Reservoir baja la barrera para las agtech: lanza una versión gratuita para arrancar sin pagar

A veces, la jugada más interesante no es inventar algo nuevo, sino bajar el precio de entrada para que más gente pueda probarlo. Eso es justo lo que ha hecho Reservoir Farms: ha estrenado un nivel gratuito y ha reorganizado su modelo de membresía para ponerle la alfombra roja a las startups agtech y a sus fundadores. Y sí, el movimiento importa, porque en un sector donde el dinero se ha vuelto más escurridizo, entrar en un hub de innovación ya no será solo para quien llegue con el bolsillo lleno.

Reservoir Farms nació en 2025 como espacio para probar y desarrollar tecnología agrícola, con centros de innovación en Salinas y en la región vinícola, y con una ubicación en el Central Valley que debería ponerse en marcha antes de que acabe el año. La empresa también espera dar detalles sobre ubicaciones en Washington y Arizona durante este ejercicio. Danny Bernstein, fundador y consejero delegado de Reservoir, ha dejado claro que la idea es sencilla: abrir la puerta más grande para que más equipos entren, experimenten y se queden el tiempo suficiente como para construir algo de verdad.

La puerta ya no se abre solo con tarjeta premium

El nuevo esquema de Reservoir Farms se organiza en tres niveles. El primero es gratuito y está pensado para grupos corporativos de I+D, investigadores, startups, estudiantes y otros equipos que hagan pruebas de campo de corta duración. Es, en la práctica, una forma de atraer curiosos, validadores y equipos que solo necesitan una ventana breve para poner sus ideas a prueba.

El segundo nivel cuesta 3.000 dólares al mes e incluye acceso a la explotación agrícola, un espacio de trabajo, apoyo de asesoría y otros servicios. El tercero sube la apuesta: para startups de software son 5.000 dólares mensuales y para las de hardware, 6.000 dólares al mes. A cambio, reciben superficie dedicada, puesto de trabajo, acceso a taller mecánico, almacenamiento y apoyo técnico y comercial.

Antes, los niveles básicos, intermedios y premium costaban 5.169,51, 7.754,27 y 11.631,40 dólares, respectivamente. El cambio no es pequeño. Reservoir ha rebajado el listón con la idea de generar más movimiento dentro de su comunidad agtech y, de paso, hacer que el sitio no sea solo un destino para proyectos bien financiados, sino también para quienes todavía están buscando encajar su tecnología en el mundo real.

Bernstein lo ha comparado con el salto que dio Spotify cuando pasó de un modelo de pago a otro con opción gratuita. La comparación no es casual: la empresa quiere más prueba, más uso y más interacción. Más gente entrando. Más manos tocando la máquina. Y más posibilidades de que aparezca la siguiente idea que merezca la pena seguir de cerca.

Mientras el capital se encoge, los robots siguen empujando

La reforma llega en un momento delicado para las startups de tecnología agrícola. Numanac, TRIC Robotics y otras compañías ya están utilizando Reservoir Farms para desarrollar sus soluciones, pero lo hacen en un entorno donde el capital riesgo ha perdido fuerza y donde muchas firmas del sector han caído por el camino.

La fotografía del mercado no ayuda a levantar el ánimo: en 2025, 162 startups agtech cerraron y se movieron 6.600 millones de dólares en operaciones, el nivel más bajo desde 2019. El pico llegó en 2021, cuando el sector levantó 14.500 millones de dólares en capital riesgo. Desde entonces, la curva ha ido de más a menos, y 2026 apunta a ser el suelo de ese ciclo bajista, si los analistas no se equivocan.

Pese a ese panorama, Bernstein ve una fuerza comercial notable en empresas de robótica como Bonsai Robotics, Carbon Robotics o Niqo Robotics. Lo que más llama la atención es esa mezcla rara de prudencia y optimismo: por un lado, todos esperan ese gran exit de la robótica que confirme el sector; por otro, ya hay compañías creciendo mientras el mercado sigue con el ceño fruncido.

Bernstein incluso apunta a un posible escenario en el que la robótica agrícola deje de ser un traje de venture capital y pase a construirse sobre una pila de software más accesible, casi como una pieza muy especializada montada por técnicos y mecánicos que ya trabajan con herramientas digitales maduras. Puede sonar ambicioso. También bastante lógico. Y ahí está el juego.

Reservoir no solo alquila espacio: también apuesta dinero

La empresa no se limita a ofrecer terreno, mesas y asesoramiento. Su brazo inversor ya ha entrado en Agriful, Bonsai Robotics, Farm-ng, Nextstera y TerraBlaster, y espera sumar entre cuatro y seis inversiones más. La prioridad, según ha explicado Bernstein, está en la robótica para sustituir productos químicos en el campo y en la capa tecnológica de IA y robótica que sostiene ese salto.

La combinación tiene lógica para cualquier explotación agrícola que necesite reducir insumos, mejorar el manejo y ganar precisión. En cultivos intensivos, en viñedo o en fincas con presión creciente sobre el uso de fitosanitarios, ese tipo de tecnología puede marcar diferencias muy concretas. Hace unos años sonaba a laboratorio; hoy ya se está probando sobre el terreno. Y eso cambia el tono de toda la conversación.

Además, Reservoir ha organizado Ruggedize, un evento de dos días que se celebrará los días 26 y 27 de agosto y que pondrá el foco en la parte más técnica de la agtech. La cita reunirá a personas que trabajan en IA física y robótica, incluidos desarrolladores e ingenieros de robótica, así como CTO y vicepresidentes de ingeniería de fabricantes de equipos originales.

Reservoir quiere ser lugar de prueba, de inversión y también de encuentro. Y con ese triple papel intenta colocarse justo donde está la conversación de fondo del sector: entre la necesidad de sobrevivir a un mercado duro y las ganas de construir la próxima generación de tecnología agrícola. Habrá que ver cuánto tarda en notarse de verdad. Nosotros, desde luego, estaremos atentos.

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