Filipinas se vuelca con el sector privado: mueve más de 500 millones para financiar proyectos agrícolas críticos

A veces modernizar el campo no empieza por una máquina más grande ni por una cosechadora más brillante, sino por algo mucho menos vistoso: carreteras, frío, riego y puertos que funcionen. En Filipinas, el Gobierno ha decidido meter ahí el acelerador y buscar más capital privado para mover una agricultura que todavía tropieza con cuellos de botella muy básicos.

Y no hablamos de una idea vaga. Ya hay 33.250 millones de pesos filipinos en proyectos ligados a asociaciones público-privadas (PPP, por sus siglas en inglés) en distintas fases de desarrollo, mientras otros 4.700 millones de pesos están ya en ejecución. La apuesta es clara: si la cadena agroalimentaria falla por abajo, de poco sirve pedirle más al productor por arriba.

La partida se juega en lo que no se ve

El Departamento de Agricultura ha intensificado sus gestiones para atraer capital del sector privado hacia lo que llama “infraestructura crítica de las explotaciones”, y el inventario de necesidades suena casi como la lista de tareas pendientes de medio campo asiático, o de cualquier territorio que conozca bien el drama del transporte lento y el almacenamiento insuficiente.

En esa lista entran carreteras de acceso a las fincas, grandes centros de distribución alimentaria, puertos para productos agrícolas y pesqueros, centros de incubación, mecanización, instalaciones de bioseguridad, almacenes frigoríficos, plantas de hielo alimentadas por energía solar y sistemas de riego. Vamos, el tipo de piezas que no salen en la foto final, pero que deciden si una cosecha llega viva o se queda por el camino.

El ministro de Agricultura, Francisco P. Tiu Laurel Jr., se reunió el 30 de junio con responsables del Centro de Asociación Público-Privada para revisar una cartera de proyectos prioritarios. El objetivo pasa por tres frentes muy concretos: subir la productividad, reforzar la seguridad alimentaria y recortar las pérdidas poscosecha. Tres palabras. Mucho trabajo detrás.

El dinero quiere entrar, pero con planos bajo el brazo

Lo que busca el departamento no es solo financiación, sino también que los proyectos lleguen mejor armados a la mesa de los inversores. Por eso ha mostrado interés en el Project Development and Monitoring Facility, un fondo del propio centro PPP que paga la preparación técnica y el asesoramiento en las transacciones. Traducido al idioma del campo: ayuda a que una idea no se quede en promesa y pueda convertirse en obra.

La lógica es sencilla, aunque el camino no lo sea tanto. Si el Estado quiere acelerar inversiones y no cargarlo todo sobre sus presupuestos, necesita que el sector privado entre en escena. Y para que alguien ponga dinero, antes tiene que haber estudios, números, ingeniería y una previsión mínimamente creíble de retorno. Nada glamuroso. Muy decisivo.

El propio departamento reconoce que la agricultura sigue lastrada por problemas estructurales: logística deficiente, poca capacidad de almacenamiento e irrigación insuficiente. Eso encarece el movimiento de alimentos, aumenta las pérdidas después de la cosecha y acaba presionando los precios. Lo que se ahorra en una carretera o en una cámara de frío puede perderse luego en kilómetros, calor y retrasos. Así de simple. Así de caro.

Las obras que pueden cambiar el tablero

La hoja de ruta ya tiene nombres y apellidos. Entre los proyectos recién autorizados figuran obras por más de 2.060 millones de pesos filipinos en carreteras y puentes rurales, financiadas en gran parte a través del programa de ampliación del Proyecto de Desarrollo Rural de Filipinas, respaldado por el Banco Mundial. Son infraestructuras pensadas para conectar comunidades agrícolas con los mercados, y eso, en el fondo, es casi tan importante como sembrar.

Hay además carreteras de acceso a las explotaciones de hasta 26 kilómetros de longitud, puentes para sacar la producción de las zonas rurales, sistemas de riego y centros poscosecha. No suena a titular ruidoso, lo sabemos. Pero en el mundo del campo, una vía practicable o un sistema de riego bien resuelto pueden valer más que mil discursos sobre productividad.

Arrey A. Perez, subsecretario de Agricultura, ha defendido que la coordinación entre el Gobierno y los inversores será clave para que todo esto no se quede en carpetas. “La colaboración es la clave para entregar estos proyectos más rápido”, viene a decir su mensaje, con una idea bastante fácil de entender: si cada actor va por libre, el retraso se multiplica; si reman juntos, el papel tarda menos en convertirse en hormigón.

El propio Tiu Laurel insistió en que estas actuaciones son “muy cruciales” para los sistemas agroalimentarios del país y añadió que mejorarán la vida de agricultores y pescadores, reducirán sus gastos y les darán mejor acceso a los mercados. Y sí, esa es la jugada de fondo: que mover una tonelada de producto deje de ser una pequeña odisea y pase a ser una operación normal.

Habrá que ver ahora si el interés privado se traduce en ladrillo, acero y tuberías a tiempo. La pregunta no es si Filipinas necesita esta modernización, sino cuánto tardará en materializarla y con qué ritmo llegará a la tierra. Nosotros seguiremos atentos.

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