Corea vuelve al campo: más agricultores regresan, pero el acceso a tierra sigue frenando el boom

A veces la historia no está en la gente que se va, sino en la que decide volver al campo. En Corea del Sur, ese regreso a la agricultura ha ganado fuerza en 2025, pero lo que hay detrás es mucho más complejo que una simple vuelta al pueblo: hablamos de explotaciones minúsculas, mucha tierra alquilada, cultivos de bajo riesgo y una realidad incómoda, la de un sector que atrae a nuevos perfiles, aunque no siempre logra convertir esa llegada en producción de verdad.

Los números apuntan a un aumento del fenómeno. Los hogares que regresaron a la agricultura subieron un 6% interanual hasta 8.735 en 2025, mientras que el número total de personas en ese grupo creció un 8,5% hasta 11.617. Sobre el papel suena a impulso, a movimiento, a campo que recupera músculo. Pero cuando uno rasca un poco, la película cambia: la media cultivada por cada hogar fue de solo 0,34 hectáreas y el 83,7% trabajó menos de 0,5 hectáreas.

Y ahí está la clave. La mayoría de estas nuevas incorporaciones funciona a escala micro, lo que limita su capacidad para aportar de forma relevante a la producción nacional o para empujar grandes mejoras de eficiencia. Más que grandes apuestas empresariales, muchos de estos retornos parecen orientados al autoconsumo o a complementar ingresos, algo que encaja con una agricultura que sigue buscando cómo sobrevivir sin pedir permiso al reloj ni a la cuenta bancaria.

Un regreso al campo, pero con el freno echado

El retrato que dibujan los datos es el de un campo de acceso difícil y ambición contenida. Cada vez más hogares nuevos trabajan tierras arrendadas en lugar de tierras propias, y los hogares con toda su superficie en alquiler llegaron al 33,9% en 2025. No es un detalle menor: cuando la tierra no es tuya, invertir a largo plazo, mecanizar o crecer de verdad se vuelve mucho más complicado.

Los cultivos elegidos también cuentan su propia historia. Entre quienes vuelven a la agricultura dominan las hortalizas y el arroz de riego, mientras que los frutales y otros cultivos especializados pesan menos. Vamos, que la mayoría pisa sobre seguro. Se mueven hacia actividades conocidas, menos exigentes en capital y menos expuestas al susto, antes que lanzarse a segmentos de mayor valor o más tecnológicos.

Además, el peso del trabajo parcial vuelve a dejar claro que la agricultura no siempre da para vivir sola. Muchos de estos hogares combinan el campo con otros empleos, algo que habla tanto de resiliencia como de límites económicos. El mensaje es bastante claro: el regreso existe, pero no siempre viene acompañado de una apuesta total por la actividad agraria.

Las personas que están empujando el retorno

¿Quién está liderando este movimiento? Sobre todo, las personas mayores. El aumento del retorno al campo está impulsado principalmente por quienes tienen 70 años o más, junto con un peso creciente de las mujeres. La administración surcoreana vincula parte de este cambio a los avances en mecanización y automatización, que hacen más llevadero trabajar con menos esfuerzo físico. Hace años esto era casi impensable; hoy, al menos para algunos perfiles, ya encaja mejor con la realidad.

La autoridad agrícola del país ha reconocido que este fenómeno importa mucho en un contexto de declive demográfico y de menor movilidad interna. El mensaje que lanza es bastante directo: no basta con facilitar que la gente de la ciudad llegue al campo; también hay que crear condiciones para que quienes vuelven a la agricultura y quienes se mudan a zonas rurales se queden. Para eso, el plan pasa por ampliar el acceso a información sobre empleos rurales, viviendas vacantes y parcelas disponibles, además de ofrecer apoyo más personalizado.

En paralelo, las mujeres ganan peso dentro de ese retorno, lo que sugiere cambios en los perfiles de entrada al sector. No estamos ante una foto de manual del agricultor de toda la vida, sino ante una mezcla de edades, trayectorias y motivaciones que obliga a mirar el campo con otros ojos. Y ojo, porque eso también cambia las necesidades de formación, de vivienda y de acceso a tierra.

La gente llega al campo, pero no siempre acaba sembrando

La otra gran sorpresa del informe está fuera de la agricultura, o casi. De los 2,22 millones de personas que se mudaron a zonas rurales en los últimos cinco años, solo el 0,7% empezó a cultivar en 2025. Es decir, el movimiento hacia lo rural no se traduce automáticamente en una vida agraria. Hay un salto enorme entre cambiar de residencia y meterse de lleno en el campo.

Ese dato revela una desconexión bastante clara entre migración rural y actividad agrícola. Hay gente que se instala en el entorno rural por trabajo, por vivienda o por calidad de vida, pero sin dar el paso a la producción. Entre los hogares que sí se mueven a lo rural, los cabezas de hogar de unos treinta años forman el grupo más numeroso, y los menores de 30 años representan de forma constante alrededor del 43% del total. O sea, el campo sigue teniendo tirón entre los jóvenes, aunque no necesariamente como espacio agrícola.

Las razones para mudarse también cambian según la edad. Los más jóvenes priorizan el empleo; los grupos de mayor edad miran más la vivienda, ya sea por precio o por calidad de vida. Además, los motivos familiares van ganando terreno en todos los tramos, lo que apunta a decisiones donde pesan cada vez más el cuidado, la convivencia y el estilo de vida. Las zonas periurbanas y bien conectadas, especialmente alrededor de la provincia de Gyeonggi, concentran buena parte de esos movimientos, con ciudades como Hwaseong, Namyangju y Yongin en cabeza. Son lugares que permiten vivir en un entorno más rural sin romper del todo con la ciudad. Y eso, al final, lo explica casi todo.

También hay margen para políticas que sí mueven la aguja. Las regiones elegidas para un programa piloto de renta básica rural registraron una subida media del 37,8% en la llegada de nuevos habitantes, una cifra que sugiere que los incentivos económicos pueden empujar la mudanza. La pregunta, claro, es cuánto de ese traslado acaba convirtiéndose en arraigo real y cuánto en un simple cambio de postal. Nosotros seguiremos pendientes, porque el dato ya está ahí y la partida, desde luego, no ha terminado.

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