Según los expertos de la industria alimentaria, las noticias falsas en materia de alimentación suponen aproximadamente el 30% de toda la desinformación que circula por las redes sociales, llegando a viralizarse hasta siete veces más rápido que las noticias verdaderas. Esta problemática no sólo afecta a las empresas impactando en su reputación y ventas, sino que también puede ocasionar un efecto negativo en los consumidores, pudiendo llegar a incidir en su salud.
Esta alarma ha sido compartida por un selecto grupo de profesionales del mundo de los medios de comunicación, la verificación de la información y la propia industria alimentaria. Como ilustra Ana Palencia, presidenta del Grupo de Trabajo de comunicación de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), las empresas tienen que hacer frente a una gran cantidad de recursos para gestionar estos bulos, lo que puede llevar a un daño reputacional significativo de todo el sector.
Palencia también ha expuesto las graves consecuencias que estos bulos pueden tener, señalando que se pueden llegar a promover boicots a empresas, provocando una caída en las ventas y, en los casos más graves, una pérdida de empleos en las organizaciones. Basándose en estudios científicos, reitera que el 30% de los bulos tienen relación con la alimentación y se expanden mediante las redes sociales más rápidamente que las noticias verdaderas.
Por otro lado, la especialización y la alfabetización digital son claves para contrarrestar esta realidad. Elisa Plumed, presidenta de la Asociación de Periodistas Agroalimentarios de España (APAE), ha enfatizado en la importancia de contar con profesionales especializados en la materia, especialmente con la complejidad que conlleva el sector agroalimentario.
Para finalizar, es importante señalar que entre los bulos más peligrosos dentro de este tema, destacan aquellos relacionados con las dietas milagro y las dietas extremas según Mapi Muñoz, coordinadora del grupo de trabajo de desinformación en salud y ciencia de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS). Esta desinformación puede llevar, en los casos más graves, a trastornos de la conducta alimentaria.
