Aquabloom ataca un vacío clave de la acuicultura con un aditivo para piensos a base de algas

A veces lo más interesante no es inventar desde cero, sino recuperar algo que la naturaleza ya tenía guardado. Aquabloom ha movido ficha con un aditivo para piensos basado en algas que, en pruebas tempranas, ha llegado a recortar hasta un 50% la mortalidad de los peces. Y eso, en acuicultura, no es un detalle menor: puede cambiar la cuenta de resultados, la supervivencia del lote y hasta la forma en que se afrontan los problemas sanitarios en el agua.

La compañía entra así en el negocio de la alimentación animal después de haberse labrado un camino con biostimulantes elaborados a partir de algas. Ahora quiere dar el salto a un terreno bastante más delicado y, a la vez, más urgente: ayudar a que peces y camarones resistan mejor en un sector que vive bajo presión por enfermedades, calidad del agua y límites cada vez más estrictos al uso de antibióticos. Vamos, que el momento no parece escogido al azar.

Un refuerzo que no va contra el animal, sino con él

La clave del producto está en su papel como inmunomodulador, es decir, una sustancia que ayuda a modular la respuesta inmune del animal y a reforzar su salud general. Aquabloom defiende que, al mejorar la resiliencia, los animales comen mejor, crecen más rápido y aguantan mejor cuando las condiciones del entorno no son las ideales. Y en acuicultura, donde lo ideal suele quedarse muy lejos de la realidad, eso importa mucho.

Michelle Arsjad, consejera delegada de la compañía, explica que el problema no es uno solo, sino una mezcla bastante incómoda: enfermedades, cambios en las lluvias, aumento de las temperaturas y un agua que pierde calidad. Cuando se juntan varios factores a la vez, las pérdidas se disparan. Por eso la empresa cree que una solución de amplio espectro encaja mejor que respuestas demasiado específicas, que pueden funcionar en un país y fallar en el vecino.

En los ensayos iniciales con tilapia, trabajados junto a pequeños productores, los resultados han sido prometedores: la mortalidad se redujo hasta en un 50% y también mejoró el rendimiento de crecimiento. En algunos casos, según la directiva, la supervivencia fue tan alta que los agricultores tuvieron que aumentar la aireación de los estanques porque habían calculado un nivel de bajas bastante mayor. Y ojo, porque eso dice bastante del margen de mejora que había.

Los primeros ensayos con camarón todavía están en una fase más temprana, pero ya han mostrado mejoras en el apetito y en la resistencia incluso bajo condiciones complicadas, como fluctuaciones de salinidad. La empresa añade que el aditivo puede incorporarse al pienso con tasas de inclusión bajas, alrededor del 0,5%, lo que en teoría facilita su adopción sin obligar a los productores a cambiar demasiado sus rutinas.

Donde aprieta el agua, aprieta la enfermedad

La apuesta llega en un momento incómodo para el sector. El uso de antibióticos en acuicultura y ganadería se está endureciendo, pero al mismo tiempo la incidencia de enfermedades va al alza. Esa tensión deja un hueco bastante claro: faltan alternativas eficaces y, sobre todo, escalables. Es decir, soluciones que no se queden en el laboratorio ni en pruebas bonitas para la foto.

Arsjad insiste en que la empresa vio una oportunidad en las cadenas de producción de pescado y camarón del sudeste asiático, tanto por su peso económico como por el impacto que tienen allí las tasas altas de mortalidad. La lógica de Aquabloom es sencilla: si el entorno se complica, hace falta un apoyo que aguante la presión. No un parche puntual, sino algo que ayude a sostener la producción cuando el clima, el agua y las enfermedades van a la contra.

La propia CEO pone el foco en una realidad bastante cruda: los manuales hablan de condiciones óptimas, pero la vida real rara vez se parece a ese manual. La calidad del agua cae, las enfermedades se multiplican y el clima mete ruido por todas partes. En esa foto, los pequeños productores son los que más sufren, porque cualquier caída de supervivencia se les lleva por delante una parte importante del ingreso.

La empresa, fundada en 2024, también enlaza esta nueva línea con un objetivo social: mejorar los medios de vida de los cultivadores de algas de Indonesia, de los que alrededor de la mitad son mujeres de comunidades marginadas. Hoy trabaja con unos 300 productores costeros de algas. Esa base, que hasta ahora alimentaba sobre todo su negocio de biostimulantes, es la que empieza a dar forma a una segunda vía de ingresos.

Vender por dentro, no por fuera

El movimiento comercial también tiene miga. Aquabloom no quiere vender el aditivo como una marca cerrada y aislada, sino integrarlo dentro de productos de pienso ya existentes. Eso la coloca en una lógica mucho más pragmática: asociarse con fabricantes consolidados en lugar de intentar construir una marca desde cero en un mercado dominado por pocos actores en cada país.

La estrategia, además, encaja mejor con lo que suelen preferir los agricultores: canales de suministro conocidos y soluciones que no les obliguen a cambiarlo todo. La empresa piensa en escala, no en brillo de escaparate. Y en una industria tan sensible al precio como la de los piensos, ese enfoque puede marcar la diferencia entre una idea interesante y una idea que de verdad se compra.

Ahora bien, el producto todavía está en una fase delicada. La producción sigue en escala de laboratorio y la economía del proyecto aún se está ajustando. Arsjad reconoce que los márgenes son inciertos por ahora, aunque espera que mejoren cuando aumente el volumen. Su previsión es que llegar a una escala de producción relevante llevará entre uno y dos años, con una subida progresiva.

Hay un último detalle que la propia empresa no pasa por alto: en el mercado ya existen soluciones que se presentan como alternativas, pero no todas juegan limpio. La directiva advierte de que hay casos de aditivos que son, en la práctica, antibióticos disfrazados. Los reguladores, dice, irán afinando su capacidad de detección. Habrá que ver si esta vez el sector apuesta de verdad por soluciones más limpias o si sigue tirando de atajos. Nosotros, desde luego, estaremos atentos.

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