ClimateLaunchpad debuta en Asia y pone el foco en la brecha que frena a las startups climáticas a escalar

A veces el gran salto de una tecnología no llega cuando demuestra que funciona, sino cuando tiene que pelearse con el mundo real. Y ahí es donde la climate tech se está jugando ahora mismo su partido más serio: ya no basta con el piloto bonito ni con la demo que deslumbra, sino con probar que una solución sirve una y otra vez, en condiciones de verdad y durante varias campañas.

Ese cambio de escenario está apretando a las startups climáticas, que hoy se topan con tres muros muy concretos: evidencias, capital e implementación. La fase difícil ya no es inventar; es escalar sin perder el pulso. Y, con una financiación cada vez más selectiva, la ruta desde la prueba de concepto hasta la adopción comercial se ha vuelto bastante más estrecha de lo que parecía hace unos años.

Del piloto al barro: donde se atascan muchas startups

Rebecca Sharpe, fundadora y directora de Better Earth Ventures, lo resume sin rodeos: las startups necesitan más oportunidades para demostrar que su tecnología no solo funciona, sino que entrega valor de forma consistente en un entorno operativo real, y no en una maqueta o en un ensayo aislado. Esa diferencia, que suena pequeña sobre el papel, es la que separa una buena idea de un negocio que puede sobrevivir.

Better Earth Ventures, con base en Singapur, trabaja como venture builder para ayudar a escalar startups climáticas en Asia-Pacífico. Y lo que ve Sharpe es un ecosistema que ha sabido acompañar bastante bien a los fundadores en el arranque, pero que se queda más corto cuando toca dar el salto de verdad: negociar con compradores, adaptarse a normativas distintas entre mercados, hilar alianzas y convertir un piloto prometedor en una solución que alguien quiera pagar.

El problema ya no es tanto técnico como comercial y regulatorio. Dicho de otro modo: la tecnología puede estar lista, pero el mercado aún no siempre lo está. Y ahí empiezan los quebraderos de cabeza de una industria que necesita pruebas sólidas, paciencia y mucho trabajo de trinchera.

El dinero ya no cae del cielo

Sharpe identifica tres obstáculos que frenan una adopción más amplia de estas tecnologías: generar evidencia robusta, conseguir capital paciente y ejecutar bien la implementación. No es una lista larga, pero sí muy exigente. Para convencer a industria, inversores y administraciones, las startups tienen que mostrar datos fiables que prueben rendimiento constante en condiciones reales, no solo en laboratorio.

Ese matiz importa mucho más de lo que parece. Una solución climática puede sonar impecable en PowerPoint, pero si no aguanta el paso de los meses, las estaciones o las particularidades de cada operación, se queda en promesa. Y en un momento en el que el dinero mira con más lupa, el salto de “esto podría funcionar” a “esto ya está funcionando” se ha convertido en una carrera de fondo.

También hace falta capital que entienda los tiempos del clima. No hablamos de retornos rápidos, sino de apuestas que necesitan recorrido, validación y, muchas veces, acompañamiento técnico y comercial. Sin ese colchón, muchas compañías se quedan atrapadas justo cuando empiezan a parecer interesantes de verdad.

Singapur pone el escenario y Asia entra en escena

Todo esto llega justo antes del Climate Innovation Summit Singapore, que Better Earth Ventures organizará del 13 al 15 de octubre. El encuentro quiere juntar a emprendedores, inversores, corporaciones y responsables públicos para hablar de acceso a mercado, captación de fondos, búsqueda de clientes y alianzas comerciales. Vamos, lo que separa una solución con futuro de una idea que se queda sola en el cajón.

La cita tendrá además un aliciente especial: la final global de ClimateLaunchpad se celebrará por primera vez fuera de Europa, dentro de esta edición que aterriza en Asia. ClimateLaunchpad está impulsado por Climate-KIC, la principal agencia europea de innovación climática, con apoyo de Bank of America e Irish Aid.

El concurso ha acumulado más de 4.150 solicitudes de 50 países. Y eso ya dice bastante del apetito que hay alrededor de estas soluciones, pero también de la competencia por salir adelante. Alexandros Nikopoulos, responsable del programa, destaca que durante 13 años la iniciativa ha servido para que emprendedores climáticos prueben sus ideas, afi nen su propuesta y encuentren a quien crea en ellas. Ahora, además, llega con un ecosistema mucho más grande detrás.

Para Sharpe, traerlo a Singapur abre una ventana interesante para nuevas conexiones entre fundadores, inversores, empresas y policymakers, los responsables públicos de turno. La ciudad-estado, dice, reúne dos bazas que encajan bien en este tipo de conversaciones: peso como hub internacional de negocios y una escena climática que va ganando músculo. Y sí, cuando se sientan todos en la misma mesa, suelen salir cosas que no aparecen en una reunión por videollamada.

El programa del summit también incluirá el PepsiCo Greenhouse Program APAC 2026: IMPACT Edition, centrado en poner en contacto startups con equipos de PepsiCo para explorar soluciones en agricultura, clima y circularidad. En esta edición, además, el foco sobre la viabilidad operativa y la implementación será más fuerte dentro del proceso de participación.

Ese detalle no es menor. La conversación ya no gira solo alrededor de la idea brillante, sino de si puede ponerse a trabajar de verdad. Y ahí es donde muchas propuestas ganan o pierden la partida: en el terreno de la ejecución, no en el de la inspiración.

Sharpe lo deja claro al cerrar: cada vez más organizaciones están dispuestas a hablar con startups, pero el siguiente paso es crear caminos más claros para que los pilotos que salen bien no se queden en anécdota y terminen convirtiéndose en adopción amplia. Habrá que ver qué alianzas nacen en Singapur, y hasta dónde aguantan cuando toque pasar del encuentro al mundo real.

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