Filipinas acelera el secado de palay: quiere sumar 1 millón de toneladas con nuevas instalaciones

A veces lo que parece menos vistoso es lo que más dinero puede dejar en el bolsillo. Y eso es justo lo que busca mover el Departamento de Agricultura de Filipinas: una red de secadores mecánicos para palay —el arroz recién cosechado, aún con humedad— que podría cambiar la forma en que miles de agricultores venden su producción. La apuesta no es menor: más capacidad de secado, menos pérdidas, mejor calidad y, de paso, más ingresos para el campo.

El plan prevé añadir 1 millón de toneladas métricas de capacidad de secado por campaña de palay. Traducido a tierra: menos grano expuesto a la lluvia, a la humedad y al deterioro justo cuando el agricultor más necesita que la cosecha aguante intacta. Y sí, eso puede parecer un detalle técnico, pero en el campo los detalles técnicos suelen marcar la diferencia entre vender bien o mal.

El Departamento de Agricultura calcula además que esta red de instalaciones podría dejar miles de millones de pesos extra en manos de los productores. No es una promesa menor en un contexto de márgenes ajustados, donde cada peso cuenta y donde el postcosecha suele recibir menos foco que la propia siembra.

La máquina ya ha arrancado, aunque aún le falta carretera

La primera fase ya está en marcha. De los 380 sistemas de secado mecánico que el Gobierno quiere completar de aquí a la campaña de lluvias de 2027, los primeros 230 ya han sido adjudicados. Dos unidades están funcionando en Nueva Ecija, una provincia que sirve aquí como punto de arranque de un despliegue mucho más ambicioso.

La mayor parte de esos equipos debería estar lista antes de final de año. Eso abriría la puerta a una segunda fase del programa, aunque el ritmo real dependerá de un asunto menos glamuroso que la tecnología en sí: la construcción de los cobertizos que alojarán las máquinas. Sin esos espacios, el secador no despega. Así de simple.

Francisco P. Tiu Laurel Jr., secretario de Agricultura, ha presentado esta iniciativa como una de las mayores inversiones del actual Gobierno en infraestructura postcosecha. Y el mensaje de fondo es bastante claro: no se trata solo de producir más, sino de perder menos de lo que ya se produce. A veces la palanca más rentable no está en el campo, sino después del corte.

Donde se gana de verdad: en no tirar valor por el desagüe

Las nuevas instalaciones buscan proteger el palay recién recogido frente a la lluvia, el exceso de humedad y el deterioro, tres enemigos que pueden rebajar la calidad del grano y, con ello, su precio de mercado. Para el agricultor, eso no es una anécdota técnica; es la diferencia entre cobrar un precio decente o resignarse a una rebaja que llega demasiado fácil.

El objetivo es maximizar el valor de cada cosecha. Así lo plantea el Departamento de Agricultura, que ve en esta inversión una forma de elevar la producción efectiva de arroz sin necesidad de ampliar hectáreas ni meter más presión sobre la tierra disponible. Menos pérdidas, mejor recuperación en el molino y un producto que llega al mercado con mejores condiciones. El círculo, si funciona, tiene buena pinta.

Christopher Morales, subsecretario de Agricultura, ha puesto cifras a ese salto: los productores con acceso a estas instalaciones podrían ganar 12.600 pesos filipinos más por hectárea y por campaña, lo que se traduce en unos 25.200 pesos al año, unos 410 dólares, tomando como referencia un rendimiento medio de 4,2 toneladas por hectárea. Eso, para muchas explotaciones pequeñas, puede servir para tapar parte de la factura de semillas, fertilizantes y combustible.

Y no hablamos de un ingreso accesorio. Hablamos de colchón. De respiración. De un margen extra que puede ser decisivo cuando el clima aprieta y la cosecha sale peor de lo esperado. El programa, en el fondo, intenta meter una cuña donde más duele: en las pérdidas que se asumen como inevitables, pero que no siempre lo son.

La lluvia ya no juega sola

La urgencia del plan también tiene que ver con el tiempo, que en el campo suele ser un socio traicionero. Lluvias fuera de sitio, humedad alta, secado lento, moho, grano que se estropea en almacén… todo eso va restando calidad antes de que el arroz llegue al mercado. Y cuando eso pasa, el agricultor no solo pierde producto: pierde capacidad de negociación.

El Gobierno filipino cree que esta capacidad adicional de secado ayudará a hacer más resistente el sector arrocero y a acercar al país a sus objetivos de suficiencia y seguridad alimentaria. La idea es sencilla, aunque ejecutarla no lo sea tanto: si el palay se conserva mejor, se vende mejor. Si se vende mejor, la renta sube. Y si la renta sube, el sistema aguanta mejor la siguiente campaña.

La gran prueba será ver si el despliegue llega a tiempo y con el alcance prometido. Por ahora, lo que hay es una primera tanda ya contratada, dos equipos en marcha y una segunda fase que se irá abriendo a medida que la infraestructura física esté lista. Habrá que seguirlo de cerca, porque cuando una política pública promete meter más dinero en el bolsillo del agricultor, el detalle de la ejecución lo es todo. Y ahí es donde se decide si esto queda en anuncio o se convierte en realidad.

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