A veces el campo no frena por falta de tierra o de ganas, sino porque el tablero global se complica de golpe. Y eso es justo lo que le está pasando a Brasil: su descomunal expansión de la soja empieza a perder fuelle mientras el maíz, la caña y el etanol toman el volante en un mercado lleno de ruido, lluvias caprichosas y costes que no dejan de apretar.
La foto que nos queda es bastante clara: el gigante agroindustrial sudamericano sigue produciendo a lo grande, pero ya no corre como antes. Al mismo tiempo, el empuje del maíz y del azúcar está alimentando una industria del etanol que vive un momento de abundancia, con precios bajos y márgenes muy ajustados. Y ojo, porque ahí hay un cambio de ritmo importante.
La soja sigue mandando, pero ya no acelera igual
Brasil lleva años acostumbrado a crecer en soja como quien abre un grifo gigante: campaña tras campaña, subida tras subida. Pero ese músculo empieza a mostrar señales de fatiga. La previsión para la cosecha 2026/27 se sitúa en 178 millones de toneladas, por debajo de los 182 millones calculados para 2025/26.
No hablamos de una caída brusca, sino de una desaceleración. Y eso, en un país que ha construido buena parte de su poder agrícola sobre la expansión de la soja, pesa. La gran novedad no es que se desplome, sino que deja de crecer con la alegría de antes.
Detrás de ese frenazo asoman varios frentes a la vez: tensiones macroeconómicas, tensiones geopolíticas y una competencia internacional en la que la soja estadounidense sigue siendo muy competitiva. El resultado es una campaña en la que los productores brasileños se sientan a hacer números con mucha más prudencia que hace unos años.
Además, el calendario tampoco ayuda. Ahora mismo, Brasil está cerrando la cosecha de su segunda campaña de maíz, mientras los agricultores ya empiezan a pensar en la soja. Ese tránsito de un cultivo a otro llega con más dudas que certezas, y no precisamente por falta de experiencia.
Lluvias, calor y el viejo truco de El Niño
El clima vuelve a meter la cucharada. El efecto de El Niño suele traducirse en más lluvia, y eso puede cortar o complicar las labores de siembra y recolección en distintas zonas del país. No les pega igual a todas, y ahí está parte del problema: Brasil es enorme y el tiempo juega partidos distintos según la región.
Ya hubo episodios que dejaron huella. A finales de 2015 y comienzos de 2016, El Niño castigó la soja y el maíz en Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahía, la conocida región de MATOPIBA. Más recientemente, en 2024, el impacto se dejó notar en Mato Grosso, una de las grandes referencias sojeras del país.
Así que el campo brasileño mira al cielo con una mezcla de resignación y cálculo. La lluvia puede salvar unas parcelas y fastidiar otras. Y cuando se manejan volúmenes tan enormes, cualquier alteración se convierte en una pieza que mueve todo el engranaje.
En paralelo, la campaña de maíz de segunda cosecha va llegando a su fin y las estimaciones apuntan a una producción total de 138 millones de toneladas este año, de las cuales 29 millones corresponderían a la primera cosecha. El maíz, como la soja, sigue en cifras gigantescas, pero su papel ya no se limita al grano: también alimenta una industria que está tragando cada vez más materia prima.
El etanol se bebe el protagonismo
Si hay un sector que está aprovechando el tirón del maíz y del azúcar, ese es el del etanol. La caña de azúcar pinta otro año bueno y la previsión para 2026/27 es de 675 millones de toneladas, un 2,3% más interanual, aunque por debajo del pico de 705 millones alcanzado en 2023/24.
Brasil no está moviendo estas toneladas por capricho. Su parque móvil funciona en gran parte con motores flex, es decir, vehículos que pueden usar indistintamente gasolina o etanol. En torno al 80% de los coches del país entra en esa categoría, así que cualquier cambio en el precio relativo entre ambos combustibles se nota rápido en el surtidor.
De hecho, el Gobierno ha movido ficha y ha elevado temporalmente la mezcla obligatoria de etanol en la gasolina del 30% al 32% durante 180 días. Eso alimenta todavía más un mercado que ya venía cargado: hay más cosecha, más mezcla para etanol y también una producción creciente de etanol de maíz. Resultado: demasiada oferta para un mismo vaso.
El problema es que tanto etanol junto termina pesando en los precios. La presión es tal que las cotizaciones están bajas y el margen para los productores se estrecha. Y sí, el consumo podría reaccionar porque la relación entre el precio del etanol y el de la gasolina en el surtidor favorece al primero, pero habrá que esperar a los datos mensuales para ver hasta qué punto eso se traduce en ventas reales.
El dinero aprieta y el comercio internacional tampoco ayuda
Mientras el campo lidia con el clima y con la sobreoferta, la economía brasileña no le pone precisamente una alfombra roja. Los tipos de interés siguen altos y los costes de los insumos también han subido, en parte por el conflicto con Irán, lo que deja a muchos productores con una factura financiera mucho más pesada.
Eso se nota sobre todo en quienes se endeudaron a fondo en los años buenos para ampliar explotaciones agrícolas o lanzarse a inversiones ambiciosas. Hoy, esos mismos actores se encuentran con servicios de deuda más caros y menos margen para respirar. Cuando el ciclo cambia, el crédito deja de ser gasolina y pasa a ser un lastre.
Y por si faltara tensión, el frente comercial añade otra capa de presión. Estados Unidos ha impuesto aranceles recíprocos sobre varios bienes brasileños por motivos que van desde el sistema de pagos Pix hasta la deforestación ilegal. Productos agroalimentarios como la carne de vacuno, el café y el zumo de naranja han quedado fuera del gravamen del 25%, pero el azúcar y el etanol no corren la misma suerte.
Ahí está el gran interrogante de fondo: cómo se reordena un país que ha hecho de la escala su gran ventaja cuando el clima, la financiación y el comercio internacional empiezan a empujar en direcciones distintas. Brasil sigue siendo una máquina agrícola imponente, pero ya no camina sobre terreno tan cómodo. Y nosotros, desde luego, estaremos atentos a ver hasta dónde llega este nuevo frenazo.
