A veces lo más interesante no es estrenar una idea, sino intentar recuperar el sentido común antes de que sea tarde. Eso es, al menos, lo que pretende el nuevo Khet Bachao Abhiyan, una campaña lanzada el 1 de junio en el distrito de Raisen, en Madhya Pradesh, y pensada para meter a todo el sistema agrícola en faena: científicos, autoridades y, sobre todo, agricultores, campo a campo.
La iniciativa nace en un momento delicado. El calor aprieta más, el suelo pierde salud, los insumos químicos se usan de forma excesiva y desequilibrada, y la agricultura se está topando con una suma de problemas que no entiende de discursos bonitos. Por eso el Gobierno la presenta como algo más que una campaña puntual: quiere convertirla en un movimiento masivo, con responsabilidad compartida y trabajo real sobre el terreno.
El mensaje de fondo lo dejó claro el ministro de la Unión Shivraj Singh Chouhan: no se trata de cumplir un trámite ni de hacer una gira simbólica. “No lo tratéis como un ritual”, vino a decir, pidiendo entrar en los campos con compromiso total y con la convicción de que cuidar la tierra es también defender el futuro de quien venga detrás. Y sí, la frase suena solemne, pero encaja con el tono de una iniciativa que quiere hacerse notar.
Del despacho al surco, que es donde se decide todo
La apuesta pasa por dejar de pensar la reforma agraria como una lista de recomendaciones y convertirla en algo mucho más tangible. La campaña quiere demostrar en la parcela, no solo explicar en una charla, qué funciona y qué no funciona cuando se habla de fertilización, suelo o riego. Esa es la idea: menos teoría flotando en el aire y más botas pisando tierra.
Entre sus prioridades aparecen el uso equilibrado de fertilizantes, los análisis de suelo, la adopción de prácticas naturales o con menos productos químicos y una selección de cultivos adaptada a cada zona. No se trata de imponer una receta única, porque la campaña también insiste en algo bastante lógico: no se cultiva igual donde llueve con regularidad que en áreas más secas, y no todos los terrenos responden igual.
El paquete se completa con la conservación del agua, el abono verde y estrategias alternativas para las zonas de baja pluviometría. En otras palabras, la iniciativa quiere empujar a los agricultores a cuidar el suelo mientras ajustan el manejo de sus fincas a unas condiciones climáticas que ya no perdonan despistes.
El suelo manda, y además está pasando factura
Uno de los puntos más delicados del plan es el aviso sobre fertilizantes, semillas y pesticidas falsificados, un problema que encarece la producción y castiga el rendimiento. Aquí no hay magia: si el insumo es malo o engañoso, el agricultor paga dos veces, primero al comprarlo y después al ver lo que pierde en la cosecha.
Por eso la campaña pone tanto énfasis en el contacto directo con los agricultores. No basta con dar consejos desde una mesa, insiste Chouhan; hace falta confianza, y esa confianza se construye con demostraciones en el terreno, validación científica y ejemplos prácticos que se puedan ver, tocar y comparar. Dicho de otro modo: si la tierra no lo confirma, el mensaje se queda cojo.
También se ha querido vincular la iniciativa con herramientas de apoyo ya existentes para la renta agraria, como la tarjeta de crédito para agricultores y el programa PM-Kisan, un esquema de apoyo a los ingresos. No son la estrella del anuncio, pero sí forman parte del intento de presentar el proyecto como algo más amplio que una simple campaña de sensibilización.
Un calendario apretado y una red de vigilancia sobre el terreno
Chouhan ha pedido una hoja de ruta nacional con fecha límite hasta el 30 de junio, con tareas repartidas de forma precisa entre funcionarios, científicos e instituciones, y con aldeas asignadas y visitas programadas. Nada de improvisar sobre la marcha. También ha pedido a los estados que adelanten la planificación de actos a nivel de distrito, aseguren los preparativos locales y utilicen sistemas de seguimiento con paneles de control para no perder el hilo.
La coordinación, en esta campaña, lo es todo. El ministro ha insistido en que la comunicación debe ser rápida y eficaz, de modo que la información llegue a las aldeas sin atascarse por el camino. Incluso ha pedido a los científicos y a los responsables públicos que hablen con la prensa con libertad, porque la cosa no va solo de agricultura: también toca la seguridad alimentaria del país.
Además, ha anunciado que él mismo visitará aldeas de distintos estados durante el periodo de la campaña para hablar con agricultores y supervisar el avance. También ha asegurado haber contactado con los ministros principales de los estados para pedir su implicación directa, al tiempo que animaba a ministros de la Unión, parlamentarios y legisladores a sumarse activamente.
La fotografía final es bastante clara: el éxito del plan dependerá de que la maquinaria científica, administrativa y local avance al mismo ritmo, sin que nadie se quede en la orilla. La idea es convertir una campaña agrícola en una especie de pulso nacional, con calendario, visitas, demostraciones y control continuo. Habrá que ver si tanta voluntad se traduce en cambios reales sobre el terreno, que al final es donde se decide todo.
