A veces lo más interesante no es lo que sube, sino lo que aguanta. Y BASF acaba de enseñar justo eso: en un mercado donde los precios siguen flojos, su negocio de soluciones agrícolas ha conseguido empujar volumen, sostener márgenes y, de paso, darle aire a las cuentas del grupo en un segundo trimestre que ha salido mejor de lo esperado.
La compañía alemana ha explicado que la demanda de fitosanitarios sigue firme, con agricultores que continúan comprando fungicidas, herbicidas y tratamientos de semillas pese a la presión sobre su rentabilidad. El resultado: la división Agricultural Solutions elevó ligeramente sus ganancias y ayudó a que el EBITDA antes de partidas especiales del grupo subiera hasta 2.400 millones de euros, 854 millones más que hace un año.
Pero aquí está la letra pequeña, y no es menor: mientras otros negocios de BASF han respirado mejor en precios, el área agrícola sigue peleándose con un mercado donde los volúmenes crecen, sí, pero las tarifas no terminan de acompañar. Vamos, que el carro avanza, aunque empujándolo cuesta.
Más sacos vendidos, menos margen para subir la tarifa
En la primera mitad del año, Agricultural Solutions registró crecimiento de volumen en todas las regiones y mantuvo un margen EBITDA antes de partidas especiales de alrededor del 29%, muy cerca del nivel del año anterior. La foto, por tanto, no es de desplome, sino de resistencia.
Markus Kamieth, consejero delegado de BASF, resumió el movimiento con bastante claridad: las ventas bajaron un poco por el efecto divisa y por precios algo más bajos, pero el negocio ganó tracción en todas las zonas. Los productos que más empujaron fueron los fungicidas, los herbicidas y los tratamientos de semillas.
Eso sí, la compañía no se hace demasiadas ilusiones con una mejora rápida en la facturación por precio. La presión continúa y el mensaje interno es bastante prudente. Los precios seguirán bajo presión durante el resto del año, insistió la dirección.
El campo aprieta y los genéricos no ayudan
¿Qué está frenando la recuperación? BASF lo ha dejado bastante claro: la economía del agricultor sigue débil, los precios de las materias primas agrícolas no terminan de levantar cabeza y la competencia de productos genéricos se ha endurecido. Cuando los márgenes en la explotación agrícola van justos, el fabricante lo nota antes o después.
La empresa también ve un entorno complicado por la meteorología. Habla de sequía y de condiciones adversas en partes de Europa y otras regiones agrícolas, factores que pueden alterar tanto el ritmo de compra como las decisiones de manejo en cultivos de secano y regadío. Por ahora, BASF asegura que no ve destrucción de demanda, pero tampoco pinta un horizonte cómodo.
El mensaje para el corto plazo es bastante sobrio: la actividad de julio estuvo en línea con lo previsto y el comercio sigue estable, pero el telón de fondo continúa siendo exigente. No hay euforia. Y tampoco parece que vaya a haberla pronto.
La geopolítica también se mete en la ecuación
Si al campo ya le bastaban los precios y el clima, el resto del mundo ha puesto otro ingrediente en la mezcla: la tensión geopolítica. La escalada del conflicto en Oriente Medio y las alteraciones en torno al estrecho de Ormuz cambiaron patrones de compra en el segundo trimestre, con clientes que adelantaron pedidos por miedo a posibles problemas de suministro.
Ese movimiento, según Kamieth, favoreció a BASF en parte gracias a su red global de producción y a su estrategia de fabricar “localmente para cada mercado”. Cuando el suministro se vuelve incierto, tener plantas repartidas y no depender de una sola ruta pesa más de lo que parece.
La empresa ha elevado su guía anual de EBITDA hasta un rango de 6.900 a 7.700 millones de euros, pero mantiene una horquilla amplia por una razón muy concreta: la incertidumbre sigue alta. En otras palabras, mejora la previsión, sí, pero con el freno de mano echado.
Dirk Elvermann, director financiero, fue todavía más directo al hablar del panorama general. Dijo que parte de la capacidad química de Oriente Medio podría seguir fuera de juego durante bastante tiempo y que las cadenas de suministro globales aún están reajustándose. El mercado se ha adaptado mejor que al principio del conflicto, pero la normalidad, si es que existe, sigue lejos.
También asoma otro riesgo menos vistoso pero igual de importante: la inflación y la confianza del consumidor. BASF no detecta todavía una caída clara de la demanda, pero sí advierte de que una segunda mitad del año marcada por más inflación, más sobresaltos y menos confianza puede acabar pesando sobre la actividad industrial y el consumo. Y ahí la cadena se nota entera: desde la fábrica hasta la finca.
El plan de separar el negocio avanza paso a paso
Mientras tanto, la compañía sigue ejecutando su plan para convertir Agricultural Solutions en un negocio con vida propia. El objetivo es estar listo para una salida a bolsa a mediados de 2027, y BASF asegura que va bien encaminada para lograrlo.
La transformación no es solo de discurso. La empresa está desplegando nuevos sistemas ERP —el software de planificación de recursos empresariales que coordina operaciones internas— y montando funciones corporativas específicas dentro de la división, incluida un área de relación con inversores. En otras palabras, está construyendo el esqueleto de una compañía independiente mientras todavía vive dentro del grupo.
La idea es clara: dejar listos los cimientos para que el negocio agrícola pueda cotizar por separado y, con ello, intentar desbloquear más valor para el accionista. Habrá que ver si el mercado acompaña, si los precios se estabilizan y si la demanda resiste cuando el ruido geopolítico vuelva a subir. Nosotros, desde luego, estaremos atentos.