A veces la solución no está en añadir más tierra, sino en hacer que la tierra deje de ser imprescindible. Y justo ahí es donde RegenSoil ha movido ficha: ha desarrollado un biochar mejorado que, según explica la empresa, puede sustituir por completo al suelo y permitir un cultivo 100% sin tierra. Suena ambicioso, sí, pero también muy práctico para un sector que lleva años buscando formas de producir más, con menos desgaste y menos dolores de cabeza.
Lo interesante no es solo que el material exista, sino que la empresa asegura haber encontrado la receta para que funcione de verdad. Hablamos de un biochar tratado con microorganismos cultivados, enriquecido mediante compostaje y ajustado para bajar el pH y añadir minerales como fosfato cálcico. La clave, dicen, no está en el carbono por sí solo, sino en convertirlo en un medio biológicamente activo.
El truco no era el biochar. Era despertarlo.
Jennifer Innes-Taylor, fundadora de la compañía, lo resume con bastante claridad: el biochar sin tratamiento no basta. Lo que han hecho es inocularlo con microbios, cultivar esos microorganismos dentro del proceso y dejar que el sistema se llene de vida poco a poco. Primero aparecen bacterias; después, protozoos y nematodos; y, cuando todo eso encaja, se liberan y retienen nutrientes dentro del propio material.
O dicho de otra manera: no se trata de echar un sustrato negro y esperar milagros. Se trata de convertirlo en un pequeño ecosistema. Y ahí está la diferencia entre un material que puede quedarse corto y otro que, según la empresa, empieza a comportarse como un medio de cultivo estable y funcional.
La historia, además, tiene bastante de problema real resuelto a base de prueba y error. El producto nació para atacar cuestiones muy concretas, como la podredumbre de raíz persistente en cítricos y chiles, especialmente en época de lluvias. No es una idea salida de una pizarra, sino de la necesidad de encontrar una salida más rápida a un deterioro del suelo que lleva años acumulándose.
Innes-Taylor contó que la empresa lleva tiempo practicando agricultura regenerativa en una explotación agrícola orgánica familiar en el noreste de Tailandia. Han visto mejoras, pero también han comprobado que regenerar el suelo lleva tiempo, demasiado para según qué problemas. Y ahí es donde RegenSoil decidió acelerar el proceso con biochar tratado.
Del 10% de uso habitual a un medio 100% sin suelo
Lo que más llama la atención es hasta dónde han llevado las pruebas. Mientras muchas compañías usan el biochar en proporciones del 10% al 20%, RegenSoil asegura haber ido subiendo el listón a base de experimentación: primero al 50%, después al 75% y, finalmente, hasta llegar a una fórmula que permite cultivar en un medio completamente sin suelo.
La empresa dice haber obtenido resultados con biochar al 50% e incluso al 100% como medio de cultivo. Y ojo, porque si eso se sostiene fuera del laboratorio, la cosa cambia bastante para viveros, cultivos protegidos y sistemas donde cada kilo de sustrato y cada turno de mantenimiento cuentan.
Eso sí, la propia empresa insiste en que el proceso es delicado. Si el biochar no está bien inoculado, puede comportarse justo al revés de lo esperado y absorber nutrientes de la planta. Es decir: en vez de ayudar, complica el manejo. No vale cualquier biochar, ni cualquier tratamiento, ni cualquier atajo.
Los ensayos se han realizado en plantas como lechuga, chile, plátano y varias plantas de interior. Los resultados, según Innes-Taylor, pueden verse rápido, a menudo en una o dos semanas, especialmente en cultivos de crecimiento veloz como la lechuga. Ese detalle no es menor: para un productor, ver respuesta en tan poco tiempo cambia por completo la conversación.
Un material que no se gasta tan fácil
La otra gran baza del producto es su durabilidad. A diferencia del suelo, el biochar no se degrada con rapidez, así que no obliga a reemplazarlo con frecuencia. La empresa lo presenta como una opción de bajo mantenimiento para quien busca estabilidad en el tiempo y menos dependencia de renovaciones continuas del sustrato.
Innes-Taylor fue aún más lejos al describirlo como carbono puro que podría durar entre 500 y 1.000 años. No es una promesa pequeña. Si ese comportamiento se confirma en uso real, estaríamos ante un material pensado para quedarse, no para consumirse campaña tras campaña.
Ahí es donde encajan especialmente bien los cultivos urbanos, las azoteas productivas y los invernaderos. La empresa ve demanda entre productores urbanos y restaurantes de kilómetro cero que quieren reducir mano de obra e insumos. También cree que este enfoque podría simplificar sistemas de agricultura urbana de alta tecnología, haciendo más accesible algo que hoy suele venir acompañado de demasiada complejidad.
Pero el gran obstáculo sigue siendo el mismo de siempre: la confianza. Muchos agricultores y productores se muestran escépticos, sobre todo porque han visto resultados irregulares con biochar sin tratar en el mercado. Y sin ensayos prácticos, convencer a nadie es cuesta arriba.
RegenSoil ya vende a través de comercio electrónico y ahora quiere escalar. También está colaborando con Enable Earth, otra startup tailandesa que convierte residuos en productos con balance de carbono negativo. De cara a lo que viene, la empresa quiere profundizar su trabajo con pequeños agricultores, donde la degradación del suelo aprieta de verdad, y al mismo tiempo seguir abriéndose paso en la agricultura urbana y los entornos de cultivo controlado. La pregunta ya no es si este tipo de sustratos llegarán más lejos, sino cuándo y con qué precio.
