamente protegido" a "protegido".
El lobo ibérico: una subpoblación única
Aunque en los últimos decenios ha conseguido recuperarse sin ayuda, hasta su inclusión en 2021 en el LESPRE, el lobo ibérico ha estado arrinconado en las zonas de media y alta montaña del norte peninsular, lo que ha provocado "un cuello de botella genético" en su población. Así lo ha explicado el coordinador de conservación de WWF España, Luis Suárez, quien destaca que este lobo “no es una variedad específica” del europeo, sino "una subpoblación" que ha logrado diferenciarse por su aislamiento geográfico debido a la “enorme presión” sufrida a mediados del siglo pasado.
Los lobos ibéricos, tal y como agrega Suárez, presentan adaptaciones notables, como marcas características en su cabeza y patas delanteras, que “seguramente respondan a una adaptación al medio”. Además, son más pequeños que los ejemplares centroeuropeos, una particularidad que puede atribuirse a razones climatológicas.
Cuántos lobos hay en España
De acuerdo con el último censo nacional de 2013, en España existen 297 manadas de lobos, una cifra que WWF considera “estancada” a partir de los datos autonómicos recogidos posteriormente. Esta situación ha llevado a la organización a requerir un nuevo censo para acotar mejor la población actual del lobo ibérico.
Este animal ha estado presente en la historia de España de una manera prominente. Se estima que la salud y el tamaño de sus manadas han fluct uado, impactando tanto a su ecosistema como a las actividades agrícolas y ganaderas de la región.
Un animal estigmatizado en la cultura
A menudo, el lobo ha sido visto como un “chivo expiatorio” en la cultura grecolatina, donde cualquier animal que atentara contra el ganado o las cosechas era considerado malévolo. “El tópico del lobo feroz” en cuentos como Caperucita Roja ha quedado lexicalizado, haciendo difícil desasociar esta imagen del lobo real. Miguel Rodríguez, investigador de literatura de la Universidad de La Rioja, señala que el lobo tiene escasos referentes positivos en la cultura occidental.
La presencia del lobo en la toponimia española también es significativa. Fuentes de la Asociación de Conservación y Estudio del Lobo (ASCEL) indican que se encuentra entre los más nombrados en este ámbito. Además, apellidos como López u Otxoa tienen su origen en este animal, lo que reafirma su impacto en nuestra historia cultural.
Características genéticas únicas
Un estudio hispano-portugués destacó la presencia de un bloque de ADN de perro dentro del cromosoma 2 del lobo ibérico. Esta firma genética, no observada en otras poblaciones, podría haber influido en su capacidad para adaptarse a entornos humanizados, un hecho que pone de relieve la singularidad del lobo ibérico en comparación con otros lobos europeos.
Además, Suárez enfatiza que “el lobo no es un animal peligroso”, puesto que el lobo ibérico tiende a “rehuir al ser humano”. Los efectos de su presencia sobre el ganado pueden ser mitigados mediante la intervención de ganaderos o la utilización de mastines bien entrenados para proteger a los animales en áreas cerradas por la noche.
Ambos expertos, tanto Suárez como Rodríguez, coinciden en que la mejora de la imagen del lobo en la actualidad ha sido el resultado de la divulgación científica, en gran parte gracias a la labor del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, que ha contribuido a cambiar la percepción social sobre este emblemático animal.
En este contexto, la relación entre la agricultura y la presencia del lobo ibérico es un tema que continúa requiriendo atención y discusión. Enfrentar los prejuicios y fomentar una comprensión más profunda no solo beneficiaría a la especie misma, sino también a los ecosistemas agrícolas y a las comunidades que dependen de ellos. Cada vez se habla más de la necesidad de un equilibrio que respete tanto la biodiversidad como las prácticas tradicionales de ganadería, dejando abierta la posibilidad de futuras soluciones innovadoras.
