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María Sánchez, veterinaria y poeta, ilustra los estragos del cambio climático en el campo

María Sánchez: La voz poética del medio rural

María Sánchez, veterana veterinaria y laureada escritora cordobesa, está brindando voz a un campo desolado y amenazado por el cambio climático a través de su poesía. Su más reciente poemario, «Fuego la sed» (La Bella Varsovia, 2024), rinde homenaje a las personas, los lugares y los elementos de un medio rural desolado. Su obra poética evidencia los efectos devastadores de la falta de agua y reclama un mayor compromiso con la preservación del entorno natural.

Este dedicado defensora del medio rural reside actualmente en Galicia, donde trabaja con razas autóctonas en peligro de extinción. Aunque Maria Sánchez ha publicado su cuarta obra, «Fuego la sed», es su segundo libro centrado en la poesía. En él, la autora vuelve sus pensamientos a la región donde creció, la Sierra Norte de Sevilla, un paisaje ahora marcado por la sequía que ya no parece el hogar de su niñez.

No obstante, María mira este cambio sin nostalgia. En lugar de lamentar el pasado, busca sembrar semillas de esperanza y conciencia sobre la emergencia climática para «detener este desierto». La escritora ve su oficio y su vínculo con el campo como inseparables, y tiene mucho que compartir sobre sus experiencias cuidando un rebaño de cabras y trabajando en el huerto con su abuelo.

El nuevo poemario de Sánchez está marcado por el tema de la desolación, aunque esta desolación viene acompañada de luz y esperanza. La autora busca dar un amor diferente al lugar que conoció en su infancia, ahora irreconocible a causa del cambio climático. Con «Fuego la Sed», Sánchez plantea unas preguntas cruciales sobre cómo queremos ser recordados por las generaciones futuras y cómo podemos detener los daños ambientales que están alterando irremediablemente nuestros campos y entornos naturales.

Maria Sánchez, tanto en su trabajo con razas autóctonas en peligro de extinción como en su poesía reflexiva y conmovedora, demuestra que el progreso no debe ser sinónimo de desolación. En su punto de vista, la industrialización y el cambio climático no deben dar lugar a la destrucción de la naturaleza ni al desprecio de los saberes tradicionales. Por último, su dedicación y fervor por la causa ambiental y su profundo arraigo en su entorno nos recuerdan que es fundamental valorar y proteger lo que tenemos justo a nuestro lado.

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