A veces, la gran noticia no es que una tecnología exista, sino que se atreva a salir del laboratorio y pisar barro de verdad. Eso es justo lo que ha hecho Sixteen44: la start-up suiza de clima y tecnología prepara el despliegue de su primera unidad operativa en una explotación agrícola de Suiza, un paso que la saca de la prueba controlada y la mete en el terreno donde las cosas se complican de verdad.
Y ahí está la gracia. Durante varios días, la compañía pondrá a trabajar su hardware propio para enseñar que su proceso de oxidación avanzada puede eliminar emisiones de metano directamente en entornos ganaderos, sin tocar a los animales. Suena ambicioso. Y ojo, porque ahora empieza la parte difícil: que funcione fuera del laboratorio.
Del banco de pruebas al olor a establo
Para Sixteen44, este primer despliegue es algo más que un hito técnico: es la prueba de fuego que separa una idea prometedora de una solución capaz de aguantar el día a día de una explotación ganadera. Allí no hay condiciones perfectas ni aire limpio y uniforme; hay variaciones, polvo, humedad, ventilación real y una actividad que no se detiene.
William Ramsay, cofundador de la empresa, lo resume como un paso crítico para demostrar su tecnología de fuente puntual. La compañía quiere enseñar que puede eliminar estas emisiones in situ, con poco consumo energético y sin alterar las rutinas de la explotación. Dicho de otro modo: que la tecnología no estorbe mientras hace su trabajo.
Ese detalle importa mucho más de lo que parece. En este sector, muchas soluciones prometen mucho en papel, pero se desinflan cuando llegan las condiciones reales. Aquí el reto no es solo tecnológico, también operativo: integrarse en una finca sin obligar a rehacerla por completo. Y eso, en el mundo agro, vale oro.
El metano que nadie ve, pero calienta el planeta
La apuesta de la empresa apunta a uno de los focos de emisiones más rebeldes de la agricultura: el metano generado por la fermentación entérica, es decir, el proceso digestivo del ganado. Es un gas especialmente problemático porque, en un horizonte de 20 años, tiene un poder de calentamiento unas 80 veces superior al del dióxido de carbono.
El problema no es solo su impacto, sino su forma de salir al aire. A diferencia de otras emisiones industriales más concentradas, aquí hablamos de un gas muy diluido, disperso y liberado directamente a la atmósfera. Eso lo hace no inflamable y, en la práctica, casi imposible de capturar con técnicas tradicionales como la quema o flaring.
Sixteen44 sostiene que ha diseñado un sistema precisamente para ese escenario. Su unidad funciona a baja temperatura y está pensada para tratar corrientes de aire con concentraciones muy bajas de metano. En vez de almacenarlo o capturarlo, lo transforma químicamente en vapor de agua y CO₂. La empresa asegura que ese proceso reduce en un 97% el impacto total sobre el calentamiento.
La jugada de la empresa: meter el reactor donde ya circula el aire
Lo que más llama la atención de su planteamiento es que no se basa en perseguir el metano por el campo abierto, sino en trabajar en entornos controlados: establos lecheros interiores y alojamientos ganaderos confinados, donde los sistemas de ventilación pueden canalizar el aire hacia sus reactores. Ahí es donde Sixteen44 ve una vía de escalado real.
Según Jan Christoph Bohnerth, director ejecutivo de la compañía, una explotación comercial típica no necesitaría decenas de unidades, sino una o dos instalaciones modulares centralizadas conectadas a la infraestructura de extracción de aire ya existente. Es una idea mucho más digerible para el propietario de la explotación que tener que repartir equipos por cada animal. Y sí, eso cambia bastante el panorama.
La empresa añade que sus costes ya son comparables a los de tecnologías de captura directa de aire, conocidas como DAC por sus siglas en inglés, y que deberían bajar a medida que aumente el despliegue. También mira más allá del campo: cita focos similares de metano como vertederos y minas de carbón. La ambición, desde luego, no se queda corta.
Cuando el carbono paga la factura
La demostración en campo no solo busca validar la parte técnica. También sirve para sostener el modelo de negocio que Sixteen44 quiere construir alrededor de los créditos de carbono. La idea es trabajar con propietarios de activos agrícolas y repartir ingresos en función de esos créditos, de forma que el coste inicial de instalar el sistema no recaiga todo de golpe sobre la explotación.
Bohnerth defiende que el metano, por su condición de “supercontaminante” y por el hecho de que destruirlo es permanente, encaja bien en los sistemas de certificación y verificación. La compañía dice que puede medir la destrucción de metano de forma continua dentro del reactor, comparando concentraciones de entrada y salida con analizadores integrados, y que esos datos se validan además con auditorías externas.
La tesis de fondo es que, una vez destruido el metano, no hay marcha atrás. Y eso, unido a la disponibilidad creciente de verificación por satélite, refuerza la credibilidad de los créditos generados. Pero la empresa tampoco quiere depender solo del mercado voluntario: también se presenta como una herramienta futura de cumplimiento para explotaciones que tengan que lidiar con normas más estrictas, penalizaciones o exigencias de la cadena de suministro.
Fundada en 2025, Sixteen44 se ha marcado una meta muy ambiciosa: retirar un millón de toneladas de metano para 2035. Un objetivo enorme que ahora depende de si esta tecnología aguanta fuera de la pizarra y el laboratorio.
Si el ensayo suizo sale bien, la compañía habrá dado un salto importante en una de las batallas más difíciles de la agricultura. No será la solución mágica, pero sí una señal de que el metano puede empezar a atacarse donde nace el problema: en el aire que comparten ganado y explotaciones. Habrá que ver si la promesa se convierte en despliegue real, y a qué precio.
