A veces, la noticia no está en quién vende más, sino en quién aprende a ganar mejor. Y eso es justo lo que ha hecho Nufarm en la primera mitad de su ejercicio 2026: ha mejorado sus números con fuerza, pero el dato que de verdad llama la atención es Europa, que ha firmado un crecimiento del 17% en EBITDA en moneda local pese a navegar entre regulaciones apretadas y un mercado nada dócil.
La compañía de protección de cultivos, con sede en Australia, ha mostrado así una foto poco habitual: mientras el negocio global avanza, una región que suele aparecer como terreno complicado se convierte en la que más empuja. Europa ha sido el gran motor del semestre, y eso rompe bastante con el relato fácil de que en este mercado la normativa pesa siempre más que la rentabilidad.
Rico Christensen, consejero delegado de Nufarm, puso el foco precisamente ahí. Según explicó, el buen comportamiento europeo llegó gracias a una mezcla de producto más afinada y a una reducción de costes operativos tras poner en marcha un programa de mejora del rendimiento. La empresa no ha ido a buscar volumen por el simple hecho de crecer. Ha apretado el cinturón, ha recortado complejidad y ha apostado por lo que deja más margen. Y sí, se nota.
Europa deja de ser el problema y pasa al ataque
Lo más interesante de este giro es que no parece un golpe de suerte. La mejora en Europa encaja con un cambio estratégico más amplio en Nufarm, centrado en productos de mayor margen, una cartera más limpia y menos ruido operativo. En otras palabras: menos dispersión y más precisión.
Christensen aseguró que la región dio un “muy buen progreso” en márgenes y retornos durante el primer semestre, y que ahora el reto es mantener ese ritmo. El ahorro generado por las iniciativas de mejora ya está aterrizando en la cuenta de resultados, algo que suele sonar mejor en una presentación que en un balance, pero que aquí ha empezado a convertirse en realidad.
Esto va a contracorriente de lo que muchas compañías del sector repiten cuando hablan de Europa: largos plazos de aprobación, más papeleo, reglas cada vez más estrictas sobre pesticidas y una sensación constante de que crecer aquí cuesta el doble. Nufarm no niega ese entorno; simplemente demuestra que todavía se puede sacar partido si se afina la puntería.
Menos ventas, más margen: la jugada que ha salido bien
En el conjunto del grupo, Nufarm elevó su EBITDA un 18% interanual, hasta 243 millones de dólares australianos, mientras que el beneficio neto subió un 35%, hasta 52 millones. También mejoró de forma notable el flujo de caja libre, con un avance de 193 millones de dólares australianos. No está mal para una compañía que, al mismo tiempo, vendió menos.
Y aquí está la clave del asunto: la facturación cayó respecto al mismo periodo del año anterior porque la empresa decidió priorizar la calidad del ingreso frente al crecimiento bruto. Christensen lo dijo sin rodeos: hubo menos ingresos porque la firma se centró en mejorar la combinación de productos y en dar prioridad al margen por encima del volumen.
El resultado ha sido un margen bruto récord del 33,1%, el nivel más alto que la compañía dice haber comunicado en dos décadas. Hace años, una cifra así habría parecido una exageración en un sector muy expuesto a precios, clima y presión regulatoria. Hoy, al menos para Nufarm, ya es una realidad que firma la nueva hoja de ruta.
El mapa cambia según la región, y no todas juegan igual
Europa brilló, pero no todas las zonas acompañaron con la misma intensidad. En Norteamérica, el EBITDA creció un 11%, apoyado en el buen comportamiento del negocio de césped, ornamentales y Canadá. En Asia-Pacífico, en cambio, la caída fue del 15%, lastrada por la sequía en Australia y por el golpe de las divisas.
La lectura es bastante clara: cada vez pesa más la ejecución local, la calidad de la cartera y la disciplina interna, y menos la idea de que el macroentorno lo explica todo. Nufarm ha conseguido que la mezcla valga más que la escala. Y eso, en un sector tan acostumbrado a medirlo todo por toneladas, es casi una pequeña herejía.
La compañía insiste en que la mejora de márgenes no viene tanto por factores externos como por la racionalización de la cartera y el ajuste del mix de producto. Es decir, no ha esperado a que el mercado hiciera magia. Ha tomado decisiones dentro de casa. Algunas incómodas, probablemente. Pero eficaces, que al final es lo que cuenta.
Semillas, biofuel y una estrategia que ya no quiere correr detrás de todo
El negocio tampoco se sostiene solo en la protección de cultivos. La división de Seed Technologies, dedicada a tecnologías de semillas, elevó su EBITDA un 8%, con buen desempeño en Hybrid Seeds y una mejora en Emerging Platforms. Son piezas distintas, pero todas van encajando en la misma lógica: menos ruido, más foco, mejor retorno.
Además, Nufarm amplió hasta 2050 su acuerdo de suministro de la oleaginosa carinata para biocombustibles con BP. No es un detalle menor, porque muestra que la empresa sigue empujando en cadenas de valor alternativas vinculadas al campo y a los usos industriales de los cultivos. La apuesta por estos nichos no parece un capricho, sino parte del nuevo mapa de la compañía.
Christensen lo resumió con una frase que encaja bastante bien con el tono de todo el semestre: la empresa está eligiendo una dirección distinta, no solo decidiendo lo que hará, sino también lo que no hará. Y esa renuncia selectiva, que en otras etapas habría parecido prudente pero poco vistosa, hoy le está dando resultados tangibles.
Lo que deja este semestre es una pista importante para todo el sector agroquímico: Europa sigue siendo un mercado exigente, sí, pero no necesariamente condenado a la baja rentabilidad. Con cartera afinada, costes bajo control y una estrategia que no persiga crecer por crecer, todavía hay recorrido. Habrá que ver si Nufarm mantiene el pulso en la segunda mitad del ejercicio; nosotros, desde luego, estaremos atentos.
