Nueva apuesta busca hacer más predecibles los insumos biológicos para cultivos y explotación agrícola

A veces lo más interesante no es descubrir una microbacteria nueva, sino entender por qué unas funcionan y otras se quedan a medio gas. Y justo ahí es donde Zymofix ha movido ficha: la biotecnológica flamenca ha conseguido 1,9 millones de euros de la Agencia Flamenca para la Innovación y el Emprendimiento, conocida como VLAIO, para empujar un proyecto que quiere hacer algo tan ambicioso como necesario: que los insumos biológicos para agricultura sean más previsibles.

La apuesta no va sola. Ese dinero forma parte de MicroFix, un proyecto de 3,2 millones de euros que la compañía desarrolla junto con el equipo de la profesora Tina Kyndt en la Facultad de Ingeniería Biosciencia de la Universidad de Gante. La idea, dicho sin rodeos, es mirar el problema donde muchas veces nadie mira: no solo en el microorganismo, sino en el proceso de fabricación que acaba moldeando su comportamiento.

La gran pregunta no es quién vive ahí dentro, sino cómo ha crecido

Durante años, buena parte de la conversación sobre biológicos en agricultura ha girado alrededor de encontrar cepas interesantes. Zymofix quiere poner el foco en otra capa del asunto. El proyecto estudiará cómo las condiciones de fabricación afectan a la fisiología microbiana, a sus rasgos funcionales y, finalmente, a su rendimiento en campo. Y sí, ahí está la clave de todo: si no se entiende esa cadena, la confianza del agricultor se complica.

La empresa plantea MicroFix como un marco de trabajo basado en datos, capaz de conectar lo que pasa en producción con lo que luego ocurre en la parcela. Su argumento es bastante directo: las soluciones microbianas tienen un potencial enorme, pero su comportamiento sigue siendo demasiado irregular. Hoy pueden responder bien; mañana, con otro entorno o con otra aplicación, la historia cambia. Y eso, para quien trabaja con cultivos y márgenes ajustados, pesa mucho.

Emile Redant, consejero delegado de Zymofix, lo resume con una idea que concentra bien el objetivo del proyecto: quieren entender cómo su tecnología de fabricación influye en la función microbiana para diseñar productos biológicos más fiables y eficaces. Suena técnico, sí, pero el mensaje de fondo es fácil de captar: menos lotería y más consistencia.

La tecnología que está en el centro del experimento

El corazón del proyecto es Zyft, la plataforma propia de fermentación en estado sólido de Zymofix. Frente a los sistemas convencionales de fermentación líquida, esta tecnología cultiva microorganismos sobre sustratos sólidos tratados térmicamente y procedentes de subproductos agrícolas, que además pueden seguir formando parte de la formulación final. Aquí hay una doble jugada: trabajar con biomasa residual y, al mismo tiempo, intentar afinar el comportamiento del producto.

Lo interesante, y también lo delicado, es que la compañía quiere averiguar hasta qué punto ese método de producción influye en rasgos como la estabilidad y la eficacia de los microorganismos. Si el proceso cambia el resultado, entonces el proceso no es solo un trámite industrial: es parte del producto. Esa es la clase de matiz que puede mover el sector entero, sobre todo en un mercado donde la repetibilidad importa tanto como la promesa biológica.

Durante los próximos tres años, el equipo combinará microbiología, ciencia vegetal y modelización para estudiar cómo los rasgos medidos en condiciones controladas se traducen en respuestas de planta bajo estrés biótico y abiótico. En castellano llano: quieren saber si lo que funciona en laboratorio aguanta luego el tirón en situaciones reales, con plagas, sequía, calor u otros golpes que el campo no deja de repartir.

Más allá del laboratorio, lo que se juega es la confianza

El proyecto no solo busca generar conocimiento científico. Zymofix sostiene que también puede reforzar la experiencia en biotecnología microbiana en Flandes, crear empleo cualificado en I+D y empujar la transición hacia sistemas agrícolas más circulares. Ese último punto no es menor: si los subproductos agrícolas se integran mejor en este tipo de procesos, la cadena gana una nueva utilidad y el residuo deja de ser un final para convertirse en materia prima.

Pero lo que de verdad puede cambiar el tablero está en otra parte. Si MicroFix sale bien, ayudará a construir una base científica más sólida para explicar por qué algunos productos microbianos rinden en determinadas circunstancias y otros no. Esa pregunta lleva tiempo lastrando la credibilidad de los biológicos entre agricultores y asesores técnicos, precisamente porque la eficacia irregular crea dudas justo donde se necesita seguridad.

Para cultivos de alto valor, para explotaciones de regadío o para campañas donde cada aplicación cuenta, una herramienta biológica que responda con más estabilidad sería una noticia muy seria. De momento, Zymofix habla de un paso hacia productos más sostenibles, sí, pero también más predecibles. Y ojo, porque esa segunda palabra puede acabar siendo la más valiosa de todas.

Ahora toca ver si ese conocimiento se traduce en resultados de campo y, después, en soluciones que lleguen al mercado con una promesa más sólida que la habitual. Habrá que seguirle la pista.

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