A veces lo más interesante en el campo no es estrenar una máquina gigantesca, sino recuperar una idea antigua con traje nuevo: que un tractor pueda trabajar solo, sin pedirle al agricultor que se deje un dineral por adelantado. Sabanto acaba de cerrar una ronda Serie B con sobredemanda, liderada por Leaps by Bayer, y el movimiento importa porque pone dinero serio detrás de una autonomía pensada para hacer más rentables las explotaciones agrícolas y, de paso, menos dependientes de mano de obra y combustible.
La compañía no ha dado detalles financieros de la operación, pero sí ha confirmado que en la ronda también han entrado Sustainable Forward Capital, InnoVenture Iowa, Fulcrum Global Capital, DCVC y Yara. Con ese respaldo, Sabanto quiere acelerar la adopción de su tecnología autónoma, ampliar su base de clientes y seguir afinando sus kits de retrofit, esos sistemas que se instalan sobre tractores ya existentes para convertirlos en máquinas autónomas. Y sí, ahí está gran parte de la gracia.
El truco no está en comprar más hierro, sino en aprovechar el que ya existe
Mientras buena parte del sector sigue obsesionado con equipos cada vez más grandes y caros, Sabanto ha decidido jugar otra carta: adaptar el parque de maquinaria que ya tienen muchos productores. La empresa convierte tractores convencionales en vehículos autónomos y les permite alargar las horas de trabajo sin obligar a la explotación a hacer una inversión de esas que dejan temblando la caja.
Craig Rupp, fundador y consejero delegado de Sabanto, defiende que el “caballo de batalla” del futuro será más pequeño de lo que muchos imaginan. Su idea es sencilla y bastante terrenal: si la autonomía permite que un tractor trabaje más horas, el agricultor puede dedicar el tiempo humano a tareas de más valor, desde la logística hasta la toma de decisiones agronómicas. Y eso, en campañas intensas de siembra o en parcelas donde el reloj manda más que nadie, puede marcar diferencias muy serias.
La empresa insiste además en que su sistema ayuda a nivelar el terreno económico en un momento en que muchas explotaciones viven con los márgenes muy apretados. No es un detalle menor: si la automatización solo sirviera para quien puede pagar flotas nuevas, se quedaría en escaparate. Sabanto intenta vender otra cosa. Algo más pragmático. Algo que pueda entrar por la puerta de atrás, retrofit mediante, y empezar a trabajar desde el primer día.
Bayer no ha puesto el dinero por romanticismo tecnológico
Leaps by Bayer, el brazo de inversión de Bayer, dice haber visto tres ingredientes que le han hecho entrar: la tecnología, la capacidad de escalar el negocio y la confianza en el equipo directivo. Paimun Amini, vicepresidente de inversiones de agricultura en la firma, subraya que Craig Rupp tiene recorrido como emprendedor y que ha construido un equipo que les ha convencido. No es casualidad: en este tipo de apuestas, la persona al volante pesa casi tanto como el software.
Amini también destaca que Sabanto ya tiene cientos de sistemas retrofit comercializados y que la plataforma mejora a golpe de datos y de feedback de sus clientes. Eso es relevante porque la autonomía agrícola lleva años prometiendo muchísimo y cumpliendo menos de lo que vende. Aquí, al menos, Bayer ve tracción real, clientes fieles y capacidad para crecer sin quedarse encerrados en una demo bonita.
Otra pieza que les ha gustado es la economía de la solución en cultivos en hileras, donde los márgenes pueden ser complicados. Según Amini, Sabanto ha logrado que la autonomía funcione en ese tipo de sistemas, lo que podría traducirse en una explotación más rentable en el futuro. Dicho de otro modo: no se trata solo de que el tractor se mueva solo, sino de que la cuenta salga.
Menos peso en el suelo, menos humo en el depósito, más horas útiles
Más allá del ahorro de mano de obra y de la rentabilidad, Bayer ve una utilidad ambiental bastante clara. Sabanto trabaja con máquinas más ligeras y eso puede reducir la compactación del suelo, uno de esos problemas silenciosos que no hacen ruido pero dejan huella durante años. Menos compactación suele ayudar a infiltrar mejor el agua, a que las raíces respiren y a preservar la salud del terreno a largo plazo.
La autonomía también puede mejorar la eficiencia de las labores al reducir solapes, tiempos muertos y trayectorias innecesarias. Menos vueltas de más, menos combustible desperdiciado, menos desgaste. Y cuando una tecnología se combina con herramientas de agricultura de precisión, el resultado puede ir todavía más lejos: mejor colocación del fertilizante, siembra más afinada y aplicaciones de fitosanitarios con menos despilfarro. En fincas de regadío o en campañas muy apretadas, ese nivel de ajuste puede ser oro puro.
Bayer encuadra todo esto dentro de su apuesta por la agricultura regenerativa y por soluciones que mejoren la eficiencia de recursos sin empeorar la cuenta de resultados del agricultor. La idea que repiten es bastante clara: si la tecnología ayuda a usar mejor la tierra, la energía y los insumos, el beneficio puede quedarse a la vez en el bolsillo y en el suelo. Dos frentes que rara vez se reconcilian solos.
Amini va un paso más allá y habla de “IA física”, una forma de inteligencia artificial aplicada a máquinas que hacen cosas en el mundo real. Según explica, esa es una de las palancas que puede ayudar a asegurar la estabilidad financiera de los agricultores, aliviar la escasez de mano de obra y facilitar la adopción de tecnologías que hoy todavía a muchos les parecen demasiado arriesgadas. Hace años esto sonaba a ciencia ficción; hoy ya hay explotaciones que lo están probando en serio.
Ahora toca ver si esa promesa se convierte en algo masivo y a qué precio llega al mercado. Ahí estará la verdadera prueba. Nosotros, desde luego, seguiremos pendientes.
