China, India y Vietnam cambian el mapa de los ingredientes marinos en Asia: así se mueven ahora las importaciones y exportaciones

A veces el mercado no cambia de golpe: se va recolocando, pieza a pieza, hasta que un día ya no se parece en nada al de antes. Eso es justo lo que está pasando con los ingredientes marinos en Asia, donde China sigue mandando en la demanda de harina de pescado, pero ahora con reglas más finas, India gana músculo como proveedor y Vietnam tira de la cadena desde el lado de la acuicultura. Y sí, el movimiento importa porque afecta a quién vende, quién compra y a qué precio se juega todo.

China sigue tirando del carro, pero ya no vale vender a ciegas

China continúa siendo el gran motor regional de la demanda de harina de pescado, aunque ese apetito ya no se comporta como una marea uniforme. El mercado chino se ha fragmentado por especies: no pide lo mismo la producción de anguila que la de gambas o la de lubina californiana, y esa diferencia obliga a afinar mucho más las compras.

La consecuencia es clara: los fabricantes de piensos han endurecido la gestión de riesgos y las decisiones de aprovisionamiento. Traducido a pie de calle, la harina de pescado se usa con más precisión, con menos derroche y con la vista puesta en asegurar suministro sin perder de vista el coste. La demanda sigue siendo real, pero ya no crece a lo loco.

Además, la materia prima doméstica anda justa, lo que ha reducido la producción local en 2025 y ha abierto un hueco que los importadores deberán cubrir. Zhaogang Jiang, presidente de Evergreen International Trade, fue muy directo al resumirlo: la demanda china no es infinita y los límites empiezan a verse. La foto de 2026 dependerá, dijo, de lo rápido que responda la oferta local. Y ahí está la clave.

India deja de ser una oportunidad y se convierte en socio fijo

Mientras China afina su compra, India está consolidando su papel como proveedor estratégico dentro del comercio asiático de ingredientes marinos. El país ya roza los 17 millones de toneladas de producción pesquera total, incluyendo acuicultura, y se coloca entre los tres mayores productores del mundo. La pesca marina capturada se ha estabilizado en 3,57 millones de toneladas en 2025, una base mucho más sólida que la de años anteriores.

Hay otro factor que ha empujado ese giro: el cambio regulatorio. La retirada de las viejas restricciones para abrir nuevas plantas de harina y aceite de pescado ha despejado el camino para ampliar capacidad, algo que los procesadores llevaban tiempo esperando. Menos ataduras, más margen para reaccionar cuando el mercado aprieta. Así de simple, y así de decisivo.

Joseph John, consejero delegado de Arbee Biomarine Extracts, lo resumió con una frase muy reveladora: la relación con China ha pasado de ser algo oportunista y de corto recorrido a una alianza estable y de largo plazo. Eso ha dado una salida más constante a la harina de pescado india en el mayor mercado del mundo, que no es poca cosa.

En el lado de la materia prima, los peces pelágicos siguen mandando en las capturas, pero el sector está mirando cada vez más a los recortes y subproductos del procesado de marisco y pescado. Sardinas, caballas, atunes y otras especies están aportando más volumen para producir harina y aceite, mejorando el aprovechamiento y alineándose con objetivos de sostenibilidad. Con un monzón previsto de normal a superior a lo normal y varios proyectos de mejora pesquera avanzando en estados costeros, el sector encara el año con cierto optimismo. Habrá que ver si el clima acompaña de verdad, claro.

Vietnam necesita más de lo que puede sacar por sí solo

Vietnam juega otra partida: no es tanto un gran exportador de harina como un país que necesita ingredientes marinos de calidad para sostener su auge acuícola. El crecimiento de la producción de gambas, pangasius y peces marinos está empujando con fuerza la demanda de piensos de alto valor. La acuicultura ya supone alrededor del 5 % de la producción total de pienso del país, una cifra que habla por sí sola del cambio en marcha.

El problema es que la oferta local va por detrás. La producción de harina de pescado trabaja solo al 60 o 70 % de su capacidad por culpa de la escasez de materia prima, la estacionalidad y la irregularidad en la calidad de las entradas. A eso se suma que los subproductos han ganado mucho peso y ya aportan entre el 40 y el 60 % del suministro, pero ni aun así se cierra la brecha. La ecuación sigue sin cuadrar del todo.

Ngo Nha Truc, subdirectora del área de piensos y cereales de Kanematsu Vietnam, fue clara: el país sigue dependiendo mucho de las importaciones de ingredientes marinos para producir pienso premium. Y eso lo ata de forma directa a los vaivenes regionales, sobre todo a China, que es a la vez potencia acuícola vecina y pieza importante en las cadenas de suministro.

Lo que viene ahora pasa por cooperar más y mejor. Según Ngo, harán falta más coordinación en abastecimiento, estándares de calidad y aprovechamiento de subproductos para dar estabilidad al suministro a largo plazo. Dicho de otra forma: Vietnam necesita músculo propio, pero también socios que no fallen cuando el mercado se pone nervioso. Y en esta historia, el próximo movimiento todavía no está escrito.

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